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En medio del escándalo en el que se encuentra la FIFA en los últimos días, puede parecer que este punto no deja de ser un elemento menor pero lo cierto es que la situación se ha convertido en una especie de puntilla que demuestra (o al menos eso es lo que reforzará en los ojos de los consumidores) que lo que hasta ahora estaban haciendo es exactamente tal y como todo parecía apuntar que era. El 60% de sus followers en Twitter es en realidad un fake.

Así lo acaba de demostrar un estudio de Elrelo.com, que acaba de analizar quiénes son los que siguen a la FIFA en Twitter y qué es lo que compone su audiencia en esta red social. En general se podría decir que el 60% de sus seguidores son cuentas de dudosa realidad. Un 8% de sus seguidores es claramente una acumulación de cuentas falsas y un 54% está formado por cuentas inactivas (que suelen meterse dentro del mismo saco en lo que a análisis de fakes se refiere).

Pero no solo la cuenta general en Twitter de la FIFA tiene una importante audiencia que es, en realidad, aire, sino que la cuenta de su saliente directivo, el que fue su presidente, Sepp Blatter, cuenta con unos ratios similares de seguidores que en realidad no son tal. Según el mismo análisis, el 62% de sus seguidores puede ser considerado también fakes.

Los datos no hacen por tanto más que reforzar la idea de que no es oro todo lo que reluce y que en lo que cuentan no hay mucho de valor. El organismo se encuentra en medio de una investigación por supuestas prácticas corruptas y por el cobro de sobornos, investigación que se ha convertido en primera de todos los grandes medios de comunicación y que ha servido para empañar no solo la imagen de la federación, sino también de sus directivos o de los diferentes grandes campeonatos de fútbol que se han jugado en los últimos años. El que sus followers en Twitter no sean más que humo es como una especie de puntilla que refuerza la imagen negativa que se está construyendo entre los consumidores en los últimos días.

Pero en general comprar followers es siempre un error. El hacerse con seguidores al peso es una realidad muy tentadora, especialmente teniendo en cuenta que solo hay que acudir a Google o a cualquier buscador para encontrar sin grandes complicaciones quienes los vendan. Comprarlos no es caro y cualquiera se puede hacer así con una audiencia masiva haciendo una pequeña inversión, pero a pesar de todo ello no es una práctica nada recomendable.

No dan ningún valor

La primera razón por la que no se deben comprar followers es evidente y muy clara: un seguidor comprado, una de esas cuentas fantasmas, no tiene ningún valor añadido. Las redes sociales funcionan muy bien para conocer a la audiencia y para entender qué es lo que quieren. Pero ¿cómo se puede hacer esto si en realidad al otro lado quien está no es en realidad nadie? Estos seguidores comprados no son fuente de ningún dato, no sirven para entender en absoluto cómo funciona el mercado y no dan ningún dato de relevancia. Solo hacen bulto.

No hay engagement y no hay interacciones

Y, obviamente, estos seguidores comprados al peso no van a comprometerse con la marca y no van a interactuar con ella. En realidad, todos los mensajes que se lanzan serán lanzados a la nada. Es como predicar en el desierto o hablar a una pared. Nadie estará escuchando realmente lo que se está diciendo y nadie estará dispuesto a responder a lo que se dice. Los mensajes se quedarán por tanto en un limbo en el que nadie tiene nada que decir. Lo importante de las conversaciones no es tanto el hablar y el tener a un millón de personas supuestamente escuchando sino, más bien, el tener una audiencia al otro lado dispuesta a escuchar lo que dices y a responder a esos mensajes.

Imagen de marca pésima

Los falsos seguidores tienen además un efecto terrible en la imagen de marca online. Llenar la cuenta de Twitter de seguidores fakes es casi como dispararse un tiro en el pie en lo que a la carrera por posicionarse en internet se refiere. Cuando los consumidores (reales) echen un vistazo para ver cómo la marca se lanza a crear conversaciones, se darán cuenta de que quienes siguen a esa marca no son más que cuentas que hacen bulto, que la compañía ha apostado por una estrategia cuantitativa en vez de cualitativa y no se sentirán muy seguros con respecto a ella.

Es como dejar comentarios positivos falsos

Y es que al final, y si se analiza con la mente fría, llenar una cuenta de Twitter de seguidores comprados al peso es exactamente igual que pagar para llenar las páginas en la que los consumidores pueden dar su opinión sobre los productos de comentarios falsos. Ni uno ni otros merecen la pena y todos tienen el mismo impacto negativo sobre la percepción que los principales consumidores reales pueden tener sobre la marca.

No hay que olvidar que lo que hace que internet sea tan poderosa y que lo que hace que las opiniones de los consumidores tengan tanto valor en la red como un elemento que hace que otros potenciales compradores apuesten por una marca es el hecho de que es algo orgánico, natural, que refleja una experiencia real de consumo. Los consumidores son además cada vez menos inocentes y están cada día más familiarizados con cómo funciona internet, lo que hace que sean mucho más hábiles a la hora de destapar el comentario falso.

En situaciones de crisis son una estocada final

Y, por si todos estos argumentos no acaban de convencer a quien siente la tentación de hacerse con 1.000 followers por unos pocos euros, los seguidores falsos son una estocada final cuando la marca se encuentra en una situación de crisis de comunicación.

El ejemplo de la FIFA es claro pero no es único. ¿O acaso no se recuerdan esos estudios que suelen analizar los grupos de seguidores de los políticos y que evidencian a aquellos que apuestan por comprar seguidores para parecer más populares? Las marcas tienen que ir con la verdad por delante, tienen que parecer más transparentes que nunca (y serlo) y tienen que moverse en un mundo en el que la ética es cada vez más importante y decisiva. Comprar seguidores al peso no encaja con ninguno de esos valores de marca.

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