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Una de las tendencias emergentes en lo que a marketing con influencers se refiere es la de ir a por el nicho. Las marcas y las empresas ya no buscan a audiencias de seguidores millonarias, sino que quieren a influencers que llegan a los mercados exactos con los que ellos necesitan conectar. Sus audiencias son reducidas, cierto, pero muy relevantes.

Los consumidores los siguen porque les interesan sus conocimientos y sus experiencias vinculadas a un elemento concreto y exacto. Frente a las celebridades de la red, cobran así protagonismo las cuentas que se centran en cuestiones concretas. Seguimos a perfiles sobre libros, sobre recomendaciones de ocio en nuestra ciudad o sobre elementos específicos.

Y en ese último nicho es donde entran los influencers Disney.

Retrato robot del influencer Disney

Como bien claro deja su nombre, los influencers Disney son perfiles centrados en el universo de Disney y, casi de forma más específica, en sus parques. Hace años, eran responsables de blogs especializados. Ahora tienen cuentas en redes sociales, especialmente en Instagram, en las que publican contenidos vinculados a la experiencia de visitar Disney. No están vinculados de ninguna manera con Disney como empresa, sino que son simplemente aficionados a su imagen de marca y a las experiencias que generan.

Como señalan en The Guardian, que acaba de dedicar un análisis a estas figuras, los más populares influencers Disney han logrado ya cruzar la frontera entre lo que les gusta y de lo que viven. Su interés por los parques y el universo Disney les permite vivir ya de ello o, cuando menos, contar con una nueva y alternativa fuente de ingresos.

Las rutinas de trabajo de estos influencers Disney son diversas, pero tienen un elemento en común. Lo que importa es visitar los parques y generar mucho contenido. Dos de las influencers con las que ha hablado The Guardian han compartido el modo en el que trabajan.

Una de ellas hace un viaje a un parque Disney una vez al mes, en el que hace un maratón de trabajo durante unos días, levantándose a las 6 de la mañana y generando contenidos que usará después en sus redes y en su blog hasta las 2 de la madrugada. Otra directamente se ha mudado a las cercanías de uno de los parques, pasando de vivir en el norte de EEUU a hacerlo en Florida para poder ir un par de veces a la semana al parque y generar así contenido.

En redes sociales existen ya cientos de perfiles de influencers Disney, que llegan ya a millones de personas con sus contenidos y que consiguen asentarse sólidamente en su nicho. Lo que hacen muestra también muy bien hacia dónde va el marketing con influencers y cómo están cambiando las redes sociales. Los consumidores quieren cada vez más elementos de nicho, más cosas que les interesen de forma especializada. Como recuerdan en el diario británico, entre 2017 y 2018, la cantidad de personas que se sumaron a grupos específicos en Facebook subió en un 40%.

Rentable para Disney

Estos influencers hacen caja gracias a que marcas y empresas de todo tipo los usan para llegar a sus potenciales consumidores en diferentes colaboraciones. Disney no les paga y no financia su trabajo, a pesar de que lo que hacen les sale muy rentable y les ayuda a asentar los valores de su marca y el atractivo de sus parques (especialmente en no pocas ocasiones en un mercado que intentan conquistar más y más con sus parques, el de los adultos sin hijos que viajan).

Eso no quiere decir que Disney no sea consciente del poder de los influencers y de los perfiles sociales. De hecho, Disney es uno de los ejemplos recurrentes de empresas que han sabido ver el potencial de lo social y que han sabido explotarlo de una manera orgánica. No les paga, pero sí ha potenciado el contar con una armada de influencers sociales que les hace el trabajo de distribución de mensajes.

Disney tiene, por ejemplo, vinculado a su parque de París un programa, como explican en The Guardian, orientado a los influencers. Es el InsidEARS, que les da información antes de que llegue a las demás fuentes y que intenta potenciar la presencia del parque entre sus públicos clave (el de los adultos con ingresos y sin hijos). Y en Estados Unido hace ya unos años que ha logrado crear un grupo de madres-blogueras (1.300, más o menos, con algún padre en el listado) que funcionan como una armada de evangelistas de la marca. Tampoco les pagan, aunque sí les dan ciertos incentivos.

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