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Uno de los problemas a los que se enfrenta la industria del marketing y de la publicidad es la alta rotación de su personal. No se trata solo de que los altos directivos del sector tengan una media de años de trabajo en cada puesto menor que la que pueden tener otros altos ejecutivos, como los directores financieros, sino que el propio entorno laboral del marketing y de la publicidad da señales de problemas. Los trabajadores suelen acabar quemados mucho más rápido que lo que ocurre en otros nichos del mercado.

Un estudio de no hace muchos meses dejaba ya claro que la industria tenía un serio problema en lo que a la felicidad de sus empleados correspondía. Solo una cuarta parte de los marketeros reconocía que su trabajo le hacía feliz y, mucho más terrible para el sector, un tercio de los encuestados aseguraba que pensaba seriamente en dejar su trabajo. Los trabajadores hartos de su situación pensaban en ocasiones en cambiar de puesto pero en otras en simplemente abandonar el marketing y la publicidad y buscar un empleo que no tenga nada que ver con la industria. Las cifras eran mucho peores que la media de los trabajadores en general.

Qué hace que los trabajadores acaben quemados

Las razones que esgrimían los trabajadores para explicar por qué se encontraban en esa situación no eran exactamente nuevas, sino que han sido ya comentadas y analizadas por la propia industria en múltiples ocasiones. Los marketeros estaban hartos de trabajos en los que no avanzaban, de prácticas llenas de excesiva burocracia y reuniones en la empresa o una mala gestión.

El entorno de trabajo no era el mejor y eso era lo que hacía que la sensación que se tenía sobre cómo se estaba trabajando cada día no fuese la mejor. Todas estas cosas hacían que los empleados se fuesen saturando ante sus puestos de trabajo y que acabasen quemados, deseando empezar cualquier otra cosa.

Y a la industria no le queda más remedio que poner coto a esta situación. Tienen que lograr evitar que sus trabajadores acaben quemados. Es una cuestión de salud en el entorno laboral y empatía pero también, desde un punto de vista más pragmático para los gestores de las compañías, de necesidad. Si los trabajadores no dejan de estar quemados, acabarán dejando la empresa y todo el trabajo de formación, posicionamiento y creación de una sólida plantilla se habrá perdido.

Algunas agencias están ya intentando cambiar la filosofía de trabajo, para hacer que sus empleados sean mucho más felices en el puesto de trabajo y también para acabar con algunas de esas creencias que se ven como virtudes y no lo son tanto, como acaba de demostrar un análisis de Digiday.

Acabar con las prácticas que funcionan como lastre

"La idea de que todo el mundo tiene que estar todo el tiempo presente y no puede salir es contraproductiva", explica uno de los CEOs de estas agencias que están intentando cambiar las cosas, señalando que solo se logra que la gente se sienta presionada a estar en el trabajo. En su agencia aplican un modelo sueco de jornadas de trabajo de seis horas y prohíben acceder a las herramientas de comunicación internas (email y Slack) en fin de semana y en las noches. Solo se puede emplear en caso de una emergencia.

Los responsables de las agencias que han empezado a plantearse cómo acabar con el efecto quemado que impacta en sus plantillas dejan claras varias cosas. No creen que hoy haya más trabajo y más presión que hace años, pero sí que el smartphone y la realidad de estar siempre conectados ha hecho que sea imposible desconectar de verdad del trabajo.

A eso se suma que la industria ha institucionalizado prácticas de trabajo que son tóxicas, en las que es imposible tomarse tiempo personal o en la que se espera una dedicación absoluta al trabajo. Como explica el fundador de una de estas nuevas agencias, para quien su punto de no retorno fue el momento en el que no le dejaron tomarse un poco de tiempo para llevar a su mascota al veterinario, se espera que el trabajador entregue todo su tiempo, incluido el personal, a la empresa, pero la empresa no aporta ninguna flexibilidad.

Todo esto crea un entorno de trabajo que no es favorable y en el que las cosas no impactan de un modo positivo en la plantilla. Un estudio de Digiday había demostrado que el 32% de los marketeros estaba ya preocupado por su salud mental. Por encima de la media estaban quienes trabajaban jornadas maratonianas de 50 a 59 horas, algo no tan exótico en la industria. El mundo del marketing se ha convertido en un entorno de trabajo demasiado estresante y por tanto demasiado tóxico.

Los puntos en los que trabajan estas agencias son los que los expertos han ido recomendando para intentar frenar la toxicidad del entorno laboral marketero. La industria tiene que comprender que lo importante no es calentar la silla, pero también que hay que repartir bien el trabajo y que hay que no invadir terrenos, haciendo que las cosas se vuelvan mucho más lentas y complejas de un modo gratuito.