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  • OPINIÓN
Cuando cambiamos la forma de ver las cosas las cosas cambian

La falsedad no vende, ni prospera. Tengo una amiga, a la que quiero mucho, que siempre dice que no le gusta trabajar, y que sólo trabaja por dinero. Mi amiga lo dice con autoridad, y con esnobismo. En algún momento de su vida, debió pensar que eso de trabajar por dinero era chic. Yo no la creó. Gracias al trabajo nos ganamos la vida, un hecho que nos da independencia y nos revaloriza. La calidad  con la que desarrollamos nuestra tarea, en términos productivos y humanos deja huella, esa huella es en gran medida nuestra marca personal, porque además de hijas, compañeras, madres, novias y hermanas o amigas de, hacemos algo tan bien que se nos compensa con un salario, con un premio, o con el reconocimiento público de haber aportado. Hacer un pastel, o ganar un juicio, es un logro. Y un objetivo alcanzado. Son cosas que hacemos por nosotras mismas y para los demás.

No he escuchado a ningún hombre decir algo parecido, cuando ellos dicen que trabajan por dinero, ponen en valor tal hecho. Conscientes de que ganar dinero es su trabajo.

Con más de 6 millones de parados, hablar de trabajo, es hablar de un derecho y de una necesidad, pero también lo es hablar de marca personal en femenino. Porque ahora más que nunca, muchas mujeres van a tener que ser emprendedoras y autoemplearse y van a necesitar ponerse al frente de ellas mismas y averiguar que  saben hacer mejor que nadie, perfeccionarlo y diferenciarlo. Cuando estén satisfechas y seguras de que van a aportar algo deben compartirlo colocándose  en un lugar visible para ser elegidas por su público. Sólo lo genuino vende.

Las chicas jóvenes y mujeres no tan jóvenes sabemos mucho de reputación. Y de imagen. En la tercera ola del feminismo,  decidimos que éramos libres de ser objeto o sujeto sexual y de ser todo lo femeninas o masculinas que nos diera la gana. Ahora el  feminismo de la cuarta ola tiene en su agenda los derechos culturales, sexuales y reproductivos desde una perspectiva de género perfeccionada y mejorada que incluye a los hombres. Sin complejos ni estereotipos  y de forma asertiva. Sin miedo a no gustar o a ser rechazadas o rechazados. Hemos alcanzado la autonomía, y por lo tanto la independencia. Ya no hay excusa para no reconocer nuestra responsabilidad, como personas, en nuestros éxitos y también en nuestros fracasos.

Un mundo compartido

Cada vez hay más mujeres que rechazan  puestos directivos porque eligen a su familia o a la inversa. Y cada vez la idea de conciliar es una idea mejor percibida por ambos géneros que comparten custodia de niños y ancianos. Ya no es una rareza que un hombre se responsabilice durante unas horas o unos años de la familia porque su mujer es una directiva, una médico o una ministra.

Afortunadamente van apareciendo cada vez más libros sobre liderazgo femenino, ya que el Management es para ellos. Y ya es habitual  que la jefa se enamore de su subordinado. Véase el matrimonio Obama. O la película "La proposición" dónde además ella es mayor que él.

Si es cierto que aún nosotras tenemos menos referentes, y muchas menos mentoras. Pero eso lo está cambiando la cuarta ola. Gracias a las redes sociales, cada  vez valoramos más a las pioneras, y les damos visibilidad. Y cada vez cooperamos y compartimos más.

Una mujer ha de hacer bien las cosas y hacer que se sepan. Un hombre también. Pero quizás sea mejor cuando estas empezando que tu mentor si eres de este género femenino,  sea  otra señora a la que respetes por su trayectoria.  Para las chicas la marca personal es tomar conciencia de que no deben  delegar su futuro en manos de nadie que no sean ellas mismas. Los libros de autoayuda no son para directivas ni para profesionales. El inglés no se aprende en 10 días. Hay cosas que hay que hacer de la mano de un experto. La marca personal es una de ellas.

No pierdo la esperanza de que un día mi amiga cambie su forma de ver su trabajo y grite al viento lo mucho que le gusta. Ese será uno de sus logros, el que posiblemente la hará más libre y menos dependiente.