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Las empresas ven el elevado potencial que abren en cuestiones como personalización o recolección de datos 
Cómo el coronavirus

Si a principios de 2020 alguien se hubiese sentado a escribir sobre tecnologías con potencial pero que tampoco acabaron despegando tanto, posiblemente incluiría en la lista a los códigos QR. Una década atrás, los códigos QR habían tenido su momento de más o menos estrellato. Más que estrellato se podría decir que hype. Su potencial en marketing digital era elevado y las empresas querían explotarlo.

Los beneficios que reportaban para las empresas eran incuestionables, pero los consumidores no acabaron aceptándolos. Fue una mezcla entre fallo de tecnología (tenías que descargarte una app para acceder a ellos y era un paso extra por el que no todo el mundo estaba dispuesto a pasar) y apatía (no aportaba un beneficio claro a los consumidores, que pasaron de acostumbrarse a ellos).

En 2013, un estudio apuntaba que quienes usaban los códigos QR eran una minoría. Podrían haber aportado mucho, pero se quedaron en un ligero fiasco.

Si esto se estuviese escribiendo en enero de 2020, hasta incluso en marzo, ahí se hubiese quedado la historia de los códigos QR. Sin embargo, dado que esto se está escribiendo en el verano de 2021, el final es muy diferente. La pandemia ha hecho que los códigos QR hayan tenido un revival abrumador, uno en el que todo el mundo se acabó acostumbrando a ellos.

El retorno del código QR

En España, su boom de vuelta arrancó con la llegada del verano y la desescalada tras el confinamiento de 2020. Dado que las medidas de higiene y seguridad exigían reducir al mínimo el contacto, los restaurantes y bares tuvieron que eliminar sus cartas.

Fue ahí donde los consumidores se reencontraron primero con los códigos QR y se acostumbraron a ellos. Fue por ello también por lo que, quienes no lo tenían integrado ya con su cámara, descargaron una aplicación para poder leerlos. Nadie se quería quedar al margen del código QR.

Además, lo interesante no es únicamente que el código QR se popularizase, sino también que cambió su percepción. Si a este ese momento se veía como una especie de elemento poco importante y valioso, algo que estaba ahí pero no aportaba mucho, la crisis lo asentó como un elemento seguro y positivo. Era algo que generaba seguridad en el mundo contactless de la crisis del coronavirus. Lo era de forma figurada y de forma directa: escanear códigos ya no daba miedo.

En el verano de 2020, los especialistas en marketing alertaban que los códigos QR, que habían llegado por necesidad a las vidas de los consumidores, se podían quedar para siempre y convertirse en una oportunidad muy buena para hacer marketing en el futuro. En el verano de 2021, ya nadie lo duda.

Por qué las marcas no quieren perderlo

Como apuntan en un análisis de The New York Times, los consumidores los han adoptado más rápido que nunca y los mantienen en su uso. Los códigos QR están en todas partes (en todo tipo de negocio y en todo tipo de países) y se usan para muchas más cosas. No solo son el acceso al link para descargar la carta. Ya existen ejemplos en los que se integran en pagos móviles y otros en los que sirven para que los consumidores hagan sus pedidos sin tener que pasar por el personal de tienda/restaurante.

Su popularidad es arrolladora. Existen algunas voces críticas, que alertan de que su presencia y su potencial ha reducido la privacidad de la que disfrutamos en el mundo real, haciendo que sea más parecida a la que tenemos en el mundo digital. Sin embargo, no son las que más se oyen. Y, sin duda, no son las que están escuchando las empresas.

Como señalan en el Times, para las marcas y las empresas, los QR es algo que desean que se queden. Para las compañías han abierto la puerta a hacerse con muchos más datos de los consumidores y para conocer mucho mejor su actividad. Los QR amplían sus capacidades en analítica, tracking y segmentado de las audiencias, aportando más información sobre los consumidores y sus flujos.

Por ejemplo, los restaurantes han descubierto que les permite convencer mejor a los consumidores de que pidan cosas más caras, porque los menús digitales permiten añadir más datos y fotos, pero también que simplifican las sustituciones y ayudan a ver mejor qué se está vendiendo.

También permite, por ejemplo, comprender qué se pide siempre y hacer recomendaciones personalizadas. En EEUU, donde se usan los menús vía código QR para hacer directamente el pedido, los restaurantes hablan de ahorros en costes de entre el 30 y el 50% al eliminar la necesidad de que vaya el personal a preguntar cuál es tu comanda.

A eso se suma todo el potencial que ve el retail, que espera poder usarlo como vía para la personalización o para ofrecer ofertas especiales a los consumidores. La experiencia sería más personalizada y única, mucho más segmentada.