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    La publicidad no siempre se recibe con el mismo humor y de la misma forma. Los anuncios tienen en ocasiones una recepción peor y los consumidores son mucho menos receptivos a los mensajes que lanzan. Sin embargo, y aunque a veces los anuncios poco tienen que ver con ello, en otras ocasiones los consumidores los reciben de un modo altamente positivo y optimista y los ven de una manera muy positiva. El mensaje cala mucho más hondo, aunque el mensaje y el anuncio sea el mismo que se había lanzado en la otra ocasión.

    ¿Qué es lo que marca la diferencia y qué es lo que hace que en una ocasión el mensaje cale y en la otra ocurra todo lo contrario?

    La clave no está tanto en el propio mensaje (o al menos no lo está en este caso) sino en el cómo se ha servido y en el cómo se encontraba el consumidor en el momento de recibir la información. Ciertos momentos y ciertos estados de ánimo hacen que los consumidores sean mucho más receptivos a la información de las marcas y que lo que estas tienen que decir impacte mucho más.

    De entrada, escoger el buen momento para servir el anuncio en cuestión puede tener un impacto muy elevado. Como demostraba un estudio de Yahoo, el ser capaces de llegar a ellos en el momento adecuado hace que los anuncios sean un 40% más efectivos en el universo digital y un 24% más efectivos en general. Los datos del estudio también señalan que ciertos estados de ánimo hacen que los consumidores sean mucho más receptivos a la publicidad que otros. Cuando se está de buen humor, se recibe el mensaje mucho mejor y se es mucho más proclive a responder a ese mensaje y a mostrar engagement.

    Ese no es el único estudio que demuestra que ciertos momentos y ciertos estados de ánimo tienen un impacto sobre cómo se percibe la publicidad y cómo se asume su mensaje. Igual que cuando se está contento se recibe mejor el anuncio, cuando se está cansado es mucho más difícil resistirte a ello.

    Un estudio elaborado por varios expertos en psicología de varias universidades de Estados Unidos y Hong Kong señalaron que cuando los consumidores están demasiado cansados, los anuncios pueden ser mucho más efectivos. Cuando han llegado a ese nivel en el que no quieren tener que preocuparse por nada y comprender algo demasiado complicado, el anuncio es más efectivo. Los consumidores se muestran mucho más seguros de sus actitudes: si el anuncio les convence de algo, estarán más seguros de que quieren comprar eso (a la inversa también pasa). Cuando están cansados, una vez que toman una decisión, se quedan con ella.

    El peso del calendario

    Además, también hay ciertos momentos del día en los que la publicidad entra mejor. Por ejemplo, y volviendo a los datos del estudio de Yahoo, la hora de la comida es la mejor para servir mensajes y que los consumidores conecten con ellos. La razón de esto está en que en ese momento suelen sentirse de especial buen humor, lo que les lleva a aceptar mucho mejor los mensajes publicitarios y ser mucho más receptivos a ello.

    Igualmente, también cambia el cómo se recibe la publicidad y los mensajes de las marcas en base a momentos destacados en nuestra existencia. Por ejemplo, el día de pago modifica cómo percibimos los mensajes de las marcas y con cuales nos identificamos más. La mente de consumo del ciudadano cambia.

    En los días que siguen al de paga, se encuentra en modo "promoción" y los mensajes que mejor recibe son aquellos que prometen hacer su vida mejor. Sin embargo, a medida que el día de pago se aleja (cuando vamos más cerca del fin de mes) lo que gana es el mensaje de "prevención" y lo que se quiere es mantener el estilo de vida que se tiene. En un escenario, queremos gastar y mejorar. En otro, conservar lo que se tiene.

    Quieren leer tu mente

    Todos estos puntos hacen que las marcas y las empresas no solo empiecen a obsesionarse con la ubicación geográfica de sus consumidores y con por tanto cómo vender asociado al lugar sino también cómo vender de forma asociada al momento, al cómo está de cada consumidor. Aunque pueda parecer una cuestión de ciencia ficción, las compañías aspiran a leer al consumidor, a ser capaces de conectar con su mente, como recuerdan en VentureBeat, para así saber en qué estado están y cómo de eficaces serán sus anuncios.

    Las opciones para ello son bastante amplias (más allá de los debates morales que se puedan derivar de ello) y las nuevas herramientas tecnológicas permiten ser mucho más eficientes que nunca a la hora de establecer qué quieren y cómo lo quieren los consumidores. Una vez que se pueden empezar a leer elementos como los latidos del corazón o las ondas cerebrales, se abre la puerta a todo. Algunos pilotos ya están usando, por ejemplo, herramientas como las cámaras incorporadas a periféricos y sus sensores de movimiento para establecer cómo se ha recibido el mensaje y cuál es el mejor momento para servirlo.

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