PuroMarketing: Noticias de marketing, publicidad y marcas

¿Dónde está el límite de lo que se puede emplear para vender y de los elementos que se pueden usar como reclamo? Si en los últimos años el marketing olfativo y el marketing sensorial se han vuelto más y más comunes, a las marcas no les queda más remedio que ir un paso más allá y buscar acciones más sorprendentes, más llamativas y más impactantes. El marketing de guerrilla se ha convertido en un activo... y el cuerpo humano en uno de sus escaparates para posicionar sus mensajes.

La última de las propuestas llega de Suecia, donde una cadena de tiendas de alimentación de productos de consumo rápido ha convertido los ojos de sus vendedores en el material promocional. Lo han bautizado como eyefluencers o, como apuntan en la descripción que hacen de la campaña desde la agencia responsable, E2E (eye to eye) marketing, marketing ojo a ojo.

La campaña es un trabajo de Akestam Holst, una agencia sueca, para Pressbyrån, una cadena de tiendas para compras de última hora o de cosas de consumo inmediato (las que se llaman en inglés convenient store, que son la clásica tienda de la esquina).

La compañía (que es la cadena más grande del país de este tipo de establecimientos) quería potenciar las ventas en el día nacional del bollo de canela, un día destacado en el calendario pero en el que cada vez hay más competencia en ventas. En lugar de optar por una campaña con influencers o una campaña tradicional, como hizo la competencia, diseñaron una campaña visual.

Los empleados de la cadena llevaron, durante ese día, lentillas que convertían sus iris en bollos de canela, para así sorprender y conectar con los consumidores. Los trabajadores solo se pusieron las lentillas durante ese único día y, según ha dejado claro la empresa, ponérselas era voluntario (pero al parecer los empleados recibieron la campaña de forma positiva).

Haya inventado o no la agencia responsable un nuevo canal de comunicación con los consumidores y un nuevo tipo de marketing, lo cierto es que no es la única que ha hecho marketing ya empleando el cuerpo humano.

Axilas, tatuajes y hombres anuncio

No hace tanto una empresa japonesa presentó una delirante idea publicitaria (que posiblemente era publicidad en ella misma) comercializando las axilas de los viajeros de transporte público.

La Wakino Ad Company permitía comprar espacios en las axilas de los viajeros: cuando estos estuviesen de pie y agarrándose a las barras del metro o del bus, los demás viajeros podrían ver los mensajes de marca. Cada hora publicitaria salía a unos 77 euros y una empresa de depilación fue la primera en emplear el formato.

La publicidad corporal es, al final, casi tan vieja como el consumo de la vida moderna. Durante el siglo XIX y principios del XX, los hombres-anuncio eran muy habituales en las calles de las ciudades. De hecho, para los habitantes menos afortunados de las grandes capitales de la época, era uno de los posibles - y precarios - trabajos disponibles. Al hombre-anuncio, con el mensaje en tablones, se sumaron también los que se disfrazaban de personajes (y que han tenido una vida mucho más larga, no resulta todavía difícil encontrárselos por las calles).

Las acciones más arriesgadas llevan a los consumidores por amor o por dinero a tatuarse las imágenes y los logos de las marcas en su cuerpo. En uno de los eventos de Juego de Tronos de sus años de máximo fervor, los asistentes podían tatuarse algo vinculado al universo de la serie de forma gratuita, por ejemplo. Pero los tatuajes de marca también han sido un formato - igual de llamativo y delirante que los de las axilas - publicitario.

Durante la burbuja de las puntocom, muchas de esas empresas pagaron cantidades importantes a ciudadanos que se atreviesen a tatuarse sus logos (tatuajes que duraron más que las propias empresas) y algunas campañas virales, como una de Domino's Pizza, han prometido productos gratis a quienes se tatuasen el logo de su empresa.

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