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El gato ha logrado que la gente espere pacientemente viendo anuncios sus fugaces apariciones 

Puede que pocas cosas sorprendan en lo que a vallas publicitarias toca en Tokio, una ciudad llena de neones y de elementos que intentan llamar la atención. Sin embargo, una valla publicitaria lo ha logrado. Las masas de ciudadanos se posicionan con el mejor tiro de cámara y esperan pacientemente a que la estrella del momento haga su aparición.

La estrella es, casi de forma poco sorprendente, un gato, pero en este caso es gigante y ocupa una de esas pantallas infinitas que han revolucionado el digital signage.

El poder del gato es incuestionable. "La manera en la que maúlla es demasiado cuqui", le explica una de las consumidoras que mira la aparición del gato gigante a The New York Times, que ha dedicado todo un reportaje en su sección de internacional al reinado del gato en las calles de Tokio.

El gato de la valla se comporta como un gato cualquiera, maullando, durmiendo y haciendo los clásicos movimientos gatunos. De vez en cuando, saluda, diciendo nyannichiwa (como explica el Times es una palabra inventada a medio camino entre hola y miau en japonés).

Su aparición es limitada: se deja ver de forma breve durante cada hora. Mientras esperan, los pacientes fans tienen que ver anuncios y más anuncios y vídeos musicales. Dado que esta es una pantalla de última generación, el gato se presenta con la ilusión de profundidad y dimensión. El entrañable gato parece salir de la pantalla.

Aunque el gato es un éxito viral, no es exactamente un anuncio en sí. El gato, por sí mismo, no vende nada. "Hay muchas razones por las que decidimos mostrar el gato, pero una de las principales es que con el coronavirus el mundo se ha vuelto muy oscuro", explica uno de los responsables de las vallas publicitarias al Times. El gato es simplemente un contenido cuqui y feel good.

Pero al margen de eso lo que queda claro es que el gato gigante ha logrado recuperar el tráfico peatonal a la zona de tiendas en la que está y, sobre todo, ha puesto a todo el mundo a mirar una pantalla publicitaria, esperando a que aparezca y viendo mientras tanto los anuncios que les quieren servir.

El gato se ha convertido en viral y ha logrado, además, que se hable de él por medio mundo. Incluso, si no puedes acercarte a la calle de Tokio en la que se ve, puedes conectarte a un streaming en directo de la plaza en la que vas viendo todos los anuncios de la valla y las esperadas apariciones del gato.

Lo que enseña a los marketeros

Y, al final, lo que interesa de la historia del gato gigante de la valla publicitaria tokiota a los marketeros del resto del mundo no es tanto que el gato sea entrañable o que se haya convertido en viral, sino lo que dice sobre el futuro de la publicidad en exteriores y sobre el potencial del digital signage.

Así, el gato está dando una poderosa lección, la de que si se sabe usar bien la tecnología y las herramientas que genera y la de que si se logra crear algo que sorprenda y, por así decirlo, enamore se conseguirá captar la atención de los consumidores.

Las pantallas ahora permiten hacerlo, siempre que se sepa generar experiencias y causar sorpresa.