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Cada día son más las cosas que están conectadas a la red. Hace unos años, nos parecía una gran novedad que las compañías tecnológicas lanzasen productos como medidores de riego para las plantas, que se podían clavar en un lateral de la maceta y que nos alertaban (online) cuando teníamos que volver a regar la planta o cuando necesitaba más luz. Era una de esas primeras aplicaciones vistosas de lo que se conoce como el internet de las cosas (IoT por sus siglas en inglés) y una de esas que quedaban muy bien en los artículos sobre cómo internet estaba cambiando el mundo.

Pero, por supuesto, el internet de las cosas iba a ir mucho más allá de eso y ya desde un primer momento sabíamos que nos esperaban muchos más cambios y muchos más elementos conectados. Ventanas que se cierran y se abren gracias a la información que aprenden de nosotros, sistemas de calefacción conectados con el coche que empiezan a caldear el hogar cuando saben que estamos de camino a casa, neveras que hacen la lista de la compra por nosotros o muñecas que se conectan a internet y se vuelven inteligentes, como es el caso de la Barbie smart, el caso más popular de lo que se podría conocer como el internet de los juguetes. Los ejemplos son muchos y muy variados y el potencial que el internet de las cosas tiene para llegar al consumidor final es cada vez más amplio.

Además, el internet de las cosas tiene otro punto a su favor que explica el por qué las marcas están como locas con la idea de tener todo y a todos siempre conectados. A medida que más productos y más personas entran en el internet de las cosas, más información se produce y más datos se generan, lo que hace que sea más sencillo que nunca entender cómo son los consumidores y adelantar sus necesidades y las respuestas a sus intereses. Si se tiene en cuenta, además, que las empresas pueden posicionarse directamente en los estadios anteriores a la compra gracias al todo conectado, el IoT tiene aún más atractivo. ¿Por qué esperar a que el consumidor llegue al supermercado para convencerlo de que se lleve una marca si su nevera puede hacerlo ya por él y de forma automática, solo por poner un ejemplo?

Por eso, las previsiones sobre cuánto dinero se va a invertir en el internet de las cosas son muy optimistas. Un estudio de Forrester para Zebra Technologies señalaba no hace mucho que el 80% de las empresas está convencida de que el internet de las cosas será el elemento que marcará la década y que les empujará, por tanto, a tomar decisiones de negocio. "Con el internet de las cosas, los vendedores estarán apoyados por la inteligencia para tomar decisiones de negocio informadas y estratégicas para mejorar la lealtad del consumidor y ser más eficaces mientras crean experiencias emocionantes para sus compradores", apuntaba entonces Nick D'Alessio, líder global del retail en Zebra Technologies.

Y algunas compañías concretas están preparando, de hecho, inversiones millonarias en el internet de las cosas. IBM se va a gastar unos 3.000 millones de dólares en crear su propio ecosistema del internet de las cosas (y ser así quien se lleve el gato al agua).

Pero ¿cuánto dinero en general moverá el internet de las cosas?

De billones a trillones

Decir que el internet de las cosas moverá mucho dinero es verdad, pero no es suficiente para apuntar la magnitud de lo que se viene encima. Un estudio de IDC acaba de poner cifras al crecimiento del internet de las cosas en los próximos años y a la previsión de movimiento de capital que liderará en el futuro.

La firma de análisis espera que el mercado pase de los 655.800 millones de dólares de 2014 a los 1,7 billones de dólares (billones españoles, trillones anglosajones) en 2020. Su crecimiento será de un 16,9%. Estas cifras son globales y abarcan todo el universo de los elementos conectados. El mercado verá, por tanto, como su alcance se triplica y lo hará en un período de tiempo muy corto. No hay que olvidar que de aquí a 2020 solo hay, en realidad, cinco años.

Las previsiones de la firma están en que sean los dispositivos (como puede ser una tele conectada a internet, algo cada vez más habitual y recurrente), la conectividad y los servicios TI los que se lleven la mayor parte del gasto en el internet de las cosas en 2020, aunque también apunta que las plataformas específicas y el software se llevarán una parte muy importante del gasto a partir de 2020 y que se convertirán en algo cada vez más de mayor peso en los ingresos del sector.

Y, sobre todo, no hay que dejarse llevar por todo aquello que captura los titulares. El potencial del internet de las cosas, apuntan en las conclusiones del estudio, toca muchos palos diferentes. "Aunque los dispositivos wearables son la cara visible del IoT y donde el reconocimiento del internet de las cosas parece estar empezando, la oportunidad real sigue estando en los mercados del sector de empresa y público", explica Vernon Turner, investigador en IDC.

Los consumidores, apuntan, aún no pueden hacerse de forma general con los dispositivos que se están lanzando en el mercado del IoT, como puede ser el Apple Watch, ya que sus precios son habitualmente elevados. En cambio, las empresas y las administraciones públicas (véase, por ejemplo, el boom de las smartcities) son un mercado mucho más proclive a gastar lo que el internet de las cosas exige.

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