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Lo que la psicología explica sobre cómo son los trolls
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    Los trolls son uno de los problemas más reconocibles de internet y, especialmente, de las redes sociales. Para los medios de comunicación, son un serio problema que requiere destinar personal y recursos a apagar los fuegos que estos generan. Para las marcas y empresas, un serio dolor de cabeza que puede hacer, además, que las cosas se compliquen y que los resultados que se obtengan sean peores. Un troll puede convertirse en un problema de reputación e imagen si lo que ellos dicen se extiende por la red y genera un pico de conversaciones derivadas.

    Por ello, unos y otros se han esforzado en comprender en los últimos tiempos no solo cómo atajar los mensajes de los trolls y cómo frenar su alcance, sino también en comprender por qué son como son y qué es lo que hace que algunos temas sean sus favoritos para dejar mensajes. El diario The Guardian logró perfilar cómo son quienes comentan online usando el big data y analizando los comentarios que habían recibido durante años en la red. Sus conclusiones son que el tema que protagoniza la noticia acaba marcando los comentarios (algunos temas atraen a los trolls como la luz a las polillas) y también que si algo está firmado por una mujer los comentarios serán mucho más incendiarios.

    Pero, más allá de las temáticas y de los elementos de contexto, ¿qué es lo que hace que los trolls actúen como lo hacen? Al fin y al cabo, no todo el mundo que recibe ese tipo de contenidos acaba produciendo ese mismo tipo de comentarios. ¿Por qué de unos internautas la red saca lo peor y de otros no?

    Esa es la pregunta que se hicieron unos investigadores australianos de la School of Health Science and Psychology de la Federation University in Mount Helen, que intentaron comprender cuál es la psicología del troll. ¿Existe un tipo de personalidad que hace que se sea más proclive a, por así decirlo, incendiar las redes?

    El retrato robot del troll

    Los investigadores analizaron cómo eran los internautas de la muestra en diferentes tipos de rasgos, desde las capacidades sociales, la empatía hasta los niveles de sadismo. Sus conclusiones apuntan a que los trolls puntúan alto en dos terrenos: en la empatía cognitiva (que implica que comprenden las emociones de los demás, frente a la afectiva que además las experimenta, las internaliza y responde a ellas) y en la psicopatía.

    La mezcla de estos dos elementos es lo que hace que sean tan antipáticos, ya que, aunque son capaces de comprender lo que los demás sienten como concepto, no sienten preocupación por ello. Son capaces por tanto de saber que están molestando a alguien con sus opiniones y de pulsar los botones adecuados, pero la respuesta conseguida les es indiferente. Esto es, saben cómo hacer que alguien se sienta mal, pero les importa poco lo que sucede una vez que esto pasa.

    De hecho, los investigadores señalan que los trolls usan "una estrategia empática de predicción y reconocimiento del sufrimiento de sus víctimas, aunque se abstienen de experimentar esos sentimientos negativos", como recogen en Quartz.

    A eso se suma que suelen ser impulsivos, les gusta el subidón de adrenalina de la actividad y aman generar caos online. También tienen marcadores altos en sadismo y son, por otra parte, de forma más habitual hombres que mujeres.

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