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En el ocaso del social media marketing, mientras iba quedando claro que obtener resultados de forma orgánica era imposible y que las empresas se posicionaban en una situación de riesgo estando al alcance de los cambios de terceros (cualquier ajuste de algoritmos les impactaba), los marketeros volvieron a prestar atención al email marketing. De hecho, no fueron los únicos. Los medios, que durante algún tiempo habían quedado al margen de los cambios de las redes sociales, hicieron lo mismo y se lanzaron a recuperar sus newsletters.

Para los responsables de marketing, el email marketing ofrecían muchas ventajas. Les permitía controlar quién recibía el mensaje y también qué se mandaba, al tiempo que les daba acceso directo a todos los datos que estos envíos generaban.

Y además tampoco es que el email marketing hubiese desaparecido mientras las redes sociales crecían: se había mantenido como una de las piezas básicas de la estrategia de marketing digital, a pesar de no ser visto como tan glamuroso y llamativo como ocurría con las emergentes nuevas alternativas.

Ahora que los marketeros no esperan mucho de las redes sociales y que han redescubierto el poder del email marketing, no deberían caer en la tentación de pensar que todo lo que ocurre con este último es perfecto. Es importante mantener una visión realista de las cosas y, por tanto, ser conscientes de los problemas. Y uno de los principales que tiene el email marketing es el no lograr que todos los mails pasen el filtro de sus receptores.

De hecho, la cantidad de emails que no abrimos en un día cualquiera es muy elevada y eso debería estar muy presente en las decisiones y en la estrategia de las marcas y empresas. Un estudio de Adobe ha concluido que los consumidores solo abren una cuarta parte de los mails que reciben de las empresas.

Mucho tiempo con el mail, poco con los de las marcas

Esto no ocurre porque los consumidores no presten atención al correo electrónico. Casi se podría decir que nada está más lejos de la realidad. Los datos del estudio apuntan que, cada día, perdemos unas cinco horas viendo los mails que hemos recibido o leyendo los mensajes que nos han enviado. Los mails personales se quedan con dos horas de ese tiempo. El resto se va a los demás envíos, entre los que hay que incluir los emails de trabajo (que son abiertos en el 80% de los casos).

Gestionar que se ha recibido esa información no implica, eso sí, leerla. El estudio deja claro que no se abren muchos de esos correos.

Las razones son claras, o al menos los consumidores las tienen muy presentes, y son además fácilmente corregibles. Un 43% de esos encuestados que no abren mails de empresas reconoce que si no lo hace es porque la marca en cuestión le manda mensajes con demasiada frecuencia. Otra de las razones habituales por las que se ignoran esos envíos es porque están ofreciendo productos que ya se han comprado.

Los consumidores también creen que las empresas les mandan correos con información incorrecta y que no están bien escritos, lo que hace que ignoren esos envíos.

El email marketing funciona si se hacen bien las cosas

Por tanto, las marcas y las empresas deberían vigilar más qué hacen y cómo en su estrategia de email marketing. Los datos dejan claro que el formato funciona ya que los consumidores quieren recibir ese tipo de información a través del mail. Los estudios que han preguntado a los consumidores por esta cuestión arrojan datos positivos. Lo que no funciona es el modo en el que se están mandando los mensajes y los mensajes en sí.

Las compañías tienen que cuidar más la calidad de lo que envían y tienen que ajustar las frecuencias de envíos para que sean relevantes y no simplemente spam.

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