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Telecinco y Antena3 condenan a sus espectadores a una avalancha de anuncios y a una experiencia más bien mala, hipotecando su futuro online
La odisea de ver las televisiones españolas de forma online y el castigo por su publicidad
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    Hace unos años vi unos cuantos capítulos de una serie de Antena 3 desde su aplicación para móvil. Ver algo desde un móvil no es, cuando el contenido es tan largo, una experiencia que de entrada apetezca. La experiencia de uso de la app no hacía que las cosas fuesen mejores. Los capítulos eran interrumpidos de forma abrupta por los anuncios, sin tener en cuenta lo que estaba ocurriendo en las imágenes. Los diálogos se quedaban a medias mientras saltábamos a una pausa publicitaria que era además imposible de saltar. En esas pausas publicitarias, además, se veía siempre el mismo anuncio, una y otra vez, lo que hacía que resultase todavía más molesto.

    Entonces, no era difícil perdonar a Antena 3 por los pecados de su app (aunque también es verdad que nunca más volví a ver nada con ellos bajo demanda). El mercado no tenía todavía los jugadores disruptores que ahora tiene (como Netflix o HBO) y los espectadores no tenían todavía ciertos baremos para comparar. Eran los tiempos en los que las series se veían sobre todo en páginas cuestionables y que en cierto modo acostumbraban a los internautas a la publicidad molesta. Eso sí, resultaba un tanto paradójico que, mientras las cadenas de televisión se quejaban de la piratería, no hiciesen un servicio mucho mejor para capturar a sus consumidores.

    Sin embargo, para las televisiones no parecía que la red fuese tan importante (o al menos esa era la sensación que daba cuando se miraba lo que hacían desde el punto de vista de los espectadores) Los grandes grupos estaban creando sus plataformas para el acceso bajo demanda a sus contenidos bajo dos paraguas en los que metían todos sus respectivos canales de televisión, pero la experiencia de uso no era la mejor. Entonces, los internautas se quejaban de publicidad mal metida y excesiva, de calidad de vídeo no muy buena e incluso de que los contenidos no siempre se podían ver en versión original. Estaban cumpliendo, pero no estaban haciendo nada que fuese más allá de la media y que los pudiese convertir en motores del cambio.

    Cómo no han cambiado realmente las cosas

    Años después, las cosas en el mercado han cambiado. Netflix o HBO han irrumpido con fuerza y se han convertido en una especie de 'influencers' que están marcando el ritmo. Los espectadores se han acostumbrado a unas ciertas experiencias de uso, al tiempo que además tienen menos paciencia con cosas como publicidad mal metida o excesiva y no poder acceder a los servicios que quieren. Las plataformas VoD los han acostumbrado a una experiencia fluida, a un sistema que funciona bien y no tener que soportar publicidad. Incluso cuando algunas plataformas de pago la incluyen, como bien saben quienes usen Movistar +, los anuncios suelen ser bastante mínimos (en esa plataforma es un anuncio antes de ver contenido bajo demanda, pero no siempre aparecen en todos los contenidos).

    Mientras esto ocurre, Antena 3 y Telecinco siguen ofreciendo experiencias de uso que no son especialmente positivas. De hecho, volver a ver una serie en la app para smartphones de Antena 3, el paraguas para el grupo Atresmedia y llamada Atresplayer, acaba haciendo que se enfrente a los mismos problemas y a las mismas quejas que se vivían años atrás. A pesar de todo, los problemas siguen siendo los mismos. Las pausas publicitarias rondaban el minuto no saltable y aparecían con frecuencias de entre cada 10 y cada 14 minutos dentro del contenido, sin que importase qué estaba pasando en antena.

    Los contenidos eran cortados de cualquier manera: los anuncios llegaban a pausar de forma ultramolesta (algo que no podrían, por otra parte, hacer en antena 'tradicional') los diálogos de los personajes. Las pausas publicitarias incluían además de forma casi recurrente los mismos anuncios (el del perfume Miss Dior apareció en prácticamente todas las pausas publicitarias, en una de ellas incluso dos veces), lo que no solo resulta especialmente molesto, sino que hace además que se sienta un cierto odio por la marca en cuestión.

    Y este es un ejemplo concreto, pero no es la excepción. La experiencia de ver contenidos bajo demanda o incluso en directo, pero a través de la web o de las apps de los gigantes de la televisión españoles se acerca peligrosamente a ser considerada nefasta. Como me explicaba una de las jóvenes de la Generación Z, para ver un programa en directo en Telecinco en su plataforma online, MiTele, lo más recomendable es darle al play con cierta antelación a su propio inicio. La plataforma va a servir anuncios y más anuncios y, si se quiere ver el programa desde el principio, mejor es ser previsora.

    No es la única queja con la publicidad de esta plataforma o de la de la competencia que hacen quienes ven contenidos en ellas de forma regular. Hay muchos anuncios, están mal metidos y llegan a lastrar la experiencia de visionado de muchas maneras (desde continuando mientras el contenido ya ha empezado, generando una cierta cacofonía, hasta quedándose en una suerte de bucle infinito que solo parará si se vuelve a cargar la página).

    Las votaciones de 1 estrella en la Play Store de MiTele, por ejemplo, son casi similares a la cantidad de usuarios que le ha dado 5. Los comentarios abren una amplia lista de quejas en la que se abordan desde los problemas de reproducción, la incompatibilidad con Chromecast o, y sobre todo, el exceso de publicidad. En el caso de Atresplayer, las votaciones de 1 estrella superan cómodamente a las de 5. El exceso de publicidad es también la queja estrella, especialmente cuando interrumpe una emisión concreta.

    Hipotecando la relación futura y hasta presente con los espectadores

    La situación supone un fallo de estrategia y se puede convertir en un problema grave en el futuro de estas plataformas. Ahora mismo es cuando se está luchando para concentrar el interés de los espectadores, es el momento en el que se están sentando las bases que llevarán a reinar en el futuro del VoD y de la televisión fuera de la tele.

    Los canales de televisión españoles y hasta europeos no parecen tan preocupados como los estadounidenses por el apagón de la televisión tradicional, porque ellos no han visto todavía una espantada tan masiva. Sin embargo, esto es un error, porque la tendencia está ahí y empieza a hacerse notar. Los espectadores más jóvenes están mostrando claramente que no quieren ver la televisión como antes y una mala experiencia en su oferta online es una manera de generar rechazo, de lograr que acaben en manos de sus competidores.

    Las televisiones tienen en la publicidad de sus plataformas su principal fuente de ingresos para la versión online, cierto es, pero parecen haber olvidado que lo que se perdona a la publicidad de la tele (o se perdonaba) se perdona mucho menos a la publicidad de la red.

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