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Nadie a estas alturas podrá dudar del impacto y la importancia del fenómeno de las redes sociales. De hecho, estudio tras estudio vienen a confirmarnos su soberanía en la red de redes. Sin embargo, las plataformas que llegaron para conectar a las personas, pronto pasaron a convertirse en campo de batalla para las empresas. Como ha sido siempre, allí donde se reúnen las masas y se dan cita las audiencias, acuden también las marcas y anunciantes.

Pocas empresas conciben una fuerte presencia en internet sin estar  presentes en las grandes redes sociales. Y aunque los consumidores ahora más que nunca, son quienes llevan la voz cantante, las empresas no han querido dejar pasar esta oportunidad de convertirse también en "entes sociales".  Pero dicho esto ¿Que significa ser una empresa social?

Existen multitud de razones por las que las empresas, buscan un beneficio de su presencia en este tipo de plataformas.  Su potencial para los negocios es innegable si se saben bien aprovechar. A pesar de los continuos debates, se ha podido demostrar que las redes sociales más allá de ser consideradas como un canal de ventas, si pueden ayudarnos a vender. Y no solo eso. Además, las redes sociales también se han convertido en el puente de unión entre marcas y consumidores.  

A pesar de todo ello, siguen existiendo grandes brechas y diferencias, entre aquello que las empresas intentan proyectar y su verdadera forma de actuar.  Empresas y marcas se han batido durante años en la carrera por alcanzar un gran número de seguidores y fans. Muchas de ellas, alardeando de sus legiones de seguidores, pero sin embargo, también envueltas en las polémicas y crisis de reputación iniciadas tras las experiencias negativas de sus propios clientes. Muchos de ellos, manifestando esa falta de comunicación, de respuestas y de soluciones que nunca acaban de llegar. Tampoco vale aquello de generar falsas conversaciones que como distracción nos lleva a ningún lugar.

Es por ello conocida la máxima más popular de esta era de los social media.  "El simple hecho de estar por estar, no tiene sentido". Y aunque en los inicios de esta revolución social todo se basara en aquello de "sacar pecho",  el escenario de los medios y redes sociales ha seguido evolucionando y madurando hasta el punto de que estar presentes en las redes sociales, ya no es para nada una garantía, ni siquiera algo de lo que alardear. La reputación ha de ganarse a pulso y para ello, no existe más que un único camino. "Siempre escuchar sin dejar nunca de actuar ofreciendo una respuesta y solución efectiva e inmediata".

Internet ha servido para abrir los ojos a los consumidores. Un consumidor que ahora se muestra menos impulsivo pero más inteligente a la hora de tomar sus decisiones. A su vez, a través de los medios sociales, los consumidores han encontrado su mayor altavoz para denunciar y compartir abiertamente los abusos, sus malas experiencias y los problemas con las empresas y marcas. Todo ello, nos deja un interesante reflexión para comprender, que aquello de estar en las redes sociales, que tan innovador o incluso "chip" nos parecía, ha terminado por convertirse en algo tan habitual que al final, lo de menos es el estar.

No neguemos que el principal objetivo e intención de muchas empresas sigue siendo el de vender. Aunque la lista de prioridades puede variar en función de determinados aspectos estratégicos, las ventas siguen siendo el principal objetivo de todos los negocios. Sin embargo, mantener el pensamiento único de que para lograrlo solo existe un único camino y que este debe seguirse a toda costa sin considerar realmente las necesidades y exigencias de los nuevos consumidores, ha sembrado de dudas y sospechas el entramado empresarial que decide aprovechar las redes sociales a base de anzuelos y falsas promesas.

Ya no vale aquello de vender "empresas sociales". Solo es posible progresar creando y gestionando empresas dispuestas a servir y proteger realmente  a su mayor activo, los clientes. Ya no vale solamente aquello de escuchar y twittear para aparentar ser una empresa socialmente activa. Ni siquiera el manifestar las intenciones si tras ellas las evidencias nos dejan muestras de que nada es de verdad.  De que se incumple lo prometido. De que nos dejan sin respuestas ni soluciones ante una mala experiencia. La verdadera empresa social es aquella que recibe y siempre da.  El resto, por mucho que quieran abarcar en el universo de las redes sociales, jamás serán empresas sociales ni en las que confiar.

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