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En las películas, los espías suelen moverse por la Europa de Entreguerras, intentando descubrir o proteger profundos secretos de estado, o por estaciones de tren llenas de humo. Quizás, avanzando un poco en el tiempo, se muevan por la Europa del Telón de Acero, en peligrosas misiones que también implican secretos de estado. La realidad es sin embargo un tanto más prosaica y los espías se mueven muchas veces simplemente por dinero.

El espionaje no siempre busca secretos de estado. A veces simplemente quiere secretos corporativos y se convierte en una amenaza para la estrategia corporativa, para las posición en el mercado y para la imagen de la marca. En lugar de moverse en estaciones llenas de humo y en trenes que aún funcionan con locomotoras de vapor, estos espías se mueven entre oficinas con espacios abiertos.

Como en tantas otras cosas noticiosas en los últimos tiempos, el último elemento de espionaje corporativo - y que vuelve a poner el tema sobre la mesa - está protagonizado por Facebook. La red social se mantiene vigilante ante la posibilidad de que espías extranjeros se infiltren en su fuerza laboral, como publica Business Insider.

Facebook cuenta con un equipo de seguridad formado por 6.000 personas destinado a proteger a la compañía frente a diversas amenazas. Habitualmente, explican en el medio estadounidense, su trabajo está en gestionar a los consumidores que se acercan a sus oficinas a protestar por problemas con sus cuentas, para conocer a Mark Zuckerberg o simplemente para echar un vistazo. Es la capa más superficial de lo hacen, porque ahora también trabajan para frenar amenazas más complicadas y una de ellas es el espionaje corporativo.

Facebook no ha ni detectado ni identificado por ahora a ninguno de esos espías, pero está preparado para esa posibilidad, explican desde la compañía al medio. Tienen una estrategia para proteger su propiedad intelectual.

¿Paranoia? Más bien amenaza real

¿Está Facebook volviéndose paranoico ante la seguridad? Quizás no tanto. Como recuerdan en Business Insider, dos empleados de Apple de nacionalidad china fueron acusados hace unas semanas (formalmente, arresto incluido) de robar secretos corporativos vinculados a la estrategia de coches sin conductor de Apple. Apple, como Facebook, también cuenta con una división de seguridad, especializada en entre otras cosas espionaje corporativo.

Una de las acusaciones recurrentes en medio de la guerra entre EEUU y China es la de que las empresas chinas están haciendo espionaje corporativo (o espionaje y punto) sobre empresas (y ciudadanos) estadounidenses. Huawei ha sido acusada de ofrecer incentivos a sus empleados por hacerse con información confidencial de otras compañías.

Las acusaciones de espionaje corporativo y las acciones del mismo no son además algo limitado solo a las empresas de tecnología. Las compañías de muchos sectores y de muchas áreas pueden ser víctimas (o ejecutoras) de acciones de espionaje, como han ido demostrando sentencias, acusaciones y temores.

Una sentencia estadounidense acaba de poner fin a una trama de espionaje entre empresas de la industria del pescado. Y en España una de las tramas noticiosas destacadas de lo que va de año es un escándalo vinculado a espías y corporaciones, el caso de espionaje corporativo de BBVA, con muchas y muy diversas presuntas ramificaciones.

Estrategia de marca, secretos de diseño o datos de clientes

Una empresa británica de seguridad corporativa estimaba que cada año se pierden 1,1 billones (españoles, trillones anglosajones) de dólares por culpa del espionaje corporativo, una cifra que supera a la del impacto del cibercrimen en robo de bases de datos (400.000 millones de dólares). Los espías corporativos buscan secretos comerciales, información de clientes, datos financieros y, por supuesto, datos de la estrategia de marketing.

Algunos casos de espionaje corporativo que han salido a la luz incluyen pasar diseños del producto que va a salir al mercado como elemento rompedor (le pasó en los 90 a Gillette con su último modelo de maquinilla), crear una especie de guerrilla que ataque a un competidor (Oracle acusó también en los 90 a Microsoft de hacerlo) o robar la línea de estrategia de negocio y desarrollo de la marca (Hilton fue acusada de hacerlo a finales de la década pasada).