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Lo que los helados del verano dicen sobre cómo han cambiado los consumidores
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    Uno de los productos icónicos del verano son los helados. A medida que se van acercando los días de calor y que van pasando los días en el calendario, las tiendas y otros espacios relacionados los van poniendo en posiciones prominentes. No es que el resto del año no se puedan comprar helados. De hecho, los productores de helados intentan posicionarlos durante todo el año, para intentar convertirlo en un producto mucho menos temporal.

    Sin embargo, a pesar de todo, lo seguimos asociando a los meses de calor y es cuando llega el verano cuando ellos llegan también. No solo empiezan a ocupar posiciones destacadas, sino que también se abre la puerta a su consumo. El verano empieza más o menos cuando nos comemos el primer helado.

    Los helados no son un producto nuevo ni algo de los tiempos modernos, a pesar de que nos gusta pensar que así es o que nos cuesta imaginar que ya se comían tiempo atrás. Cierto que antes producirlos resultaba mucho más caro y que su consumo estaba limitado a quienes podían pagarse algo no tan popular, pero a pesar de ello ya se podían comprar (y comer) helados. Ya se comían helados, o algo similar, antes de Cristo y los helados eran populares ya en la Italia de la Edad Media, desde donde se fueron 'contagiando' a Europa mediante matrimonios en diferentes casas reales. En el siglo XVII ya había una heladería chic en París. Y a finales del siglo XVIII los helados eran un 'must' en las meriendas de la alta sociedad en la corte madrileña. A lo largo del siglo XX los helados se convirtieron en algo de producción masiva y en algo que todos podemos comprar en cualquier momento.

    Pero, a pesar de su larga historia y a pesar de su carácter icónico como producto del verano, los helados no están ajenos a las modas y a los cambios del consumo y, de hecho, podrían verse como un gran medidor para comprender cómo cambian los consumidores. Su historia está, si se piensa fríamente, muy ligada a ello. El producto empezó como algo inaccesible que solo los más acomodados podían consumir (el hielo es caro, al final), pero acabó siendo algo ultrapopular. Y ahora mismo los helados están viendo como los cambios de consumo y de hábitos han tenido un impacto en el tipo de productos que se están lanzando o que se lanzaron, pero cómo el ser capaces de asentarse con una cierta identidad ha hecho que se mantengan ciertas cuestiones.

    Esto es, en los últimos tiempos han aparecido alternativas saludables, pero no han acabado batiendo al helado tradicional porque este ha sabido asentarse con un cierto valor de marca. Pero, por otro lado, el mercado de los helados también está viendo como tienen que crear nuevos productos para asentarse ante unos consumidores que cambian. Todo ello se puede comprender echando mano del estudio que Mintel ha realizado sobre el tema.

    El impacto de lo saludable

    Así, y como demuestran las cifras, los productos que se vendían como saludables (y que tuvieron su momento de gloria estos últimos años) están perdiendo fuelle. Los yogures helados y los helados que no están hechos con leche perdieron el 10% de sus ingresos en el último año en Estados Unidos, frente al mercado tradicional del helado de siempre que subió un 7%. Los primeros se venden echando mano de la salud y ese es su problema. Solo 1 de cada 10 consumidores ha reducido el consumo de helados de siempre por cuestiones de salud, mientras que otro 1 de cada 10 las evita directamente porque los helados se ven como premios, como elementos que se toman por places. Una cuarta parte de los consumidores saben que, aunque no sean saludables, los van a comer igual.

    "Muchos de los placeres que los consumidores toman de las cosas heladas, como la satisfacción del antojo y el disfrutar de la indulgencia, pesan más que las preocupaciones de salud para la mayoría de los estadounidenses", señala una de las responsables del estudio, señalando que incluso aquellos productos que se venden como saludables en la industria tienen que lograr que el ser vistos como una indulgencia se mantenga.


    ¿Qué pasa en el resto del mundo?

    Los datos globales dicen que los helados se están reinventando para ser menos lácteos (quizás la moda de lo sin leche que impactó en EEUU hace unos años está llegando ahora a otros lugares) porque hay un cierto movimiento de recorte del consumo de leche. A eso se suma que cada vez, especialmente en Europa, se buscan más helados veganos. El 59% de todos los lanzamientos de helados veganos de 2016 fue en Europa y su cuota de mercado mundial ha pasado del 2% de 2014 al 4% de 2016.

    A pesar de ello, los helados se venden más y más en todo el mundo. En 2016 se vendieron 13.000 millones de tarrinas de helado. Los mercados emergentes están consumiendo cada vez más helados, lo que hace que las previsiones sean optimistas.

    Lo que dicen los sabores de los helados

    A eso se suma que los propios sabores de los helados también dejan descubrir mucho sobre cómo están cambiando los gustos de los consumidores. Cada vez gustan más las cosas exóticas (o al menos que se ven como exóticas), lo que hace que los mercados occidentales estén cada vez más abiertos a helados de sabores inspirados en el este. Los sabores tradicionales ya no son suficientes y ahora los consumidores quieren sabores que lleguen desde lejos y que suenen distintos.

    Así, sabores como el té verde o el mango, que suenan exóticos, o los que tienen toques internacionales, como frutas japonesas o indias, son los que despiertan el interés de los consumidores. Y si ahora lo japonés es lo que está creciendo en términos de sabores de helados, en el futuro se espera un impacto de Oriente Próximo, con sabores ligados a productos de la zona.

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