PuroMarketing

Es casi como una fiebre de enero. Cuando arranca el mes y se cruza por tanto el umbral del año, se tiene una cierta sensación de borrón y cuenta nueva, de oportunidad nueva para hacer muchísimas cosas, así que la gente se suele lanzar a hacer listas de propósitos y a empezar nuevas actividades. Es el momento en el que todo el mundo se apunta al gimnasio, en el que arranca con una nueva y más sana dieta (aunque quizás aquí también tienen algo que ver los excesos de las fiestas…) o en el que se decide a empezar clases de inglés, apuntarse a un club de lectura o hacer nuevas actividades.

Lo cierto es que enero no es un momento mágico en el que se empiece todo de cero y en el que el contador de actividad, por así llamarlo, se posicione de forma fascinante y maravillosa en nuevos niveles de cero. Las cosas que hemos hecho en el año anterior - y lo que no hemos hecho - siguen estado presentes y siguen teniendo efectos directos sobre cómo afrontamos el Año Nuevo y sobre todas esas decisiones que tomamos como propósitos de arranque de año.

Pero si para las personas los planes de Año Nuevo funcionan en cierto modo y hacen que se sientan más decididos a hacer cosas nuevas, a cambiar lo que están haciendo o a ser más efectivos y eficientes con respecto a ciertas cuestiones, para las empresas y las marcas también pueden ser una oportunidad. Marcas y empresas también pueden - y deben - hacer propósitos de Año Nuevo.

¿Por qué deben hacerlo y qué pueden conseguir con ello?

Son una oportunidad para el autoanálisis

Solo hay que pensar en cuáles son las decisiones que, como personas, tomamos cuando pensamos en los propósitos con los que queremos cerrar el año cuando nos encontremos en el momento del análisis de lo hecho un año más tarde. Nuestros propósitos están ligados, de una forma bastante recurrente, a cosas que harán que seamos - o nos sintamos - mejores. Para llegar a esta lista antes no queda más remedio que hacer examen de conciencia y por tanto determinar en qué creemos que fallamos.

Los propósitos de Año Nuevo son, por tanto, una muy valiosa oportunidad para el autoanálisis, para lanzar una mirada crítica sobre la actuación de la marca o de la empresa en el año saliente y para enfrentarse a aquellas cuestiones en las que se ha fallado.

Son una manera de fijarse objetivos

Los planes para el año entrante son, simplemente, una manera más de fijarse objetivos y de señalarse metas. Es como un plan de negocios, pero más amistoso. En realidad, estamos hablando de lograr las mismas cosas, pero sin que parezcan tan aburridas, tan corporativas y muchas veces tan difíciles de lograr.

Son una excusa para analizar cuáles serán las tendencias del año

Ya lo dice el refrán: año nuevo, vida nueva. Con el comienzo del año se suelen poner de manifiesto cambios en tendencias, modas emergentes y cuestiones que son cada vez más populares y con más tirón gracias a los análisis de los expertos, que se dedican a cerrar el año anterior analizando qué serán los temas que dominarán durante los meses siguientes. No se trata de que con las uvas uno empiece, de pronto, a cambiar todas las cosas, pero el posicionarse en el arranque del año con eso más claro ayuda a prepararse para lo que se viene encima. Hacer propósitos para el año ayuda a que estas tendencias no pasen desapercibidas.

Son una manera de llamar la atención de la plantilla e incluso de motivarla

Y finalmente los propósitos de Año Nuevo tienen un cierto toque de gamificación que puede resultar especialmente útil para conectar con la plantilla. ¿Cómo conseguir conectar con los trabajadores y cómo lograr que tengan claro lo que se espera de ellos durante el año? Esta puede ser una manera de lograrlo, una que además será mucho menos agresiva que un memorando o una reunión de personal en la que se hable de objetivos y metas a lograr.