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Ser sociable es algo que - para gran dolor de todos los tímidos - se cotiza siempre al alza. Cuando eres pequeño, tus padres te empujan a jugar con otros niños. En el colegio, lo más difícil es siempre el primer día de clase, cuando no se conoce a nadie. Y los retos en los que la sociabilidad se convierte en un factor clave no dejan de aumentar con el paso de los años. Por continuar, continúan hasta llegar al entorno laboral. En el trabajo, para tener éxito, también es importante saber cómo socializar. O, como dicen los estadounidenses, es mucho mejor ser una people person, una de esas personas que siempre sabe estar rodeada de otra gente.

¿Tiene una empresa que fijarse por tanto en las habilidades sociales de sus trabajadores? La cuestión no es tanto ver lo adquirido (buscar un trabajo en el siglo XXI no es como el cortejo en el siglo XIX) sino lo innato. Ser extrovertido está premiado y potenciado desde la misma primera educación. "La forma en la que la educación por su naturaleza favorece al extrovertido está en que coger a los niños y los pones en una gran clase, lo que generalmente crea un entorno de alta estimulación", explica a The Guardian Susan Cain, la autora de Quiet: The Power of Introverts in a World That Can't Stop Talking. Los introvertidos (que no necesariamente tímidos) prefieren los estímulos limitados.

Y en la elección de los trabajadores a las empresas les cuesta bastante ir más allá de algunos clichés, como el que unos perfiles son de entrada mejores que otros (una gran parte de la sociedad es de hecho ambivertido, el tipo de personalidad a medio camino entre introvertido y extrovertido según Jung). De hecho, la diferencia entre ser extrovertido y ser introvertido está, en realidad y desde el punto de vista de algunos estudios científicos, en la forma en la que el cerebro necesita recargarse. Los introvertidos prefieren tiempo a solas y los extrovertidos sacan su energía de los otros. Ni mejor ni peor, aunque desde el punto de vista de los recursos humanos la segunda opción suele cotizarse al alza. Ser comunicativo suele ganar en las listas de lo que se debe buscar en un empleado.

Y, por muy simplista que sea la idea, lo cierto es que en algunos casos concretos ser extrovertido es un plus y supone una cualidad que hace más fácil el trabajo diario. Ser extrovertido es un puntal si se busca a un profesional que tenga que enfrentarse cada día a retos diferentes: los estudios sobre cómo funciona el cerebro de los extrovertidos destaca que necesitan estímulos constantes y cosas nuevas todo el tiempo para sentirse motivados (y para que su cerebro libere dopamina). Si a un introvertido le hará feliz la rutina y le permitirá sentirse cómodo, a un extrovertido eso en realidad le resultará más frustrante. El cerebro de los extrovertidos también procesa de forma más rápida y sencilla los estímulos y funciona muy bien ante la información que llega por los sentidos del olfato, la vista o el tacto.

Al fin y al cabo, muchas de las habilidades que se esperan de un buen empleado son las que los extrovertidos tienen de serie. "Las habilidades de las personas van sobre cómo la gente interactúa con otras personas, desde una perspectiva verbal y no verbal", explica a Forbes Teri Hockett, CEO de What's For Work?, un site profesional, en un artículo sobre lo que las empresas buscan en sus empleados. "Cuando pensamos en las habilidades de las personas, son palabras como personalidad, empatía y tono las que se nos ocurren". Buena capacidad de comunicación, ser bueno en las relaciones interpersonales, paciencia, confianza, saber cuándo mostrar empatía o ser flexible son algunas de las características habituales de un buen empleado.

¿Por qué necesitas a un empleado social y sociable?

Para las empresas, tener a un empleado social y sociable hace más fácil desarrollar algunas tareas. Más allá de que este tipo de trabajadores suelen funcionar mejor en trabajo en equipo y se adecúan a las oficinas de hoy en día y sus estructuras de trabajo (espacios abiertos, potenciación del trabajo en equipo, necesidad de hablar en público e interactuar con otros), existen tareas que suelen caer mejor en sus manos. En el mundo de la publicidad y de la comunicación, ser extrovertido es casi una obligación.

Empecemos por los comerciales encargados de vender y comprar espacios publicitarios: están sometidos a la constante interacción con otras personas y tienen que saber cómo interactuar con ellas y sentirse cómodo. Sigamos con los perfiles más creativos: estarán obligados a romper cada día con la rutina y tendrán que trabajar siempre en equipo. No vale de nada un equipo creativo en el que cada uno de sus miembros va por su lado. En el caso de la comunicación, ser extrovertido facilita mucho las cosas: hay que lanzarse a hablar siempre con desconocidos y lo habitual son las muchedumbres en las que hay que saber actuar.

Pero, además, las empresas están hoy en día obligadas a ser sociables y sociales. Los consumidores esperan que las marcas y las compañías se conviertan en sus amigos y que se comuniquen con ellos de tú a tú. La relación de las marcas con sus clientes ha salido de lo tangible y de lo ocasional para convertirse en algo diario y subjetivo, dominado por las emociones y por, al final, las mismas características que se les piden a las personas para ser sociables. Y, por tanto, ¿quién mejor que un extrovertido para tomar el rumbo de cómo ven los consumidores a una marca que esperan sea igualmente extrovertida?

Igualmente, también está la cuestión generacional. En general, los millennials son mucho más sociables y valoran más estas cuestiones que la generación precedente. Lo hacen, por ejemplo, en las relaciones en el trabajo, como demostraba un estudio de Plantronics.

Y del mismo modo también están las cuestiones de productividad. Los estudios demuestran que los empleados más productivos son aquellos a los que se les ha empujado a prácticas que hace muy infelices a los introvertidos? pero que son muy eficaces para los extrovertidos, como por ejemplo el trabajar en grandes mesas más que en cubículos o mesas separadas. Las conexiones sociales y los grandes grupos son los que hacen de entrada a los empleados más felices en el trabajo y, sobre todo y desde el punto de vista de las compañías, más eficientes y más llenos de recursos.

Por otro lado, los extrovertidos son mucho más capaces de pasar los primeros filtros. Saben venderse y no tienen problemas para convencer de su potencial en una entrevista de trabajo. Si saben hacerlo consigo mismos, también sabrán hacerlo con la marca para la que trabajan.

El nuevo reino de los introvertidos

Aunque, a pesar de que los trabajadores sociables son de los más buscados en las empresas, en los últimos tiempos también se ha producido una reivindicación de la timidez (sobre todo gracias al libro Quiet, que ha actuado como catalizador del poder de los introvertidos). Ser introvertido no es malo, defienden, y también presenta ciertas ventajas.

Los trabajadores introvertidos son mejores en las relaciones one-to-one, aseguran algunos expertos, y también en la atención al detalle. Son los empleados que prefieren espacios de trabajo silenciosos y también los que se parapetan detrás de unos auriculares para trabajar. Pero, lo cierto, es que aunque sus capacidades son muchas, quizás no sean los mejores para el mundo arrollador de la publicidad. Las mejores profesiones para ellos, según FastCompany, son las de contable, diseñador gráfico, programador, periodista técnico, técnico de archivos médicos o dentista técnico.

En el caso de la gestión de la marca, los introvertidos podrían tener su edad de oro en el futuro inmediato. Muchos de los nuevos profesionales indispensables para la industria son perfiles en los que las cualidades de los introvertidos, como la atención al detalle o la capacidad de análisis, son requeridas, como puede ser el caso de los data scientist, los analistas o los futuristas.

De todos modos, el momento de la condenación absoluta del introvertido en el terreno de trabajo podría haber llegado a su fin y dejado paso a otros tipos de personalidades en las listas negras de los responsables de recursos humanos, como puede ser el narcisista. Un estudio lo puso en el punto de mira: los narcisistas son muy buenos para escalar a los puestos clave de la empresa pero cuando llegan allí resultan tóxicos.

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