Oscar Del Santo (Twitter: OscarDS) es uno de los especialistas en comunicación y marketing online...
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Los Juegos Olímpicos parecen haber calentado Twitter en Gran Bretaña. Desde su comienzo, los desgraciadamente tan habituales mensajes abusivos innecesariamente insultantes e hirientes de los ‘trolls’ parecen haberse recrudecido y alcanzado unas cotas de mal gusto que han llevado a muchos en ese país a preguntarse si no ha llegado ya el momento de tomar medidas legales y de otro tipo para poner freno a las deleznables prácticas de los gnomos malvados del ciberespacio.

El odio tuitero parece cebarse por igual con atletas, políticos, artistas y estrellas sociales y, por supuesto, con el común de los mortales (el que les escribe ha sido víctima de más de un ataque ad hominem totalmente injustificado y desde luego no provocado). La gota que parece haber colmado el vaso en Inglaterra parece haber sido, sin embargo, los tuits denunciados por el famoso ex futbolista del FC Barcelona y conocido presentador deportivo Gary Lineker, cuyo hijo ha tenido una dura batalla con la leucemia que fue objeto de burla y desprecio por parte de un infumable troll en el microblog del pipiolo azul.

Y no es ni mucho menos el único caso. Los comentarios racistas y las fotos mutiladas de ella misma han provocado que la actriz de uno de los más famosos culebrones televisivos británicos (‘Coronation Street’) haya abandonado el microblog y declarado que siente que Twitter se ha convertido en el ‘patio del colegio digital para los bullies (matones)’. De la misma opinión es una parlamentaria conservadora (y casada con un judío) que fue vilipendiada nada menos que con un uniforme nazi y que se ha quejado repetidamente a la dirección de Twitter, hasta ahora sin respuesta. Sin embargo, la policía británica ha declarado su intención de intervenir e impedir que los ‘trolls’ más odiosos arruinen la vida de una persona o traspasen los límites de la libertad de expresión según las leyes británicas.

Si en el Reino Unido el ‘cyber bullying’ hace estragos, en España una de nuestras especies autóctonas más destructivas y que ya nos ha causado una guerra civil en el siglo XX y un grupo terrorista que ha llegado hasta el XXI (esperemos que definitivamente en vías de desaparición) campa por sus respetos y parece gozar de excelente salud. Me estoy refiriendo a los sectarios - tanto en sus facetas política, religiosa, nacionalista, futbolera y otras – que ejercen su tiranía sobre el microblog desde con cuentas creadas a tal efecto contra partidos y personas y que se dedican sistemáticamente a ridiculizarlas hasta con estruendosas y furibundas descalificaciones y menosprecios contra quien ose opinar diferente.

Estos fundamentalistas de nuevo cuño pretenden amedrentar a todos aquellos que no compartimos su estrechez de miras y que nos consideramos libres para criticar y valorar las acciones o políticas de éste o aquel gobierno o comentar hechos puntuales de nuestra vida económica y social desde la independencia, la no adscripción a credos, la heterodoxia y la libertad. Sus ataques suelen incluir descalificaciones personales y profesionales y condenas metafóricas a la hoguera cuando osamos pensar – y no digamos ya opinar - diferente. ¡Qué bueno sería que comprendieran nuestros dañinos sectarios las sabias palabras de Paulo Coelho cuando afirmó que ‘no todo en la vida es de un color o de otro; miren sino el arco iris’!

Si es cierto que su conducta es a todas luces reprochable, también lo es que muchos parecen a veces ahogarse en un vaso de agua o haberse caído de un guindo. No nos puede ni debe sorprender que en un país como España (y dados nuestros condicionantes históricos) nos encontremos con nacionalistas excluyentes, fundamentalistas de izquierdas y de derechas, hinchas que proclaman ‘querer más a su equipo que a su vida’, defensores de la única fe verdadera y otras especies tuiteras bisoñas que haremos bien en evitar. Y es precisamente aquí donde la infrautilizada posibilidad de bloqueo en Twitter debe hacer su aparición, y no debemos tener ningún reparo en aplicarla a todos aquellos que nos falten al respeto, nos acusen injustificadamente o no sepan ni quieran atender a ninguna razón que se salga de su tristemente limitada y ortodoxa visión. Nuestro ‘timeline’ está sin duda mejor sin ellos.

El tiempo dirá si los peores augurios se cumplen y comenzamos a ser testigos de algunas de las iniciativas de censura propuestas por los más radicales para lidiar con el creciente problema de los ‘trolls’ y los sectarios en Twitter. Surgen las dudas con respecto al impacto que esto tendría sobre la libertad de expresión y en quién se convertiría en el ‘censurador oficial’, aparte de los ya existentes tribunales. Lo que sí está claro es que todos aquellos que deseamos que Twitter siga siendo un ‘arco iris’ (en palabras de Coelho) y espacio abierto en el que podamos intercambiar opiniones con respeto y educación hemos de luchar con todas nuestras fuerzas para que no termine convirtiéndose en un territorio hostil en donde imperen el amedrentamiento y el miedo. A aquellos que quieran imponer esa ley, nos tocará siempre desenmascararlos.

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