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A pesar de todo el boom del consumidor activista, al final gana la oferta
¿Ofertas o ética? Ante el dinero el consumidor no lo duda y se queda con las gangas

El consumidor concienciado se ha convertido en una especie de obsesión para las empresas. Es el perejil de todas las salsas: los análisis intentan comprender qué es lo que quiere y por qué para ofrecérselo y han asentado la idea de que el comprador ya solo responde a marcas con principios claros y valores asentados. Y, aunque el boom del activismo de marca es incuestionable (los datos estadísticos y las historias de éxito y fracaso así lo demuestran), los valores no son una cuestión a prueba de bomba. En ciertos contextos, no funcionan.

De hecho, solo hay que pensar en la moda low-cost y cómo sus ventas no se han resentido por mucho que el consumidor activista se haya convertido en cada vez más popular y destacado. A pesar de que cada vez hay más voces críticas y que se han convertido en protagonistas de todo tipo de reportajes sobre cómo se fabrica esa ropa (y el impacto que tiene en el medioambiente y la vida de las personas que la fabrican), estas compañías siguen teniendo cifras récord de facturación.

Ante el poder comprarse la última tendencia de moda a precio bajo y no hacerlo, los consumidores parecen tener muy claro qué es lo que prefieren. Esto es, de hecho, lo que ha demostrado un estudio que usa datos de consumidores de cinco países, echando mano de las estadísticas.

Como concluyen en Marketing Week partiendo de datos de un estudio de Emarsys, ante una oferta atractiva los valores éticos tienen poco que hacer y los consumidores acaban comprando.

Los jóvenes compran y no lo cuentan

Incluso, un 27% de los consumidores reconoce que en general no tienen en cuenta sus preocupaciones éticas a la hora de hacer sus compras.

Un 15% afirma que es leal a retailers que les avergüenzan: esto es, como marcas y empresas creen que son 'lo peor', pero siguen comprando en ellas. Entre los consumidores más jóvenes, la cifra es superior. Un 34% de los consumidores más jóvenes compran productos de marcas con las que no están de acuerdo.

¿Qué ocurre entonces con el activismo y la conciencia? Para los consumidores más jóvenes, la probabilidad de que compren de una de estas marcas es mayor pero también lo es que oculten que lo están haciendo. La marca se convierte así en una suerte de guilty pleasure. Un 32% reconoce que no habla de marcas que consume por esto.

Y, al final, lo que gana a la hora de captar al consumidor no es tanto los valores como los precios y la oferta. Un 56% de los compradores señala que es fiel a aquella compañía que ofrece un amplio abanico de productos y un 43% a la que tiene precios más bajos. Solo un 16% asegura que es fiel a la marca más ética.

Por tanto, las compañías deben tener muy presente no solo lo que los consumidores dicen que quieren sino lo que en realidad están haciendo e hilar muy fino según cómo quieran llegar al mercado. La transparencia y la ética deberían darse por descontadas, pero puede que lo que realmente esté empujando a tus compradores sean tus buenos precios.