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Las redes sociales nos hacen dormir peor 

Una de las palabras de 2020 fue doomscrolling, un término que había nacido en 2018 pero que se puso de moda para hablar de cómo se consumía información en redes sociales en el año del coronavirus. Los usuarios estaban entregados a un scroll infinito de malas noticias, del que parecía imposible escapar.

El por qué los consumidores estaban atrapados en ese escenario y el por qué no se podía dejar de consumir tuits y más tuits sobre lo que estaba pasando tenía una explicación científica. Dado que nuestro cerebro está programado para estar atento a todas las señales de peligro, visualizar todos esos contenidos en una especie de continuo tenía mucha lógica.

Al mismo tiempo, la situación se vio como un ejemplo más de cómo las redes sociales han entrado en la vida cotidiana de las personas y cómo se han convertido casi en algo inevitable, un elemento omnipresente y que tiene un efecto directo sobre nuestro día a día. A pesar de que las redes sociales han ido pasando diferentes crisis y a pesar de que han mutado los centros de poder y de interés, los social media son un elemento de importancia muy elevada en la vida de los consumidores.

Uno que sirve para cosas positivas - desde mantener el contacto con familiares a acceder a los últimos temas del momento - y para otras no tan positivas. Más allá de los efectos que las redes sociales tienen en privacidad, desinformación y fake news, también lo tienen en nuestros comportamientos en tiempos de estrés y hasta en nuestra salud.

Al fin y al cabo, el doomscrolling lograba que fuese imposible de desconectar y no tenía el mejor efecto en la salud mental en un momento complicado. No es el único problema que se vincula con las redes sociales en términos de salud. En los últimos años han aumentado las críticas sobre su papel en diferentes cuestiones, como por ejemplo la calidad del sueño.

Las redes sociales y el sueño

Por ejemplo, los estudios demuestran que los adolescentes pierden calidad de sueño por culpa de las redes sociales. Desde la Universidad de Glasgow, que acaba de crear un índice para medir ese efecto, apuntan que los adolescentes que pasan cinco o más horas al día usando redes sociales muestran una mayor probabilidad de tener problemas de calidad de sueño.

Los investigadores dejan claro que no hay que demonizar por completo las redes sociales (que son una forma de socialización, aunque distinta), pero sí que hay que tener cuidado con cómo puede afectar a otros aspectos. "Los jóvenes necesitan calidad de sueño, pero también las interacciones con sus pares que las redes sociales proveen, especialmente durante una pandemia", explica Heather Cleland Woods, coautora de la investigación, en una nota de prensa.

La investigación no es la única que ha analizado cómo impacta en el sueño el uso de redes sociales. De hecho, casi se podría decir que es un elemento recurrente el de analizar los patrones de uso de pantallas antes de irse a dormir como elemento que impacta en la calidad del sueño y los problemas de insomnio. La recomendación recurrente es la de que, con cierto margen antes de irse para cama, hay que ir apagando las pantallas.

El papel de las marcas en todo esto

Y, aunque todo esto puede parecer un elemento de la sección de bienestar de los medios y algo a lo que las marcas no deberían prestar tanta atención, nada más lejos de la realidad.

Dado que las redes sociales son una parte muy importante de la estrategia de marketing y dado que los consumidores quieren que las marcas muestren una preocupación creciente por ellos, su bienestar y los efectos de sus acciones en la vida diaria, los marketeros deben tener muy presente todo este tipo de datos cuando diseñan sus estrategias y cuando las ejecutan.