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Y qué podemos hacer para estar preparados ante esos cambios
Todo aquello que se consideraba un producto en 2017 será considerado un servicio treinta años después
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    Si tuviéramos una máquina del tiempo para viajar al futuro y pudiéramos plantarnos de repente en el año 2047, 30 años después de cuando se escribe este artículo, no hay duda de que veríamos un mundo totalmente diferente al actual. No sería solamente un mundo lleno de gadgets tecnológicos que hoy apenas imaginamos, sino una sociedad tan influida por las nuevas tecnologías e internet que será radicalmente distinta a ésta en la que vivimos hoy en día. Y aunque pueda parecer un futuro todavía lejano, creo que hay ciertas tendencias que ya se están popularizando y que no son modas pasajeras, sino que son las primeras pistas de cómo será nuestra sociedad, nuestros mercados y nuestros clientes en el futuro.

    En el año 2047 nadie tendrá un coche de su propiedad, ni herramientas o electrodomésticos, ni siquiera ropa que sean suyos. Puede parecer un poco raro si lo miras con ojos del 2017, pero si lo piensas bien, tiene todo el sentido. Todo aquello que se consideraba un producto en 2017 será considerado un servicio treinta años después. Internet y las comunicaciones estarán tan extendidas por todo el mundo y habrán llegado a ser tan baratas que serán prácticamente gratuitos para todos. Las plataformas a través de las cuales la gente presta, alquila o comparte objetos que no utiliza durante gran parte del tiempo serán totalmente habituales. La logística y el transporte también evolucionará y contribuirá a popularizar la compartición de máquinas, herramientas y casi cualquier utensilio entre la gente, porque todo apunta a que la utilización de drones para el envío inmediato de cualquier paquete será una realidad habitual en unos años. Por consiguiente, el concepto de "propiedad privada" tendrá otro significado, más restringido.

    En el 2047 también la economía circular se habrá impuesto definitivamente. Como los productos se han transformados en servicios, no hay ningún interés en que las cosas tengan un ciclo de vida corto. Al contrario. Todo se diseña para que sea duradero, fácilmente reparable y reciclable. La población mundial aumenta a la vez que los recursos naturales disminuyen, de tal manera que el concepto "reciclable" pasa a ser un atributo fundamental de cualquier producto. Los materiales fluyen de manera que los residuos de un proceso productivo se convierten en las materias primas de otro. Todo esto permitirá la aparición de nuevos negocios relacionados con el reciclaje, el ahorro de costes en muchos otros negocios tradicionales y contribuirá además, junto a que al auge de las energías limpias, a que los problemas medioambientales se reduzcan considerablemente.

    También viajar será muy barato dentro de 30 años. Las baterías habrán evolucionado de tal modo que casi todos los coches serán eléctricos, por lo que casi no se utilizarán derivados del petróleo en 2047, sino baterías que consiguen que el coste del transporte sea prácticamente cero (y de paso, que el aire de la ciudad sea mucho más limpio). Y si el coste de un viaje disminuye, no merecerá la pena tener un coche en propiedad como ocurre a principios del siglo XXI. Se habrán desarrollado y popularizado los coches autónomos a los que podremos llamar para que nos lleven a cualquier parte por un precio muy bajo, ya que no habrá que pagar ni combustible ni al conductor.

    Como consecuencia final de ello, los vehículos sin conductor revolucionarán las ciudades. No habrá atascos, dado que los coches interaccionarán con los demás coches y con los otros elementos de la ciudad (semáforos, señales de tráfico, zonas de aparcamiento) de manera que el tráfico será mucho más organizado y los vehículos encontrarán las mejores rutas por sí mismos. Si no tenemos coches en propiedad, tampoco serán necesarias tantas plazas de parking en las casas ni habrá que dedicar espacios a aparcamientos en las ciudades, pues los coches autónomos nos dejarán en nuestro destino sin tener que aparcar allí. Con todo, si podemos desplazarnos sin atascos y a un precio muy bajo desde cualquier barrio al centro de las ciudades, probablemente se redistribuirá tanto el diseño como la ocupación de las ciudades más importantes.

    Además, habrá muchos menos accidentes pues estos coches autónomos están programados para adaptarse a las condiciones de la carretera por la que circulan y reaccionar inmediatamente en caso de cualquier imprevisto. Disminuirá el gasto sanitario y otros sectores como las aseguradoras o los talleres verán cambiar radicalmente su actividad.

    Por otro lado, el comercio electrónico será con toda seguridad la forma habitual de comprar mientras que el tradicional "ir de compras" será la excepción. Quizá ni siquiera elegiremos nosotros mismos qué comprar sino que habrá algoritmos basados en inteligencia artificial y big data que lo hagan por nosotros, ya que conocerán perfectamente todos nuestros gustos analizando al detalle nuestra actividad en redes sociales, nuestras compras anteriores y todos nuestros hábitos y costumbres para compararlos con los de muchos otros millones de personas en el mundo que tienen mi mismo perfil y que en algún momento necesitaron lo mismo que ahora necesitamos.

    Pero no todo será perfecto dentro de treinta años. Ciertamente, perderemos el concepto de verdadera privacidad. Todo lo que compremos, todo lo que busquemos en internet, todas nuestras fotos, todo los lugares a los que vamos, hasta las palabras que pronunciamos en nuestra propia casa quedará guardado y registrado. Yo creo que llegará a ser un poco agobiante. Habrá que buscar formas para garantizar que no se utilice esa información contra nosotros. Deberemos aprender a ser muy cuidadosos con el uso que hacemos de esa información para no perder totalmente nuestra privacidad.

    También habrá mayores diferencias que las actuales en el grado de desarrollo entre el campo y la ciudad. Internet no se desarrollará igual en los entornos rurales que en las ciudades y eso condicionará toda su forma de vida. La mayoría de los pueblos estarán semivacíos porque las oportunidades de desarrollo para los jóvenes serán cada vez más escasas, así que decidirán emigrar a las ciudades. En los pueblos vivirán aquellas personas que no quieran o no sepan adaptarse a las nuevas formas de vida, convirtiéndose en comunidades casi totalmente autosuficientes pero estando un poco aislados de la vida en las ciudades.

    Por supuesto, nadie sabe lo que viviremos dentro de treinta años, pero todo lo expresado en este artículo ya lo empezamos a ver en nuestros días. Las empresas deberían tener en mente que el mundo cambiará vertiginosamente en los próximos años y que empezar a entrever este cambio es el primer paso para adaptarse a él.

    Ingeniero de Telecomunicaciones, diplomado en ADE y Executive MBA por el IE. Actualmente soy responsable...
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