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El lujo es la última víctima de los cambios de la sociedad
La gente ha modificado sus puntos de interés y en el que está dispuesto a gastar grandes cantidades de dinero
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    Las cosas no son sólidas como la roca, al menos en lo que a intereses o preocupaciones se refiere dentro de los ciudadanos. Las cosas evolucionan y lo que preocupaba mucho hace cierto tiempo ya no preocupa tanto en el presente. No hay más que ver cómo han evolucionado algunas cuestiones sociales. Las cosas que hace cien, cincuenta y hasta veinte años se consideraban importantes para la vida y que había que cumplir han dejado de serlo ahora o han cambiado por completo de forma. Esto hace que las sociedades sean algo cambiante, algo vivo. Y eso hace también que las pautas de consumo se modifiquen y que los elementos que los consumidores buscan y que las compañías deben ofrecer sean diferentes.

    Y estos cambios acaban modificando todas las pautas de consumo y todos los elementos del mismo, incluso aquellos que podrían parecer más sólidos y menos potencialmente cambiables. No hay más que mirar algunas de las cosas que han dejado de ser importantes para los consumidores para verlo. Ahí está, por ejemplo, el cómo los millennials han modificado la lista de prioridades y cómo han cambiado la posición de fuerza de algunos sectores. Los millennials ya no están interesados, como ocurría con los grupos demográficos que los precedieron, por hacerse con una casa a todo coste o incluso por tener su propio coche. Por ello, estos mercados (y no hace falta escarbar mucho para encontrar algún informe o algún artículo mostrando la preocupación de la industria inmobiliaria estadounidense con el tema) están viendo como sus cifras de ventas caen y cómo las cosas se les están poniendo complicadas.

    Pero lo cierto es que no solo los cambios generacionales tienen un impacto directo sobre cómo se compra, sino que también esto ocurre con las propias evoluciones de los consumidores o con los cambios de valores. Cuando los ciudadanos empiezan a dar más valor a ciertas cuestiones y cuando empiezan a priorizar unos elementos sobre otros, esto hace que el equilibrio del consumo varíe.

    Y eso es lo que está ocurriendo con el creciente peso del valor. Los consumidores están cada vez más obsesionados con lo que valen ciertos elementos de consumo (ocurre en ropa, joyas y accesorios), lo que ha hecho que algunas marcas estén viendo como sus cuentas de resultados funcionan y, sin embargo, otras están viendo todo lo contrario. Y quienes están encontrándose en esa situación más negativa son las firmas de lujo y con precios elevados. "Estamos viendo una ralentización en la alta gama", apunta a Business Insider Brian Yarbrough, analista en Edward Jones. Así, mientras los resultados financieros de las tiendas 'baratas' (el análisis pone el ejemplo de Ross o TJ Maxx, marcas estadounidenses, pero se podría sumar Primark) están siendo muy buenos, las marcas de lujo están viendo descensos en las ventas. Tiffany ha caído un 9% en el último trimestre y Nordstrom, unos grandes almacenes de lujo, presentan la misma pauta.

    La culpa no es de la crisis

    Las marcas no pueden además culpar a la crisis económica de su mala situación, ya que lo cierto es que los estudios demuestran que ya no está (al menos en Estados Unidos, de donde vienen las indicaciones) modificando las pautas de consumo. Si los compradores ya no compran lujo no es porque estén preocupados por el mañana y desconfíen de su entorno. De hecho, los ratios de confianza en el consumo vuelven a ser buenos. A eso hay que sumar que el mercado tradicional de estos escenarios de lujo, quienes compran productos de gama alta, no son el público que se ha visto más afectado por la crisis. Como indican en BusinessInsider, los consumidores tradicionales de marcas como Tiffany's siguen teniendo dinero para gastar.

    ¿Qué es lo que está pasando entonces?

    En general, se podría decir que la gente ha modificado sus puntos de interés y en el que está dispuesto a gastar grandes cantidades de dinero. Por una parte, casas y automóviles se llevan gran parte del gasto y del interés en gastar (hay que recordar que el estudio analiza las pautas de consumo de todos los consumidores y no solo de un grupo concreto, como los millennials).

    Por otra parte, el lujo está siendo sustituido con la que ya empieza a ser la palabra mágica para comprender cómo consumen ahora los ciudadanos. Ahora se están valorando más las experiencias. Tanto es así que de forma paralela a esta desaceleración de las marcas de lujo han aparecido estudios que demuestran que las cadenas de hoteles están al alza.

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