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Tras años en los que el FoMO y el no estar conectado marcaban lo que hacían los consumidores, ahora ha llegado el momento de tomarse vacaciones.
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    Pursoma es una marca de productos para baño, una de esas que tan bien quedan en las fotos que se suben a Instagram repletas de hashtags sobre la vida relajada y las experiencias saludables. Es probable que no la vendan todavía en ninguna tienda cerca de nuestras casas (más allá de internet, claro), porque la compañía es una de esas pequeñas firmas que nacen en Estados Unidos, empezamos a ver en todos los medios de estilos de vida y de tendencias y al que posiblemente le acaben saliendo competidores. Y Pursoma es además bastante interesante porque es un síntoma de una tendencia que puede tener un impacto bastante elevado en cómo operan las marcas y las empresas a la hora de llegar a los consumidores. La marca vende sales de baño que ayudan a relajarse y, entre sus productos, cuenta con uno que se llama, exactamente, Digital Detox: es la llave para darse un baño relajante y desintoxicarse de toda la tecnología a la que uno pasa el día conectado.

    La fundadora de la compañía empezó en esto cuando se dio cuenta de que estaba sufriendo constantes dolores de cabeza por pasarse el día viendo el móvil. No es el único dato interesante. En el último año, las ventas de Pursoma se multiplicaron por dos, llegando sobre todo a consumidoras mujeres treintañeras y cuarentañeras.

    Y toda historia, que bien podría ser el tema de un artículo cualquiera de una revista de moda y belleza, es la llave para comprender cómo están pivotando los consumidores y su percepción del mundo que les rodea. Pursoma y su fundadora son uno de los ejemplos que manejan en FastCompany, que ha dedicado al tema un largo análisis, para hablar de la nueva obsesión de los consumidores en los tiempos de las tecnologías. Tras el FoMO, el fear of missing out, el miedo a perderse algo, y su presencia constante en todas partes ha llegado la hora del fear of burning out, el miedo a quemarse.

    ¿Cuáles son exactamente las bases de esta nueva obsesión?

    La clave está una vez más en la tecnología. Estamos tan rodeados de pantallas y estamos tan obsesionados con ellas, siempre conectados y siempre recibiendo información, que la cuestión se ha convertido no solo en una especie de maldición que hace que estemos siempre activos sino también que ha empezado a activar otros miedos. ¿Estamos dejando de vivir y estamos perdiendo calidad de vida por culpa de nuestra nueva adicción a la tecnología y a la información siempre constante? La tendencia sería las antípodas del FoMO y un brusco cambio de timón tras años de uso y abuso de la omnipresencia de las pantallas.

    Lo han empezado a decir los gurús

    En el análisis de FastCompany, apuntan que blogueros, académicos y emprendedores (especialmente esos de éxito que están siempre en diferentes tribunas) hayan empezado a hablar de ello más y más no es más que una muestra de la tendencia que se avecina. Algunos de los últimos booms, como por ejemplo la obsesión global con Marie Kondo y sus libros para llevar una vida ordenada y austera, no serían más que otra pata de lo mismo.

    A lo que ellos apuntan se pueden añadir de forma paralela más ejemplos y más pistas que pueden indicar cómo los consumidores están cambiando. En los últimos tiempos se ha empezado a vivir una suerte de revaloración del sueño y una concienciación de su importancia. No son pocas las empresas que cuentan con salas de siesta entre las compañías (multinacionales y startup) que molan.

    Arianna Huffington se ha convertido en uno de los apóstoles más entusiastas e influyentes de esta tendencia, siendo tras perder el conocimiento (y romperse el pómulo en la caída posterior) por agotamiento y falta de sueño una de las conversas y evangelistas del dormir. En su libro sobre la materia, La revolución del sueño (en España lo ha publicado Plataforma Editorial), no solo da consejos sobre cómo dormir o estudios que subrayan la importancia de hacerlo sino también, como una especie de adelantada a la tendencia, habla de lo importante que es dejar las pantallas fuera de nuestra vida en las horas antes de la noche.

    No es la única, por supuesto, sino la cabeza visible de esa tendencia de apagar el móvil para tener una vida más sana.

    Cómo el hygge es la última moda y dice lo mismo

    Incluso la última palabra de moda, el hygge, se puede ver desde este prisma. "El hygge es un antídoto práctico y sencillo contra el consumismo y una forma de entregarse al momento", se podía leer en la presentación de Hygge: La felicidad en las pequeñas cosas, de Meik Wiking, que publicaba Cúpula hace unos meses. "Llevar un estilo de vida hygge es fácil, barato, y se puede aplicar a cualquier aspecto de nuestra vida cotidiana: la luz, la ropa, la comida, la bebida, el hogar, las relaciones sociales, los viajes...", seguían.

    El hygge es el "secreto de la felicidad danesa", como suele repetirse en los artículos sobre el tema (otro de los libros que han llegado a las mesas de novedades para entender la cuestión se titula Ser feliz como un danés) y viene a ser vivir relajado y tranquilo, una especie de paz hogareña. Parece a primera vista el convertirse en una especie de aplicación viviente de un tablero cuqui de Pinterest, pero es, al final, simplemente apagar el móvil y tomarse una bebida caliente (sin preocuparse por lo que no nos estamos enterando y matando para siempre el FoMO).

    Lo apoyan las estadísticas

    Lo que es interesante de este cambio (y lo que debería hacer que las marcas y empresas no lo mirasen como simplemente la última moda en circular por las revistas de estilos de vida) es que las estadísticas permiten ver ciertos cambios. El miedo a quemarse con la tecnología tiene su eco en las estadísticas.

    Un estudio de American Psychological Association (APA) señalaba recientemente que el 65% de los estadounidenses querían hacer una desintoxicación digital, esto es, apagar y olvidarse de la red, aunque solo un 28% lo hacía. Algunas celebridades de la era de internet han hecho desintoxicaciones de redes sociales (lo que suele ser como el punto de partida de las tendencias generales). Y también una cierta sensación de cansancio y hartazgo de las redes sociales. El 60% de los adolescentes estadounidenses se han tomado vacaciones de las redes sociales en algún momento. En las revistas trendy de EEUU esto se llama "going '90s", "volviendo a los 90".

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