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La Roomba es una aspiradora de última generación, pero lo que hace que la gente conecte con ella es que es una especie de mascota cuqui
Por qué la gente pone nombre a sus

De mi círculo de amistades más cercano sé quiénes tienen una Roomba. Sé que tienen otros electrodomésticos más. Algunos incluso los he usado yo directamente cuando he estado en sus casas. Sin embargo, y salvo contadas ocasiones marcadas por la necesidad, de esos otros electrodomésticos no hemos hablado mucho.

De sus Roombas sé anécdotas y hasta vídeos. Sé que la mayor de las hijas de unos amigos tenía un miedo atroz a la Roomba cuando era más pequeña y también sé que la gata de otra amiga tiene una relación especial con el robot aspirador. He visto vídeos y le gusta cambiar los idiomas en los que la aspiradora habla.

En realidad, hablar de la Roomba es de lo más habitual. Quienes la tienen acaban metiéndola en sus conversaciones y quienes no la tenemos acabamos escuchando hablar de ella una y otra vez. Los usuarios que tienen gatos no solo hablan de su aspiradora con sus amigos: también suelen subir vídeos a las redes sociales (algunos virales) sobre cómo sus mascotas interactúan con ella. Que un gato se suba a la Roomba y se vaya de excursión por casa es, a tenor de estos vídeos, algo habitual. En internet, de hecho, no es difícil encontrar vídeos sobre gatos y Roombas.

Todo ello deja claro que la Roomba no es una 'simple' aspiradora, sino algo más. Los vínculos que han establecido los consumidores con sus robots aspiradora van mucho más allá de la simple relación de uso, como ocurre con la nevera o con la cafetera.

Por mucho que se ame a la cafetera Nespresso que se tiene en casa, por poner otro ejemplo de electrodoméstico que causa un cierto furor marquista, los consumidores no suelen ponerle nombre a su cafetera y mandar vídeos a sus amigos de cómo hace café. La única foto emocionante de mi Nespresso que envié por Whatsapp se la mandé a mi hermana y por la simple razón de que había sido ella quien me la había regalado.

La identidad de marca de Roomba, por tanto, se ha asentado partiendo de la conexión emocional que los consumidores tienen con ella. Es algo que los propios fabricantes de la aspiradora descubrieron hace unos años, cuando tras años de tirón la mejoraron y vieron como las ventas empeoraban. Lo que fallaba era, como explica en su libro Small Data el experto en marketing Martin Lindstrom, que los creadores del producto no habían tenido en cuenta los elementos que hacían que la Roomba conectase emocionalmente con sus consumidores.

Los ingenieros de desarrollo habían hecho al nuevo modelo mucho más sofisticado tecnológicamente. La Roomba ya no hacía ruiditos cuando se quedaba atrapada en una esquina. Habían eliminado el factor "cute", el riquiñismo de la aspiradora. Había pasado a ser simplemente una "alternativa high-tech a la aspiradora" y, aunque en esencia eso era, su relación hasta ese momento con sus usuarios no estaba limitada a ello.

Sí, sus usuarios eran early adopters de tecnología y la veían de una manera en cierto modo similar a sus dispositivos electrónicos.

Una mascota con nombre

Sin embargo, también la veían como algo mucho más cercano - de una manera subconsciente, claro - y conectaban a la aspiradora a cuestiones mucho más emocionales. Lindstrom hizo un estudio con usuarios de la Roomba y descubrió, colándose en sus casas, que "cada uno de ellos tenía una relación íntima con sus Roombas, tratándolas casi como un miembro de la familia".

La Roomba no solo aspiraba. Era casi también una especie de mascota. Muchos usuarios le habían puesto nombre y cuando hablaban de su Roomba o describían el producto solían acabar mencionando la palabra "cute" (cuqui). A los consumidores, explica Lindstrom, les encantaba cómo su Roomba recorría la casa y los sonidos que hacía cuando chocaba con una pared o se encontraba un obstáculo.

Por descubrir, Lindstrom hasta descubrió que algunos usuarios masculinos usaban a su Roomba, de un modo inconsciente, como un compinche a la hora de ligar. Dejaban su Roomba más o menos visible, pero de forma casual, para que fuese vista cuando invitaban a mujeres a sus apartamentos.

No fue el único elemento inconsciente que el investigador descubrió. Para muchos usuarios, que tenían trabajos serios y ultraorganizados, su Roomba era su momento de "romper el marco". Los momentos "romper el marco" son espacios en los que los adultos se liberan de los límites de la edad adulta y de sus responsabilidades, explica Lindstrom. Son como un momento de escape. Su Roomba, aunque los usuarios no fuesen conscientes del todo, lo era para ellos: era algo que conectaba con su yo interior más joven y despreocupado.

Por supuesto, los creadores de la Roomba volvieron a recuperar los ruiditos y los elementos que hacen que la aspiradora resulte entrañable.