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De vez en cuando, en lasrevistas de estilos de vida, aparece un artículo sobre las redessociales y sobre cómo hacer 'vacaciones' de las mismas. Se danestrategias para pasar un día sin ver las últimas actualizacionesde nuestros amigos, se recomienda reservar momentos durante el díapara tiempo sin conexión a internet y se aportan pruebas sobre loimportante y valioso que es irse de vacaciones dejándose el móvilen casa. La desconexión se ve como una especie de elementofavorable, como una cuestión que ayudará a tener, al final, unavida mejor. La ausencia de redes sociales y el estar despegado de lapantalla, aunque sea durante esos minutos 'off' que algún artículoha vendido como la gran respuesta para la felicidad, es, nosprometen, la clave para una vida más saludable y más feliz.

La cuestión podríaparecer, a priori, uno más de esos temas a los que se echa mano parallenar espacio o uno de esos temas no muy controvertidos sobreestilos de vida. Sin embargo, se podría decir que la realidad esmucho más compleja. Hace unos años, apareció una especie demovimiento 'slow' en lo que a dispositivos electrónicos se refiere.Eran aquellas personas que rescataban sus viejos móviles del pasado,los que estaban bien lejos de ser inteligentes, porque preferíanprescindir de lo superfluo y quedarse con lo mínimo y básico.Además, querían frenar esa sensación de estar siempre conectados yponer un cierto freno al exceso de información.

Estos usuarios slow detelefonía móvil nunca pasaron de ser un grupo minoritario (quizásrenunciar a las apps de mensajería es algo que no todo el mundo seve capaz de hacer...), aunque fueron la avanzadilla de una tendenciaque está tomando fuerza en los últimos años y que está teniendoya un cierto impacto en cómo se consumen redes sociales. Losconsumidores empiezan a estar cada vez más saturados de informacióny comienzan a sentir que las redes sociales están demasiadopresentes.

Es la era del social mediadetox, el programa de desintoxicación de redes sociales. Comoapuntan en un análisisde Mintel, la cuestión se está convirtiendo en cada vez más comúny más recurrente y los consumidores de cada vez más y más nivelesse están lanzando a realizar este tipo de prácticas. Según susdatos, de hecho, las menciones de este tipo de comportamientos hansubido de forma abrumadora.

La tendencia mensual ha subido en un 71%frente al año pasado, tomando como término a seguir la mención enredes sociales tanto de social media detox como de social mediabreak. El impulso está muy ligado a las consumidoras: dos tercios detodos los usuarios que hablan de esto en redes sociales son mujeres.No es un dato tan sorprendente si se tiene en cuenta que en unestudio anterior Mintel determinó que es mucho más probable que loshombres digan que la tecnología les acerca a los demás y menosprobable que digan que se necesita desconectar de ella que lasmujeres.

Un crecientesentimiento negativo

Pero, volviendo al términoy al creciente impulso de la desintoxicación de redes sociales, elhecho de que el término y lo que implica sea cada vez más popularestá muy ligado a un crecimiento del sentimiento negativo ligado ala tecnología. A pesar de la importancia que los consumidores le dana la misma, también está empezando a aparecer de fondo unsentimiento de que se depende demasiado de ella y que se usademasiado.

Los jóvenes son ademásla voz más crítica con esta realidad. En el estudio de Mintelapuntan que los millennials son casi dos veces más proclives aseñalar que temen ser dependientes de la tecnología de lo que loson grupos de más edad. En este nicho es donde se es más críticocon el efecto que tiene en la conexiones (critican que se sienta quese está conectado con los demás cuando no es realmente así) o conel que puede tener en la salud mental (como por ejemplo generandoestrés y ansiedad).

A estos datos se pueden sumar los de losestudios que han aparecido a lo largo del año que han ido señalandocómo los adolescentes son cada vez más críticos con las redessociales y cómo han aumentado su interés por tomarse tambiénvacaciones o pausas en el consumo de estos contenidos.

Y todo esto afecta alas empresas

Todo esto no es ademássolo una curiosidad de psicología y de estilos de vida, sino que estambién una situación problemática para las empresas. Para ellas,las redes sociales se han convertido en una pieza fundamental de suestrategia de comunicación y marketing. En un mercado en el que hayque ser cada vez más próximo y cercano a los consumidores, lasredes sociales son lo que les permite estar ahí. A eso se suma quela propia presencia de los consumidores en las mismas hace que segeneren unos contenidos con más valor, ya que son los propiosconsumidores los que los están haciendo y lanzando.

Las empresas tienen queser capaces, por tanto, de estar ahí, pero sin sobresaturar a losinternautas. El exceso de información y el ser 'unos pesados' se haconvertido por tanto en algo mucho más peligroso ahora de lo que lopodía haber sido en el pasado. "Para las marcas, esto implicacomprender cómo los hábitos de consumo están modificando lapiscología del consumo y cómo esto impacta en su capacidad paradestacar entre el ruido de fondo", apuntan los analistas.

Y además las compañíastienen que tener en cuenta que todo esto está creando un nuevo climade opinión y una situación diferente. Como recuerdan los analistasde Mintel, ahora mismo están cambiando las percepciones que setienen de las redes sociales, de cómo deben funcionar y de cómodebemos interactuar con ellas.

Cada vez hay más interés encontrolar tanto el impacto que pueden tener en la salud mental comoen el acceso a la información (especialmente tras el boom de lasnoticias falsas y el escándalo de los spammers rusos), lo que haceque no haya más remedio que comprender cómo la lucha entre lavisión de las redes sociales como punto de encuentro y de esas comouna simple cámara de eco cambiará las cosas en el futuro inmediato.