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En la España de hace 100 años, década arriba década abajo, habían empezado a abrir bares automáticos. La idea venía de fuera - los bares automáticos fueron populares en Estados Unidos - pero encajaba con muchas de esas cosas que se iban poniendo de moda durante los años 20 y 30. Todo lo moderno triunfaba y nada más moderno que comprar bocadillos en una máquina.

El bar automático vendía una experiencia y también la idea de la rapidez. Solo había que meter una ficha en una máquina y esta te daba un bocadillo. Los bares no tenían camareros, pero sí una cierta eficiencia y, sobre todo, el atractivo de la novedad. Varias ciudades españolas tuvieron bares automáticos, que desaparecieron después de la guerra civil.

Los bares automáticos no eran exactamente un espacio lleno de máquinas expendedoras, como ahora se ve en muchas ciudades en bajos reconvertidos simplemente para dar ese servicio. Eran algo más, funcionaban como una experiencia. Experiencia es también lo que algunas máquinas expendedoras de última generación y algunas acciones de algunas grandes marcas han posicionado con sus máquinas.

El ejemplo de Coca-Cola es uno de los más claros, ya que no solo han usado sus máquinas expendedoras para crear experiencias sino también como palanca para el marketing viral. En los últimos años, también han empezado a aparecer opciones que usan la tecnología para crear máquinas de última generación que crean nuevas fronteras para el retail y los procesos de ventas. Por ejemplo, las máquinas reconocen al consumidor y ajustan sus ventas a quién es.

Pero ¿podría ser la crisis sanitaria del coronavirus una oportunidad para recuperar las ideas de experiencias inmersivas del pasado? ¿Podrían las máquinas expendedoras vivir una nueva edad de oro y refugiarse las marcas en el vending para cumplir con todas las necesidades de distanciamiento social?

Las nuevas máquinas

Algunos analistas ya creen que las máquinas expendedoras y los espacios basados en el vending y lo automático se convertirán en un elemento al auge en el mundo post coronavirus. Como explican en un análisis de Modern Retail, están en medio de un renacimiento. Hay quienes creen que se integrará en los restaurantes y que se convertirá en un elemento más presente en la venta de comida y fast food.

Y, aunque la industria tradicional de las máquinas expendedoras no está en su mejor momento y están sufriendo los efectos de la crisis y de los meses de confinamiento, quienes están haciendo cosas más experimentales están viendo un potencial momento positivo. Es, por ejemplo, lo que le ocurre al restaurador que estaba desarrollando un restaurante automatizado en Nueva York que venderá dumplings sin contacto humano. Abrirá sus puertas en agosto o julio, tras meses de desarrollo, y, como señala su responsable, "odio decirlo pero el momento no podía ser más oportuno". En todo el proceso, desde hacer el pedido a recibirlo, los clientes no interactuarán con nadie.

Quienes estaban probando con el formato, de hecho, ya piensan en ampliar la idea y franquiciarla (al menos en Estados Unidos, donde está ocurriendo todo esto ahora, pero que ya se sabe que es el baremo que siguen después otras industrias en otros países). En lugar de pensar en cómo usamos las máquinas expendedoras ahora, habría que pensar más en un modelo más japonés. Allí todo se puede comprar en una máquina expendedora.

Eso podría acelerar los trabajos que se están haciendo en el terreno como también el hecho de que las máquinas se han vuelto más sofisticadas en los últimos años y capaces de ofrecer mejores servicios. Hace un año, Pizza Hut empezaba a experimentar con el modelo, por ejemplo, algo que parecía muy experimental. Ahora se ve como algo que podría pasar mucho más.

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