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El IoT y la obsesión por el big data obligará a las marcas a gestionar más información
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    Si algo tienen claro las compañías en los últimos tiempos es que, si se quiere sobrevivir en los tiempos que corren a la competencia, a las crecientes necesidades del mercado y a las recurrentes peticiones y necesidades de los consumidores, es que no queda más remedio que conocer muy bien el mercado y a los consumidores y que no queda más remedio, por tanto, que acumular datos y más datos. Las compañías tienen que tener cada vez más información sobre sus consumidores y necesitan acceder cada vez a más y más datos sobre ellos y sobre sus hábitos, costumbres e intereses de compra.

    Las marcas se han vuelto, en cierto modo, en esclavas de los conocimientos y se han convertido en una suerte de acaparadoras de datos. Guardan todo lo que necesitan pero también todo lo que pueden acumular, porque los datos se han convertido en una necesidad y en una preocupación y la realidad ha pasado a ser la de que no hay dato malo ni dato que no pueda tener valor en algún momento.

    Además, el caudal de información accesible o al que podrían tener en algún momento acceso las compañías es cada vez mayor porque cada día se tienen más y más fuentes de información y porque cada día se tienen más y más elementos que sirven para conocer más y mejor a los consumidores. Esto es, en el mundo en el que vivimos (y no hay más que pensar en cómo nuestro smartphone parece saberlo todo sobre nosotros y como ha empezado a medirlo todo, desde los pasos que damos cada día y cómo esto está o no en sintonía con lo que debería ser una vida sana hasta cuánto nos llevará llegar hasta casa) hay cada vez más fuentes de información, más datos sobre nosotros que circulan por las bases de datos de las compañías y más datos para hacer perfiles más eficientes y efectivos sobre los consumidores.

    El boom del internet de las cosas (IoT, por sus siglas en inglés), que está entrando en una fase cada vez más popular y que está haciendo que el hogar conectado sea cada vez más una realidad y no una tendencia a futuro, también tiene un impacto directo sobre las fuentes de datos y el caudal de los mismos. A medida que la información va y viene y a medida que se van sumando más elementos a la lista de potenciales cosas conectadas (hay hasta bombillas inteligentes, al final), se crea un escenario mucho más complejo y mucho más completo en el que la información es más variada, más amplia y más, al final, abrumadora.

    ¿Cuántos datos manejan las marcas y cuántos datos manejarán en un futuro? Quedarse con las cifras y con las estimaciones tecnológicas no solo permite ver cómo las marcas se verán en un futuro sometidas a nuevas necesidades y exigencias técnicas (los datos son muy valiosos y permiten acceder a muchas cosas, pero también hacen que las empresas tengan que asumir una carga más pesada en términos de trabajo) o a nuevos riesgos (tener cada vez más información los convierte en un objetivo mucho más deseado para los cibercriminales), sino que además permite crear una imagen mucho más clara de hacia dónde va el mundo.

    El peso de los datos, en números

    Los datos serán cada vez más importantes y tendrán cada vez más y más peso. Según mediciones de Cisco, el big data y el internet de las cosas se convertirán en los principales elementos del flujo de datos al cloud para 2020. Esto es, en el futuro el cloud será cada vez más importante y cada vez se almacenará más y más información en ella (lo que, de forma paralela, aumenta los riesgos de seguridad para las empresas), tanto que el 92% de la carga de trabajo de las empresas se procesará en el cloud.

    De esa carga de trabajo, las actividades relacionadas con el procesado de datos serán unas de las que se lleven la mayor parte del peso. El 22% de toda la carga de trabajo que soportarán estará asociada al internet de las cosas, al análisis de datos y a las bases de datos, una cifra superior al 20% que se obtuvo en 2015.

    En el mundo de los consumidores, las principales cargas de trabajo estarán en el vídeo y en las redes sociales. El 34% de todo el consumo por navegación de los consumidores en 2020 se irá a parar al streaming de vídeo (era un 29% en 2015) mientras que las redes sociales serán el 24%.

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