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Muchos son los titulares que ha dejado la cumbre del G20, que se ha estado celebrando en Japón en los últimos días. Uno de ellos fue una de las noticias del fin de semana y fue una de las sorpresas, uno de los titulares más inesperados. La cumbre del G20 se convirtió en el escenario para la última entrega (quizás la definitiva) en el culebrón protagonizado por Huawei, el tira y afloja que protagonizan con EEUU por la infraestructura 5G y que se ha convertido en un quebradero de cabeza para la compañía china en lo que a reputación e imagen de marca toca.

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, anunciaba lo que la prensa ha traducido ya como el fin del bloqueo, al menos en parte. La administración Trump ha eliminado la prohibición de que las empresas estadounidenses comercialicen con Huawei, lo que le permitirá seguir recibiendo actualizaciones de Google y por tanto estando en el último nivel en Android o seguir contando con las apps de las compañías de moda.

Eso no implica, sin embargo, que Huawei pueda vender sus productos en EEUU. Como puntualizaban en el análisis que publicaban en The Wall Street Journal, es como si les hubiesen echado un cable, pero no tanto como si hubiesen llegado a puerto seguro todavía (al menos en lo que respecta al mercado estadounidense). El Journal hace un paralelismo entre lo que le acaba de ocurrir a Huawei y lo que le pasó en el pasado a ZTE también en relación con el mercado estadounidense.

Lo que sí está claro es que, pase lo que pase en el futuro inmediato con respecto a la marca en EEUU, lo que Trump ha anunciado sí elimina ya las barreras que se habían convertido en un lastre para Huawei en otros mercados, como el europeo. En Europa, donde el fabricante de terminales móviles tenía una inmensa cuota de mercado, la decisión estadounidense había tenido efectos terribles para su imagen de marca (los titulares y las decisiones estadounidenses hacían que pudiese parecer inseguro) pero sobre todo para sus ventas (ya que los consumidores temían quedarse con versiones de Android obsoletas y, sobre todo, perder el acceso a los servicios que más les interesaban).

La marca se había quedado en el limbo, una vez que EEUU la había puesto en la lista negra y había impedido a sus empresas hacer negocio con ella (a pesar de que poco después de que la situación estallase se anunciase una moratoria).

Los efectos del bloqueo

Los efectos fueron inmediatos. En los días posteriores, por poner un ejemplo, la prensa económica española publicó de forma recurrente artículos en los que sus periodistas se iban a analizar qué se vendía y qué no en las tiendas de smartphones. Huawei, la marca favorita hasta el momento, salía bastante mal parada de sus observaciones y los responsables de las tiendas acababan explicando que a los consumidores los titulares les inspiraban cierto miedo al futuro de su dispositivo.

El proceso no ocurrió solo en España. Como explicaban en un análisis en Bloomberg hace unos días, las ventas en Europa se habían resentido. En Francia perdieron una quinta parte de las ventas y en Reino Unido las operadoras habían eliminado su último terminal de los grandes lanzamientos y los consumidores estaban cambiando sus Huawei por otros terminales. Esto era un problema para la compañía, explicaban entonces los analistas, porque Europa era un mercado clave para el crecimiento de la marca y la venta de terminales de alta gama.

Los datos que ha dado la propia Huawei muestran el cambio. Desde mediados de mayo a mediados de junio, las ventas fuera de China de Huawei habían caído en un 40%. La compañía, de hecho, estimó que iban a cerrar 2019 con unos ingresos que serían unos 30.000 millones de dólares inferiores de lo que deberían ser por culpa del bloqueo.

¿Puede recuperarse la marca?

Cuando durante el fin de semana se hizo público el movimiento de la administración estadounidense, en Twitter las cuentas tech vieron con optimismo para Huawei lo que había ocurrido. Era casi un 'fin de la pesadilla para Huawei'.

Sin embargo, y ya más allá de tener en cuenta que EEUU no ha anunciado un fin del bloqueo completo, el movimiento no hace que todos los problemas estén solucionados y que Huawei pueda volver a la posición en la que se encontraba. Antes de esta debacle estaba a punto de hacerse con el cetro de la marca de smartphones con más cuota de mercado del mundo y también era una de esas marcas que siempre crecen en las listas de las más valiosas del mundo. Después de todo esto, las cosas están por ver.

Porque, por un lado, entre la marca y sus consumidores ya se ha establecido una especie de brecha de confianza. Huawei no va a recuperar de la noche a la mañana a aquellos consumidores que en las últimas semanas se fueron a manos de sus competidores y a todos aquellos que temieron que sus teléfonos dejaran de funcionar. El gigante tendrá que hacer una campaña de marketing y de comunicación muy sólida y muy eficiente para recuperar las posiciones perdidas.

Y, por otro lado, tendrá que hacer balance de cómo toda esta crisis ha afectado a su reputación y al valor de su marca. Los titulares sobre la situación en la que se encontraba calaron poderosamente en la conversación y en la memoria colectiva. Para lograr reducir el daño, tendrá que hacer un trabajo de branding muy poderoso.

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