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Los maniquís perfectos de las tiendas solo consiguen espantar a los clientes
Cuando un maniquí es el ejemplo de la perfección, recuerda a la gente que es vulnerable que no están a la altura
¿Pueden los maniquís perfectos de las tiendas terminar por espantar a los clientes?
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  • 22 de Noviembre, a las 19:00 · Speaker: Beatriz Navarro, Directora Marketing y Comunicación de Fnac
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    Puede que parezcan un elemento más de la tienda, pero lo cierto es que los maniquíes de las tiendas tienen una importancia que va un poco más allá de simplemente permitir a los consumidores ver las piezas de ropa que luego encontrará dentro de la tienda. De hecho, no hay más que pensar como cada movimiento un poco diferente que las marcas de ropa hacen con respecto a ellos se convierte en un elemento destacado y comentado con todo detalle en medios y redes sociales. Así, por ejemplo, sucede cuando se comenta y critica la extrema delgadez de algunos maniquíes de algunas marcas y también cuando se analizan movimientos que se consideran positivos a nivel integrador.

    Las grandes firmas suelen cuidar mucho cómo son sus maniquíes y cómo presentan su marca al mundo. Puede que una tienda 'de barrio' pueda permitirse tener unos que parecen haber vivido directamente en su escaparate desde los mismos años 80, pero las grandes compañías comprenden que eso no funciona a la hora de crear su imagen de marca e intentan posicionarse con maniquíes que sean cada vez más modernos, más cuidados y más perfectos.

    De hecho, no hay más que pensar en los escaparates de alguna de esas grandes calles de compras de medio mundo. No solo se suceden los grandes nombres que no están al alcance del bolsillo de cualquiera, sino que además se repiten una y otra vez escaparates ultra cuidados, con un diseño exquisito y con unos maniquíes que llaman poderosamente la atención. Son lo más perfectos posible.

    Pero… ¿están en este movimiento fallando las grandes marcas de lujo y está triunfando más con su maniquí trasnochado la tienda de barrio? Según los datos de un estudio, es bastante tentador pensar que eso es lo que sucede.

    Porque, como acaba de demostrar una investigación de expertos de la UBC Sauder School of Business, esos maniquís de aspecto perfecto y que reproducen el ideal de belleza del momento no hacen que los consumidores se sientan llamados por las piezas de ropa que están vistiendo, sino que más bien tienen un efecto espantada. Los consumidores huyen de ellos. "Cuando un maniquí es el ejemplo de la perfección, recuerda a la gente que es vulnerable que no están a la altura", asegura uno de los responsables del estudio.

    Cómo espanta el maniquí perfecto a la clientela

    El efecto espantada de los maniquíes no es igual para todos los consumidores. Aquellos que tienen una autoestima más baja serán mucho más proclives a tener una reacción negativa ante la perfección del maniquí que aquellos que tienen una autoestima alta. Eso sí, y esto si es un dato curioso porque rompe con la tónica recurrente en este tipo de estudios, el efecto es igual en hombres y mujeres. Los maniquíes los pueden espantar tanto a ellos como a ellas.

    Los investigadores probaron el efecto que tenían diferentes maniquíes en diferentes piezas de vestuario (desde bikinis a vestidos) entre los participantes. Luego, hicieron que el maniquí tuviese un aspecto menos perfecto, añadiendo una marca en su cara, quitándole el pelo o decapitándolo, para ver qué ocurría. Aquellos consumidores que habían reaccionado de forma negativa ante el maniquí en su anterior 'existencia' se sentían ahora más cercanos. Se 'abrían' al maniquí.

    Algo similar pasaba cuando se cambiaba el tipo de producto. Si el maniquí estaba sirviendo para anunciar un producto no tan ligado al cuerpo humano, como podían ser paraguas, el fenómeno desaparecía. El maniquí podía ser una imagen de perfección: el consumidor no lo iba a odiar por ello.

    Las conclusiones del estudio son, por tanto, que lo mejor es que se opte por maniquíes que están medio formados, ya que no solo resultan más baratos para las marcas de moda, sino que además se ven de un modo mucho menos negativo por los consumidores. La cuestión es hacer que el maniquí deje de ser la representación del hipotético cuerpo perfecto.

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