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    No hace mucho, cuando de pronto Instagram abrió la puerta a la publicidad en España, no eran pocos los usuarios de la red social de imágenes que se quejaban de que, de pronto, todo lo que veían en la misma eran anuncios. Obviamente, no todo lo que veían era anuncios y el contenido seguía estado ahí, pero el hecho de que ellos tuviesen esa percepción ya dice mucho de lo que se estaba haciendo (y lo que no). Para los usuarios de la red social, de pronto, se habían sumido en un exceso de publicidad.

    Desde entonces hasta ahora no es que hayan cambiado mucho las cosas. De hecho, se podría decir que, si entonces se quejaban de los anuncios, ahora se podrían quejar muchísimo más por culpa de ese tema. La publicidad está cada vez más presente en las redes sociales y todo apunta que allí seguirá, cada vez ocupando más escenarios y más espacios. Los últimos anuncios realizados por las diferentes compañías no hacen pensar tampoco en un cambio en esa tendencia: tanto de Facebook como de Instagram se acaba de señalar que esperan introducir publicidad en mid-roll en sus contenidos en vídeo, lo que hará que ambas redes sociales tengan aún más anuncios y en un espacio nuevo.

    A esto hay que sumar que las principales redes sociales están lanzadas a una carrera por posicionar nuevos escenarios para el contenido, con conseguir, por tanto, que los usuarios suban nuevos tipos de contenidos y generen más y más potenciales escenarios en los que meter nuevos anuncios. Al fin y al cabo, Facebook ya reconoció en su momento que no le quedaba mucho espacio para meter más publicidad en los escenarios que tenía disponibles hasta el momento. De esa afirmación podemos deducir que esto era lo que le obligaba, en cierto modo, a potenciar nuevos espacios para el contenido y nuevos terrenos en los que tener más oportunidades para la publicidad.

    Pero todos estos movimientos no solo tienen un impacto económico (y obviamente las compañías detrás de las redes sociales no son ONGs y quieren hacer caja) sino que también modifican por completo la experiencia del usuario.

    A medida que se presentan nuevos formatos publicitarios y a medida que las marcas tienen cada vez más y más oportunidades para vender (previo pago) en las redes sociales, se genera un nuevo clima y se logra también un nuevo tipo de respuesta por parte de los consumidores. Es decir, a los usuarios de la red social se le echa un nuevo escenario publicitario más encima, se le hace ver muchos más anuncios. Y, teniendo en cuenta que los consumidores están ya muy hartos de la publicidad y de que las marcas la usen de forma reiterativa y - ellos creen - abusiva, estas no son nada de buenas noticias.

    Quemar a los consumidores, muy mala idea

    Y es que con estos movimientos y aumentando la carga publicitaria, lo único que se logra es quemar a los consumidores, lo que no es nunca una buena idea. No hay más que ver lo que está ocurriendo con YouTube, también dentro del espectro de las redes sociales y que ha empezado mucho antes con la escalada publicitaria de lo que lo empezó Facebook. Los usuarios de la red de vídeos son altamente críticos con la publicidad y con su excesivo peso dentro de la red, tanto que no hacen más que quejarse de la misma y, sobre todo, han aprendido a ignorar ese tipo de mensajes.

    Porque ese es uno de los efectos recurrentes que tiene el exceso de publicidad en los receptores de la misma. Llega un momento que, por más anuncios que se sirvan, el receptor no los está viendo. De hecho, ni siquiera tiene que añadir elementos que los bloqueen (que lo hacen y lo hacen además cada vez más) sino que además su cerebro ya no procesará esa información, la bloqueará como algo absolutamente irrelevante y poco interesante y no le prestará ni unos segundos de su tiempo.

    Las redes sociales podrían acabar así como los medios online, quienes de forma general acabaron hundiéndose a ellos mismos por el uso y el abuso de la publicidad en internet. Los medios, que necesitan la publicidad para sobrevivir y para quienes la publicidad es el principal sostén económico para sus cuentas, decidieron incorporar cada vez más y más anuncios cuando vieron por un lado que los consumidores los ignoraban y cuando vieron, por otro, que los precios estaban bajando. Para lograr ingresos, tenían que servir más anuncios, así que metieron la publicidad por todas partes. Con ello solo consiguieron indignar a los usuarios, aumentar el uso de adblockers y hacer que la conocida como ceguera de banner fuera en aumento.

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