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    Cuando los millennials irrumpieron en el mercado, las empresas comenzaron una suerte de carrera de la obsesión en la que lo más importante era comprender cómo operaban estos consumidores y qué era lo que realmente les importaba. La cuestión era crucial, decisiva, por varias razones. Los millennials se estaban convirtiendo en algunos mercados en la principal fuerza de consumo y las compañías no tenían ni idea de cómo interactuar con ellos. Eran demasiado diferentes y demasiado complejos.

    La fiebre de los millennials ha pasado (un poco), pero la irrupción de los miembros de la Generación Z, los adolescentes, en el juego no pone las cosas más fáciles. Ellos también son distintos a las generaciones previas a los millennials, lo que hace que marcas y empresas tengan que trabajar también para comprenderlos y para integrar lo que ellos buscan y quieren.

    Pero, además, sus patrones de comportamiento y sus pautas tienen un impacto sobre cómo deben operar las compañías, un impacto que no tiene muchas veces vuelta atrás. Como apuntan en un análisis publicado en Forbes, los adolescentes han apuntalado o impulsado ciertos cambios que se han convertido en patrones de comportamiento. Ciertas cuestiones no tienen ya vuelta atrás.

    Los smartphones le han robado el tiempo de pantalla a la televisión

    Una de las maneras tradicionales de llegar a los consumidores más jóvenes en las décadas pasadas era la de echar mano de la televisión. La tele era el punto de encuentro, el medio al que se dedicaban horas y horas. No hay que olvidar, por ejemplo, que los medios estaban llenos entonces de artículos, análisis y opiniones de expertos sobre el daño que suponía para la juventud el destinar tanto tiempo a la televisión.

    Si ahora se quisiese hacer el mismo análisis, no se podría. Como apuntan en el análisis, los adolescentes y los jóvenes no dedican ya tanto tiempo a la tele. Internet se lo ha llevado y la pantalla del smartphone se ha adueñado de esos tiempos. De hecho, los jóvenes de entre 13 y 24 años dedican 12,1 horas a ver vídeos en YouTube a la semana y 8,8 horas en el mismo período a ver vídeos en Netflix y servicios similares. Esto supone 2,5 veces más de lo que dedican a la televisión a la semana.

    Esto supone un cambio absoluto y completo de cómo se consumen contenidos y dónde se hace y es, sobre todo, un punto y aparte. El dominio de la tele ha terminado y ha empezado el dominio de otro escenario.

    Ven las redes sociales de un modo completamente distinto al cómo la ven otras generaciones

    Para los consumidores de más edad, las redes sociales son un espacio para compartir mensajes. Las diferentes redes no son más que un vehículo más, como pudieron serlo en el pasado otros espacios en los que se compartían contenidos. Sin embargo, los miembros de la Generación Z lo ven de un modo absolutamente diferente. De hecho, no se les ocurriría en absoluto pintar a las redes sociales con esos mimbres porque ya ni les 'sale de dentro'.

    Ellos son una generación que ha crecido con las redes sociales y que, por ello, las ha integrado desde siempre en su día a día. La naturaleza de lo social viene ya de serie para ello. Para ellos, las redes sociales son más que un espacio para compartir información. Son lugares en los que se pueden hacer amigos, en los que se puede tener un impacto trascendente o en los se puede desarrollar una carrera profesional, por ejemplo.

    Quieren cambiar el mundo (y de verdad)

    Una de las cuestiones que se repetían cuando los millennials se convirtieron en la última gran obsesión de las marcas y en el tema que protagonizaba todos sus debates y todos sus estudios era que eran una generación idealista, que estaba dispuesta a ir mucho más allá de lo que estaban dispuestos a hacer los grupos demográficos precedentes. Querían cambiar el mundo, decían los analistas, y de hecho eran mucho más idealistas que otros grupos demográficos (lo que obligaba a las empresas, por ejemplo, a tener que empezar a apoyar causas de forma efectiva). Los adolescentes siguen esa tendencia y la amplían, lo que la convierte en algo que ha llegado para quedarse. Según los datos de algunos estudios, el 60% de los miembros de la Generación Z quiere que su trabajo tenga un impacto en el mundo y que lo mejore, por lo que buscan tener objetivos, quieren que su trabajo signifique algo.

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