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El papel es más fácil de reciclar, pero no tiene todos los beneficios que aporta el plástico para mantener los productos
Del plástico al papel: ese es el complicado camino que las marcas persiguen en packaging

A principios de año, si había una cuestión clara cuando se hablaba de packaging y cuando se analizaba cómo este debía cambiar para seguir llegando al consumidor, era la de que el plástico era, prácticamente, el demonio. El plástico se había convertido en el enemigo público número uno, ya que su impacto en el medioambiente y lo difícil que era la degradación de los envases hechos con este material (que no siempre se podía reciclar) hacían que la huella de carbono del consumo fuese muy elevada.

Justo antes del estallido de la crisis del coronavirus, se podían detectar dos grandes retos en packaging que marcaban poderosamente la agenda. Los dos tenían mucho que ver con esta creciente sensibilidad verde de los consumidores. Uno era el de que el packaging debía ir un paso por delante en términos de reciclado. El otro era el boom del consumo de productos en envases que podían ser rellenados.

Luego llegó la crisis del coronavirus y el packaging también se vio afectado por la situación. El impacto de la covid-19 en el packaging se vio en la aparición de envases temáticos y vinculados a la situación pero también en el aumento del plástico. De pronto, y para cumplir con las expectativas y las sensibilidades en higiene de los consumidores, todo se llenó de plásticos y más plásticos, fuesen o no realmente necesarios.

Pero aunque 2020 se ha convertido por tanto en una suerte de prórroga para el plástico y en un momento de descanso para el uso de este material en el envasado y presentación de productos, lo cierto es que el día después será, nuevamente, libre de plásticos.

La preocupación por lo verde y por el respeto de la naturaleza no se ha evaporado y seguirá marcando la agenda de compra de los consumidores cuando todo esto pase. Las normas que limitan el uso futuro de plásticos no han sido tampoco eliminadas o pausadas, por lo que las compañías acabarán teniendo que enfrentarse a ellas.

Papel en lugar de plástico

Y, por tanto, las grandes multinacionales no han parado en sus intentos por eliminar o reducir su dependencia del plástico. Están en busca de aquellos materiales que se pueden convertir en alternativos y que pueden cambiar cómo emplean el packaging.

Nuevamente, el papel y el cartón se están convirtiendo en las grandes estrellas de la función. El papel se ha asentado como la gran alternativa a todo en lo que las empresas usaban plásticos. No hay más que pensar en cómo cambiaron las bolsas para verlo: ahora en todas partes tienen bolsas de papel de mayor o menor calidad.

Pero la nueva frontera en el packaging y su facilidad para el reciclaje está en llevar el papel un paso más allá. Nestlé fue una de las pioneras, lanzando una chocolatina cuyo packaging estaba hecho de papel. El packaging de papel de la chocolatina era, además, una vía para presentarla de una manera completamente diferente. "Los consumidores están buscando opciones más sostenibles y naturales cuando compran un snack, tanto en términos de ingredientes como de packaging", explicaba entonces Patrice Bula, máxima responsable de unidades de negocio estratégico, marketing y ventas en Nestlé.

El grupo suizo no es el único trabajando en el salto al papel, como acaba de demostrar un análisis de The Wall Street Journal. Unilever es otro de los gigantes que lo está haciendo y Procter&Gamble también está incorporando elementos de papel fácilmente separables de lo plástico para mejorar el reciclado.

Sin embargo, hacer el salto del plástico al papel no es sencillo. Si el plástico ha sido el rey del packaging durante tantas décadas ha sido porque, al final, es un material altamente funcional. Ayuda a mantener los alimentos en buenas condiciones y los protege de los elementos, algo que el papel no siempre logra conseguir.

De hecho, ese es uno de los principales retos del packaging de papel, el de lograr que los alimentos no se pongan malos cuando estén esperando al consumidor. Y a eso hay que sumar que el packaging de papel no es fácilmente adaptable a todos los mercados. En Europa, por ejemplo, el clima lo hace más factible, porque los niveles de humedad son favorables. Es algo con lo que no pueden contar en zonas de África o de Asia.

A pesar de las dificultades, la transición del packaging de plástico al de papel se va a producir. Las empresas ya han hecho movimientos totales o parciales en esa dirección, reduciendo además el papel y el cartón al máximo posible en aquellos envases que ya lo usan. Según el Journal, la tendencia se acelerará en Europa en los próximos años. Lo hará porque los consumidores lo esperan, cierto, pero también y sobre todo porque se implantará un impuesto sobre el packaging de plástico. El papel, predicen desde UBS, se llevará el 11% del mercado del packaging de plástico de aquí a 2031 en Europa.