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Uno de los elementos que todo el mundo recuerda de su infancia - y que suele comparar una vez alcanzada la edad adulta con otros adultos de la misma área 'de influencia' buscando similitudes - son las excursiones escolares. En cada lugar, hay una serie de museos que parecen casi obligatorios y por los que pasaron todos los niños de cada generación, pero lo cierto es que los escolares no solo visitan museos, barcos antiguos, granjas escuela, espacios naturales o ruinas romanas, también se encaminan a centros empresariales y fábricas en las que les muestran cómo se hacen las cosas o cómo trabajan en esa fábrica.

No hay más que preguntar al entorno inmediato a qué fábricas o empresas fue de excursión escolar de niño para verlo. Hacer el test deja una amplia lista de lugares, desde la fábrica de pan de molde de la zona a la conservera o la cetárea que en ese momento esté recibiendo escolares pasando por el centro comercial de referencia (hay quien confiesa que fue con el cole a ver las tripas del Alcampo de su zona, pero también hay quien lo hizo con El Corte Inglés, aunque solo recuerde la invitación a chocolate con churros en la cafetería) o por la fábrica de chocolates, que siempre tiene un especial atractivo para los niños. En mi etapa escolar, lo habitual era ir a la fábrica de Panrico y que después la excursión saliese - foto mediante - en el periódico local.

La lista de multinacionales que permiten a los escolarea adentrarse en sus fábricas, reserva previa, es muy amplia. Una rápida búsqueda en Google demuestra que existen ejemplos en prácticamente cualquier rincón y en posiblemente todos los sectores. Se puede ver cómo se fabrican lápices de madera en Faber y Castell, se hacen yogures en las fábricas de Danone o se fabrica cerveza en las de Damm. Todas estas excursiones, como se puede ver en las webs de las compañías respectivas (y sacando de la lista el caso de Faber y Castell) son gratuitas. Las escuelas no tienen que pagar porque sus escolares se adentren en las entrañas de sus fábricas, guía mediante, para descubrir el secreto que se esconde detrás de los productos que consumen cada día.

Pero ¿qué es lo que ganan las marcas con estos viajes escolares? ¿Qué fin tiene permitir que una horda de escolares se adentren por los pasillos de la compañía?

La excursión escolar como producto de marketing

Las excursiones escolares crean un contacto directo entre las empresas y los niños, que son ya influencers del consumo dentro de sus propias casas (el peso de los niños en las decisiones de compra de los padres es cada vez mayor) y que serán en el futuro consumidores por propio peso. Estas excursiones escolares crean un cierto vínculo afectivo entre los niños que lo recorrieron y las marcas que les ofrecieron la visita, ya que formarán parte de esos recuerdos dorados de infancia. ¿Son por tanto las excursiones escolares simplemente una manera de captar consumidores?

Hay quienes así lo consideran: algunos expertos ven a las excusiones escolares en fábricas y sedes de empresas únicamente un artefacto de marketing con escaso valor educativo que ayuda a crear una relación más fluida con los que son o serán consumidores. Como explican desde CGT, uno de los sindicatos del sector de la educación y una de las voces críticas con estas excursiones, a eldiario.es, "hay un interés puramente empresarial y de ganar consumidores".

Las empresas no tienen muchas veces valor educativo, apuntan, e incluso en ocasiones pueden resultar cuestionables (como por ejemplo el hecho de llevar a niños a fábricas de bebidas alcohólicas). Las visitas tampoco sirven para incentivar el debate, sobre las condiciones de trabajo de los empleados de esas compañías, por ejemplo, y muestran únicamente una cara de la moneda.

No todo el mundo está de acuerdo con esta visión. Hay quienes sí ven valor educativo en estas visitas a fábricas y empresas, ya que permiten conocer de primera mano cómo funciona ese mundo y dota así de unos contenidos empíricos y prácticos a asignaturas relacionadas con ese terreno.

El camino a las lovemarks

Sea buscado o no lo sea, lo cierto es que este tipo de elementos ayudan a las empresas a su posicionamiento entre los consumidores. Las excursiones escolares tienen muchos beneficios para las compañías que las protagonizan, ya que les permiten encajar en muchos de los elementos que ahora necesitan y buscan los consumidores.

El hecho de unirse a los recuerdos infantiles dota a la firma, como señalábamos, de un cierto nexo emocional con el consumidor y lo ayuda en la carrera por convertirse en lo que toda firma quiere ser, una lovemark. El consumidor del futuro recordará de forma mucho más positiva a la marca con la que convivió en la infancia.

Pero no es el único punto positivo. Las excursiones escolares refuerzan la idea de transparencia, de que no se tiene nada que ocultar, y este es uno de los valores que hoy en día los consumidores más valoran. En un mundo en el que los compradores quieren que las empresas les hablen, que les cuenten sus cosas, invitar a sus hijos a mirar entre bambalinas parece una gran idea.

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