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En su última presentación de productos, se cargó una de sus esencias: la de tener una línea de productos con precios claros para una elección simple
¿Está Apple perdiendo las líneas maestras de su identidad de marca?

Cuando Apple presenta productos, las novedades que introduce y el propio evento de presentación se acaban convirtiendo en noticia. El modo en el que Apple ha gestionado estos eventos en la última década, año arriba año abajo, y el eco que logra con ellos hace que no solo estén en el mapa de forma muy visible para los consumidores sino también que se refuercen los valores de marca que promueve.

Apple ha logrado que sus presentaciones de productos funcionen como una maquinaria de marketing y publicidad, generando un impacto en medios que es el que quieren y buscan y también que transmita la idea de que son innovadores y decididamente cool.

O al menos eso es lo que estaba logrando de forma habitual y lo que sus eventos (que eran retransmitidos en directo por los medios digitales porque sabían que eran una garantía de pico de tráfico) conseguían. Que lo sigan haciendo ahora es material para el debate y para el análisis porque, quizás, la herramienta mágica de Apple para lograr asentar su imagen de marca ha empezado a hacer aguas.

Demasiados precios, demasiado complicado

El último evento de Apple ha servido para presentar nuevos dispositivos. Se esperaba que Apple presentase el nuevo modelo del iPhone (hay titulares previos al evento adelantando que si no lo hace la experiencia será un fracaso) aunque finalmente no lo hizo. Apple presentó servicios, un nuevo modelo de su reloj y una nueva versión del iPad.

Y, como apuntan en el análisis de The Wall Street Journal, tras la presentación lo que quedó fue un lío de precios.

Como señalan en la crónica de la presentación, cuando se terminó no quedaba nada claro para el consumidor qué debía consumir. Los precios de los nuevos productos no son claros, porque los nuevos dispositivos tienen características que se superponen y que hacen que los consumidores tengan que pensar qué quieren y qué les compensa.

Si hasta ahora los consumidores de Apple debían preguntarse si querían actualizar o no su dispositivo (y se daba por sentado que el siguiente siempre sería mejor), ahora es todo más complejo.

Con tantas opciones, Apple está intentando ofrecer soluciones para todo el mundo y para todos los consumidores (incluso aquellos que no quieren gastarse tanto dinero). Así pueden llegar a más potenciales consumidores, cierto, pero con ello están también partiendo de la que había sido su línea maestra sobre sus productos y cómo lanzarlos. Como apuntan en el Journal, ya no siguen las líneas magistrales que había lanzado Steve Jobs (productos muy concretos y una elección simple, con precios que no son para todo el mundo) y que se había asentado como imagen de marca.

No es el único sacrificio

Y lo cierto es que este análisis no es el único que ha hablado en los últimos años sobre cómo las presentaciones de sus productos ya no son exactamente lo que eran y también cómo la estrategia de Apple a la hora de llegar a sus consumidores está separándose de sus líneas maestras originales de marca (aunque, eso sí, no hay que olvidar que Apple sigue siendo una de las marcas más valiosas del mundo y que su valor crece año tras año).

Ya en 2016 su presentación del nuevo iPhone acabó siendo vista como aburrida. Apple no había tenido nada realmente sorprendente que presentar (hace ya unos años que sus terminales no van tan por delante de las capacidades de Android, a veces incluso presentan cosas que Android ya tiene). Los productos parecían simples versiones de ellos mismos y no la sorprendente apuesta innovadora de años atrás, una de las claves que hacían que las presentaciones funcionasen tan bien.

Apple, se preguntaban los analistas, quizás estaba perdiendo su condición de marca cool, por mucho que siguiese moviendo tanto dinero. Años después, la cuestión sigue estando presente. Apple presentaba el año pasado buenos resultados en teoría, pero cuestionables para los analistas que empezaban a temer que se estuviese convirtiendo en una marca aburrida.