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Parece el camarero de un bar hipster, critican los consumidores en la red
Pringles por fin adapta su nuevo logo a sus productos

Parece ya una ley de vida. Una marca con un logo popular y muy reconocible lo cambia, lo lanza con toda su buena intención - y sus aspiraciones de rejuvenecer y sacarle beneficios al rebranding - y los consumidores reaccionan con espanto. Abren sus cuentas en redes sociales y dan rienda suelta a todo su odio.

A varias marcas les ha pasado ya - algunas con resultados dignos de las pesadillas de los marketeros (véase el caso de Gap y cómo tuvo que volver al logo antiguo o el de Tropicana y su caída de ventas por el nuevo logo) - y a otras muchas les seguirá pasando.

La última marca en cambiar un logo popular ha sido Pringles, aunque en realidad, esta evolución de su anterior logotipo fue ya presentada el pasado año 2020. Ahora, un año después, las famosas patatas fritas que se venden en lata han incorporado la imagen del nuevo logotipo.

Han hecho lo que tantas otras marcas han ido haciendo en estos últimos años para lograr mejores resultados visuales en internet: El nuevo logo de Pringles usa un diseño plano, con colores mucho más simples y acabados mucho más claros.

Julius Pringles, el personaje de la marca, ha perdido pelo, tiene ahora cejas y ha cambiado la pajarita roja que llevaba antes por una que es - en un guiño de marca - el propio nombre de las patatas.

Todo es más sólido - también han rediseñado el packaging - y el resultado final es el de un diseño mucho más limpio. Pringles ha presentado el nuevo logo describiéndolo como más juvenil y también señalando que el estilo de su personaje de marca/logo es ahora similar al de un emoji. Sobre eso no hay mucha discusión posible. El logo es, sin duda, dentro del estilo de los emojis.

El camarero de un bar hipster

Lo cierto es que el cambio no es completamente del todo nuevo. En Estados Unidos se lanzó ya el pasado mes de diciembre, pero no es hasta ahora que ha llegado a Europa. El lanzamiento en Reino Unido es el que se ha hecho viral en medios, aunque solo hay que entrar en los perfiles en redes sociales en España para ver que aquí también se ha hecho un reajuste. En la página de Facebook, Pringles España tiene ya también el nuevo logo desde hace pocos días.

Es en el entorno en inglés donde las críticas al logo han sido más ruidosas (aunque en castellano también se pueden encontrar opiniones negativas en Twitter). Los internautas señalan que "ha pasado por momentos que dan miedo", que parece la versión de marca blanca de las galletas o que ahora parece el camarero de un bar hipster.

La clave del rechazo

¿Por qué estas reacciones tan extremas? Para empezar, el problema está en cambiar algo que se ve como icónico. Mr. P, Julius Pringles, existe desde 1967. Aunque han hecho ajustes desde entonces, el personaje y su identidad visual se han convertido en un icono global, que la cultura popular estadounidense ha ayudado a asentar en el imaginario colectivo vía series y productos similares. Para los consumidores, el logo es algo más que un logo.

Y ahí entra el punto clave. Cuando un logo se asienta como parte de la cultura popular, el consumidor lo siente como propio. Es algo con lo que está conectado a un nivel más profundo y los cambios se convierten en algo que va más allá de un ajuste de la marca.

La marca, de hecho, ha perdido ya la propiedad total sobre su imagen: a un nivel emocional, el consumidor siente que es propietario también. Hacer cambios se ve como una suerte de traición dentro de lo común.