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Nokia acaba de presentar en el MWC un teléfono que no es más que una versión moderna de su clásico móvil de hace unos años
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    Uno de los lanzamientos que se han realizado en el Mobile World Congress (MWC) que se está celebrando ahora mismo en Barcelona que está logrando más atención de medios y que ha generado comentarios en las redes sociales es uno de esos lanzamientos que, de entrada, no se esperaba que fuese a despertar tanto interés. En lugar de hablar todo el mundo de un terminal de alta gama o de un lanzamiento por todo lo alto de algún último y sorprendente producto tecnológico de última generación, el que está consiguiendo el interés y los titulares es uno de los dispositivos de Nokia y uno que es, además, un revival. Nokia ha presentado durante la feria sus nuevos teléfonos (la firma vuelve al terreno de los móviles) y entre ellos está el Nokia 3310.

    El Nokia 3310 no permite nada más que hacer y recibir llamadas y enviar y recibir SMS (y quizás en el futuro usar el Messenger de Facebook). También permite jugar al Snake, cierto es, pero poco más allá de ello. ¿Por qué el terminal está logrando tantísima atención? Más allá de su imbatible batería y de su precio ultralowcost (50 euros), el terminal está consiguiendo la atención de los consumidores y de los medios porque es algo que ya conocen. En medio de todas las novedades del MWC y en medio de todos los smartphones cada vez más y más complejos, el Nokia 3310 es, en realidad, una versión del antiguo móvil de la firma, conocido por todo el mundo y que se ha convertido en una suerte de paradigma del móvil duradero y resistente. Es un móvil bobo, cierto, pero es nuestro móvil tonto, el que se amaba con tanto entusiasmo y que se ha seguido amando durante tanto tiempo.

    Los análisis sobre el terminal y sobre por qué Nokia ha decidido centrarse en lanzar esto y ahora hablan de que la firma está con ello intentando cortejar a ese mercado que busca un segundo terminal ultrabásico con el que completar al smartphone de cabecera. Es el móvil de fin de semana, el que se usa cuando se quiere desconectar del mundanal ruido. Pero, más allá de eso, el terminal es también un claro ejemplo del poder de la nostalgia y del valor que otorgamos a esos productos. Las empresas han empezado a comprender cómo la nostalgia mueve mercado (y lo mucho que vende) y están empezando a posicionar productos y más productos en ese terreno.

    De hecho, Nokia no es la única que ha traído de vuelta un producto del pasado y uno que, de entrada, se ha quedado obsoleto. Nintendo, como apuntan en AdAge, también presentaba el NES Classic Edition, una versión de su consola de los 80 que no permite grandes virguerías técnicas pero que logra conectar con esa búsqueda del pasado de los consumidores. En el Mobile también ha vuelto, por cierto, el teclado tradicional de la BlackBerry en un nuevo modelo. Antes lo habían hecho ediciones de novelas y comics, series de televisión y personajes de películas y hasta modelos de coche. Algunas marcas han recuperado sabores en ediciones limitadas, como Pepsi y su Pepsi Crystal, todo porque sus consumidores y sobre todo sus fans buscaban ese producto una vez más.

    El elevado poder de la nostalgia

    Esto ocurre porque la nostalgia se ha convertido en un valor al alza en la estrategia de las marcas, en una cuestión que se ha convertido en cada vez más y más relevante para comprender cómo y por qué los consumidores buscan ciertos productos. La cuestión está muy ligada a lo emocional. Los consumidores emplean cada vez más las emociones como motor de consumo y por tanto como determinante para las decisiones de compra. Por otra parte, el poder de los millennials como consumidores también ha marcado la cuestión y también ha hecho que la nostalgia sea cada vez más decisiva. Los millennials son un grupo demográfico entregado a los recuerdos.

    Las marcas han aprendido a jugar con estas cuestiones y a sacarles partido. La nostalgia ayuda a conectar con los consumidores y, sobre todo, a llamar cada vez más la atención en un mercado que está cada día más y más saturado de productos, de mensajes y de ofertas. Apoyarse en lo que el consumidor ya conoce y ya valora hará que sea mucho más fácil sobresalir sobre los demás y dará, además, la mitad del trabajo por hecho.

    A eso hay que sumar que no se trata solo de una cuestión de imagen y de conectar con el consumidor, sino también de una de posicionamiento estratégico. Y es que los consumidores no solo aprecian y valoran estos productos, sino que además están más dispuestos que nunca a gastar dinero en ellos. Un estudio señalaba que cuando la nostalgia entre en juego el consumidor estaba dispuesto a pagar mucho más dinero por el producto, lo que explica, por ejemplo, porque todo se ha visto invadido por productos con estética retro.

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