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Aún no ha aparecido en las clásicas listas de "profesiones que los niños quieren tener de mayores" y de trabajos con los que sueñan (aunque en los últimos años ya se han colado en esos estudios youtubers y trabajos como community manager), pero posiblemente sea solo una cuestión de tiempo. Los influencers se han convertido en ubicuos y están por todas partes, incluso en espacios en los que no se espera tropezar con ellos.

Han llegado ya a las revistas del corazón más añejas y se han colado incluso en los anuncios de la televisión, donde ya venden productos a un público generalista que podría parecer alejado de su mercado nicho. Los influencers se han convertido en el pan nuestro de cada día y con ello han alimentado una suerte de momento cumbre de fama. Posiblemente, estemos en medio de una burbuja de interés y de éxito de los influencers.

Esta situación de éxito recurrente y de presencia habitual se puede ver ya en cómo los consumidores ven a los influencers y cómo se posicionan con respecto a ellos. Para los consumidores, el romance con los influencers se ha terminado en cierto modo. Ya no se creen todo lo que les dicen y ya no los ven del mismo modo. Esta pérdida de confianza es posiblemente una de las razones por las que los microinfluencers (con audiencias más reducidas pero con una cierta credibilidad todavía) se han convertido en uno de los elementos por los que cada vez apuestan más las marcas.

A eso hay que sumar que hay una cierta tendencia a hacer casi lo que sea para convertirse en el nuevo influencer de moda. Ahí está la búsqueda desesperada de los aprendices de youtuber de lo que les hará famosos (que hizo incluso que se tuviese que desviar un vuelo por culpa de uno que lanzó una broma de que podría estar afectado por el coronavirus) y los perfiles cada vez más habituales de autoproclamados influencers y de los que intentan hacerse con cosas gratis con una pseudofama social media (los infuencers gorrones).

Y, en general, los consumidores se ven ya como material para ser prescriptores de la red. Si se tiene un perfil en redes sociales, no es raro soñar con ganarse la vida con ello. En definitiva, todo el mundo parece querer ser influencer.

3 de cada 10 creen que ya lo son

Un estudio acaba de analizar esta situación. Según los datos de una investigación de Izea Insights, la mayoría de los consumidores que tienen perfiles en redes sociales quiere convertirse en influencer. Los datos parten de una encuesta sobre una muestra de consumidores estadounidenses, pero sus conclusiones demuestran claramente cómo el influencer se ha convertido en la última imagen social y cómo ha perdido en cierto modo esa idea de exclusividad, de novedad o de elemento único y distinto que hacía antes que fuese tan interesante para las empresas.

En general, el 67% de los encuestados, consumidores de a pie con perfiles en redes sociales, aspira a que en algún momento les paguen por publicar contenidos en redes sociales. Aspiran, en definitiva, a ser social media influencers de pago. Sueñan con que les paguen por hablar de sus productos y marcas favoritos.

Pero no solo eso: la cantidad de consumidores que ya creen que son influencers es sorprendentemente alta. Un 30% de los encuestados en el estudio asegura ya que se consideran a ellos mismos un social media influencer. En términos estadísticos, esto implicaría que 3 de cada 10 consumidores que usan redes sociales son influencers. No parece una cantidad muy realista.

Eso sí, volviendo a los consumidores que aspiran convertirse en influencers algún día, sus previsiones económicas no son especialmente elevadas. De media, sueñan con que les paguen unos 157 dólares por cada contenido patrocinado que suben a redes sociales (los influencers a los que las marcas están pagando ganan una media de 1.000 dólares por post, según los datos de ese mismo estudio).

El efecto de los influencers

El estudio también preguntó a los consumidores por cómo percibían a los influencers y a sus mensajes. Un 56% reconoce que ha comprado en el pasado algún producto que vio en un mensaje patrocinado en la cuenta de un influencer. Un 63% asegura que el contenido generado por los influencers le resulta más atractivo que los anuncios tradicionales.

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