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Aunque aseguran ser indiferentes ante los logos, en realidad estos tienen una importancia muy elevada en memoria y experiencias
Por qué muchos consumidores reaccionan de forma pasional o negativa cuando las empresas cambian sus logos

No son pocas las compañías que lo han vivido. La empresa decide renovar su imagen, busca darle un aire más moderno o llegar a un nuevo público y arranca los ajustes cambiando su imagen corporativa. Tras muchos análisis y muchas idas y venidas en los procesos de toma de decisiones, presenta al mundo su nuevo logo. Lo único que consigue es que los consumidores se lancen a las redes sociales a comentar con pasión sus sentimientos por esa nueva imagen. Los sentimientos suelen ser, por cierto, bastante negativos.

Si los consumidores repiten que no les interesan las marcas, que están hartos de su spam y que las empresas son demasiado pesadas, ¿por qué cada vez que estas hacen un ajuste en su imagen se convierte en motivo para todo tipo de argumentos pasionales y de opiniones encendidas?

Las compañías asisten a un escenario en el que todo el mundo tiene opiniones y en el que estas son brutales.

Por tanto, habría que preguntarse si los consumidores son tan indiferentes como dicen y por qué tienen posiciones tan encendidas sobre los logos, sus características y sus reajustes de imagen. Como explican en una columna en FastCompany, aunque la gente asegura que es indiferente a los logos y que les dan exactamente igual, sus reacciones encendidas no dicen lo mismo.

Estas pasiones por los logos se explican por varias razones, conectadas con el cómo percibimos los logos y cómo conectamos con ellos sin ser muy conscientes.

Lo que nos une a los logos

La primera razón por la que los consumidores reaccionan tan mal a un rebranding y se posicionan de forma tan vocal ante un nuevo logo está en la experiencia vivida. En realidad, no se trata de que de pronto sean ultra expertos en cuestiones de diseño y se hayan convertido en defensores de unos formatos frente a otros. El vínculo está en que ese es el logo que conocen, aunque no hayan prestado mucha atención a su existencia hasta este momento. Es el logo con el que han vivido cosas.

Como explica el artículo, eso explica la furia de los fans del fútbol ingleses cuando la Premier League cambió su logo. El odio no fue tanto por disgusto ante el nuevo, sino más bien porque el viejo estaba conectado a vivencias y a hitos. Cuando el logo cambia, los consumidores sienten que pierden la conexión con esas vivencias y experiencias del pasado.

Y ahí es donde entra el segundo punto claro: la nostalgia y los buenos recuerdos. La nostalgia se ha convertido en algo que nos hace sentir mejor, que nos lleva de una forma rápida y se podría decir directa a un recuerdo de un tiempo mejor. De hecho, el nuevo logo de Burger King es casi una confirmación de esta percepción, señalan. Ha asumido un look retro, porque conecta a los consumidores con momentos felices.

Los logos son atajos y, en este terreno, se posicionan como billetes directos a las sensaciones positivas. Se convierten en algo feel good gracias a la nostalgia que generan. Entre muchos de nuestros logos favoritos, por ejemplo, están aquellos que asociamos a la infancia, porque son los que tenemos entre los recuerdos de un tiempo mejor y más feliz.

Y, finalmente, en el artículo también destacan otro punto clave (y un tanto sorprendente, casi se podría decir). Es el amor que descubrimos cuando algo desaparece. Esto es, no nos damos cuenta de lo importante que era para nosotros hasta que la marca en cuestión decide que ha llegado el momento de cambiar el logo.