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Si ahora mismo buscas en Infojobs, ese termómetro sobre lo que se mueve en el mercado laboral en España, solo aparece una oferta en la que se busca un growth hacker. El puesto no está mal pagado, teniendo en cuenta los sueldos en los se mueven habitualmente las ofertas de trabajo. El candidato seleccionado ganará entre 46.000 y 60.000 euros brutos al año y tendrá un contrato indefinido. Eso sí, a cambio le pedirán que lidere la estrategia de crecimiento y que sea un "gurú del entorno online". Y es que ser growth hacker es uno de esos puestos que durante los últimos años se está poniendo de moda y para los que las empresas suelen buscar al específico experto.

Pero lo cierto es que que solo aparezca una oferta puede ser una rareza, al menos si se piensa de cara al futuro, ya que los growth hackers están llamados a convertirse en una pieza clave dentro de las empresas.

¿Qué es exactamente un growth hacker?

"Un growth hacker es una persona cuyo norte es el crecimiento", apuntaba en 2010 Sean Ellis, entonces responsable de crecimiento de Dropbox y a quien se debe la invención del término. El growth hacker es ese profesional que se obsesionará con que la empresa crezca y que hará todo lo posible para que eso suceda. Una rápida búsqueda en LinkedIn demuestra que al menos unas 2.110 personas han incluido ya en su descripción profesional el término.

El profesional y sus funciones son especialmente populares entre las empresas de Silicon Valley, esto es, la vanguardia de las compañías tecnológicas, pero ha empezado ya a dar el salto más allá de ese entorno y a incorporarse a otras compañías. No necesitas ser una empresa tech para tener tu propio growth hacker. Y tampoco es necesario ser una gran multinacional para poder aprovecharse del potencial de estas estrategias. En realidad, solo hay que fichar al profesional más adecuado y saber jugar con las cartas que muestre.

¿Qué hay que pedir a un growth hacker?

El growth hacker tiene que marcar la estrategia a seguir para conseguir que la empresa crezca, así que el profesional que desempeñe esa tarea tiene que ser una especie de todoterreno en el mundo de las oportunidades. Tiene que controlar bases de datos, tiene que saber hacer buenas preguntas y tiene que saber incluso hacer buenos tests de mercado.

Como explican en una columna en The Guardian, estos profesionales tienen que tener tanto conocimientos de programación y talento en el área tech como ser profesionales con profundos conocimientos en el área del marketing. O, como explicaba hace unos años un ensayista tech, Andrew Chen, "los growth hackers son el híbrido entre un marketero y un coder, uno que ver la tradicional pregunta de cómo consigo consumidores para mi producto y responde con tests A/B, landing pages, el factor viral, envíos de email y Open Graph". Solo la suma de los dos terrenos en una única persona conseguirá crear al profesional perfecto para desempeñar estas funciones.

En muchas ocasiones, estos profesionales son además maestros del posicionamiento de guerrilla. Por ejemplo, cuando Airbnb entró en el mercado, se aprovechó de la base de usuarios de Craiglist y de su alcance para posicionar sus servicios. Los anuncios de alojamientos que aparecían en Airbnb aparecían también en Craiglist, pero llenos de links a Airbnb para redirigir al consumidor. La nueva plataforma creció gracias a ello a una velocidad de vértigo.

Airbnb no es el único ejemplo de cómo jugar bien con un par de herramientas hizo que el negocio creciera. Parte del secreto del éxito de Hotmail en su momento fue una línea que se introducía al lado de la firma e invitaba a los receptores a usar el servicio. Y Spotify usó lo social para hacer publicidad gratis: cada vez que se publica en Facebook un 'Fulanito acaba de escuchar tal canción' simplemente se está haciendo publicidad del servicio de streaming.

Y es que el secreto del growth hacker no es tanto el poder hacer campañas sino más bien el ser, por así decirlo, más listo que el hambre. Sus recomendaciones y sus acciones no están respaldadas por elevadas inversiones de capital, sino más bien suelen ser cosas baratas que se pueden hacer aprovechando los recursos de la red para posicionar la marca.