Formadora y Profesora de Retórica en la Universidad Francisco de Vitoria. Grado de Publicidad. #MarcaPersonal...
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Está demostrado que las personas que son capaces de comunicarse con fluidez, y que aprenden a estructurar sus ideas con claridad antes de exponerlas ante una audiencia, aumentan de forma exponencial sus probabilidades de éxito en todos los ámbitos de su vida.

Es más. Entre dos personas que posean exactamente los mismos conocimientos, aquella que sepa dirigirse a un auditorio y gritar a los cuatro vientos lo que sabe, ganará por goleada a la persona que no sea capaz de desarrollar la habilidad de hablar en público. Si bien es cierto que todos los humanos tenemos el privilegio de poder hablar, sólo unos pocos llegan a dominar lo que otros pocos llaman "El arte de hablar en público".

A la hora de construir nuestra Marca Personal, de poco nos valdrá tener muy claro quiénes somos y en qué somos buenos, si no somos capaces de comunicarlo verbalmente. No hablamos de convertirnos en expertos oradores, ya que eso sólo lo da la práctica y el trabajo exhaustivo en dicha materia, sino de poder expresarnos en público de una forma convincente y correcta, procurando que tu "discurso" contribuya de forma positiva a consolidar tu "huella".

Un periódico de tirada nacional destacaba hace poco en uno de sus titulares que "Los terapeutas alertan de que un 70% de personas tienen miedo a hablar en público y que el exceso de control, la evitación o la autoexigencia derivan en pánico escénico"

Yo me atrevo a añadir que entre los motivos por los que los españoles tenemos tanto miedo a hablar en público está la cantidad de prejuicios que tenemos y el gran miedo a hacer el ridículo que desarrollamos desde la infancia.

"PREJUICIOS" Y "MIEDO AL RIDÍCULO", PRINCIPALES CAUSAS DEL MIEDO A HABLAR EN PÚBLICO

Si lo analizamos bien, nos daremos cuenta de que desde edades muy tempranas, cuando nuestros profesores nos pedían que saliéramos en clase a exponer algún trabajo o a escribir en la pizarra, la mayoría de nosotros nos comenzábamos a sentir muy nerviosos e inquietos. La escena solía vivirse como un verdadero castigo para aquel o aquella que le hubiese tocado ese día salir delante de sus compañeros.

Literalmente aquella situación era para muchos un verdadero castigo que terminaba cuando la profesora pronunciaba las palabras "Puedes volver a tu sitio". Nadie nos ha enseñado a hablar en público. Nuestro sistema educativo deja mucho que desear en este aspecto.

Tuve la suerte de ejercer como profesora de lengua y de literatura para niños y adolescentes durante tres años y puedo asegurar que muchos de mis alumnos me suplicaban que no les sacase nunca a exponer delante de sus compañeros. Al preguntarles porqué tenían esa "fobia" paralizante a hablar en público, me explicaban que lo vivían como un verdadero drama. No soportaban tener la sensación de ser el centro de atención y no soportaban sentir que se convertían en el motivo de las burlas, comentarios y risas que percibían por parte de sus compañeros.

Algo, por otro lado, muy normal de entender, si tenemos en cuenta que la gran mayoría de nuestro profesorado no está entrenado para manejar ese tipo de situaciones. Hoy por hoy, salir a hablar en público en una clase sigue siendo lo más parecido a un "circo" ; algo expectante, novedoso y muy divertido para todos, excepto para el que ese día le toca hacer de "payaso".

Si ya desde pequeños percibimos el hablar en púbico como un castigo, no es extraño que hayamos crecido con un sin fin de prejuicios sobre lo duro que es hablar en público y hayamos desarrollado un enorme miedo a hacer el ridículo ante dicha situación.

En general los españoles somos una sociedad formada por personas que sufrimos de un enorme miedo al ridículo y de un sin fin de prejuicios. Estas son precisamente las dos grandes causas por las que las personas sienten ese gran pavor a hablar en público.

MIEDOS IRRACIONALES AL HABLAR EN PÚBLICO

Para Rafael Santandreu, psicólogo y autor de libros como "El arte de no amargarse la vida", explica que nuestro miedo a hacer el ridículo cuando hablamos en público no es más que el "miedo a no ser aceptados por los demás". Y añade que "tenemos la creencia irracional de que deberíamos ser aceptados por los demás en lugar de pensar que , si bien me gustaría ser aceptado por los demás, no pasa nada si eso no ocurre porque no necesito la aceptación de los demás para ser feliz".

Está claro que si superamos el miedo irracional a ser juzgados y relativizamos la importancia que le damos al juicio de los demás lograremos salir al escenario mucho más tranquilos.

Estoy convencida de que si hacemos esto lograremos cambiar nuestras ideas limitantes que nos dicen "seré terriblemente juzgado" , por otras ideas más amables que nos digan por ejemplo que "hablar en público es una oportunidad maravillosa para aprender y para compartir mis conocimientos".

En general los miedos irracionales que nos invaden a la hora de hablar en público son "fantasmas" (En realidad no existen tales amenazas) que se convierten en pensamientos paralizantes diciéndonos cosas tan terribles como "voy a fracasar" o " voy a hacer el ridículo".

En el siguiente apartado veremos que, si trabajamos con suficiente antelación nuestra presentación y cuidamos al máximo de todos los detalles, no tendremos porque tener miedo al fracaso y reduciremos en un gran porcentaje nuestro miedo a hacer el ridículo.

Aún así es importante saber que hasta los más experimentados ponentes y oradores confiesan sentir cierto grado de miedo y cierto nivel de nervios antes de cada una de sus intervenciones. Esto no sólo no es algo negativo, sino que creo que es un síntoma de responsabilidad por querer hacer un buen trabajo.

MIEDOS RACIONALES

Una vez superados los miedos irracionales que ya hemos dicho que son esos "fantasmas" que nos impiden pensar con claridad y nos atormentan con mensajes como "Voy a hacer el ridículo" o "voy a fracasar", nos queda trabajar con los miedos racionales.

Los miedos racionales que solemos tener al hablar en público son varios; entre ellos destaca el miedo a quedarnos en blanco en medio de una presentación, o el miedo a que nos falle nuestra presentación de apoyo, o porque no, el miedo a que nos hagan una pregunta incómoda o difícil de contestar. Todos estos miedos son solventados con algo que es vital para cualquier persona que se dedique a hablar en público; la preparación y el no dejar nada al azar.

Quienes afirman que la improvisación es un don , simplemente no saben lo que dicen. La mejor improvisación es aquella que nos hemos preparado hasta la saciedad. Lo mismo ocurre con todos los aspectos a tener en cuenta cuando vamos a hablar en público.

Lo más recomendable es llevar siempre todo controlado mediante una eficaz "checklist" que nos facilite el acordarnos absolutamente de todo antes de una intervención en público: proyector, cables, tipo de sala, tipo de público, atril, escenario, micrófono...

Ni que decir tiene que además de todo lo anterior una de las cosas más importantes para hablar en público con éxito es haber trabajo hasta la saciedad el contenido de nuestra charla. Tenemos que sentir que dominamos el tema y tenemos que lograr vincular nuestra pasión a los contenidos que vamos a transmitir; creer en ellos, estar convencidos de que lo que estamos contando es útil para nuestro público.

Os aseguro que no hay nada que ofrezca más seguridad a un ponente que el poder vincular su pasión a su discurso, y esto sólo se logra cuando hemos trabajado durante muchas horas en la preparación exhaustiva del tema que vamos a exponer y hemos acumulado experiencia personal y profesional suficiente para poder hablar con rigor y con potestad de un tema que , si logramos que además nos "apasione", tendrá todas las bazas para hacerte "brillar con luz propia".

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