Profesor de Marketing y Comercio Internacional
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Mañana por la noche (31 de octubre), gran parte de los que estáis leyendo esto, estaréis disfrazados con algún "terrorífico" (posiblemente de más risa que miedo) disfraz, terrorífico más por miedo (o risa) que por susto. Y es que mañana "celebraremos" Halloween". Pero aunque a algunos lo critican, otros se frotan las manos.

Cada año se escuchan muchas voces críticas en contra de esta fiesta importada, aunque si nos paramos a pensar no es más importada ni más extranjera que la celebración de San Valentín, el día de la madre o el día del padre. Por mucho que nos empeñemos y pensemos que es una adaptación a las costumbres locales, Cada país adapta algunas de estas celebraciones (realmente recientes) en función de lo que al comercio le interesa, por eso no coincide la fecha de la celebración del día de la madre en España, Reino Unido o Argentina? es una cuestión de adaptación al calendario en función de la estacionalidad de las ventas (para compensarla). Y claro, los comerciantes se dieron cuenta que el día de Todos los Santos o el día de los Difuntos, generaban pocos ingresos, así que nada mejor que adoptar una fiesta más lúdica y más festiva, al fin y al cabo, las ventas importan mucho a los vivos.

Y vaya si genera ventas la fiesta de Halloween: disfraces, maquillaje, caramelos, dulces, decoración, bares, hoteles, centros comerciales o parques de atracciones... todo en estos días es naranja y negro... y esto no tiene truco, solo tiene trato.

Sin llegar a hacer un análisis sociológico (que por otro lado no podría), para que esta fiesta se implante y consiga el éxito que tiene hoy día en nuestro país han tenido que concurrir una serie de factores:

La fiesta en sí misma es lúdica. Esto provoca en la mente de los consumidores una cierta predisposición al consumo, el estar de fiesta nos anima a todo, también al consumo.

La fecha es adecuada. Una vez repuestos de los gastos del verano y de la vuelta al cole, se hace perfecta una fiesta antes de la Navidad, pero lo suficientemente lejos de ella como para que no condicione ni limite el consumo.

La fiesta no tiene connotaciones religiosas ni políticas. Con lo cual el número de personas a las que se puede llegar es enorme, porque es una fiesta "para todos".

La fiesta no conoce de edad. Aunque en su origen estaba dirigida a adultos, los niños y jóvenes son los principales protagonistas de la fiesta? y claro, si hay niños de por medio, nos duele menos gastarnos el dinero: ¿quién le niega el disfraz al niño?

Los comerciantes aúnan esfuerzos. Todos los comercios decoran sus escaparates para la ocasión, los bares ofrecen menús "de miedo", los "todo a cien" venden disfraces, los supermercados venden chocolates y golosinas con formas de calabaza? incluso los colegios decoran especialmente sus clases para este día.

Desde el punto de vista de la empresa, aunque sin duda esta fiesta reactiva el consumo (al menos momentáneamente), lo que favorece al comercio; pero la mayoría de los productos son importados (de China, como no), algo que no favorece la producción nacional (PNB).

¿Y los consumidores? Pues los consumidores nos gastamos millones de euros solo en España en comprar: disfraces, regalos, velas, calabazas, maquillaje? y no nos duele la cartera (por 10 euros tengo el disfraz, dirán algunos) ni nos da miedo, porque más miedo da la crisis.

Esto es lo que tiene la globalización. Ya tenemos fiesta entre octubre y noviembre, una fiesta que antes no había y eso no podía ser, así que (a pesar de la crisis) a gastar, a consumir, disfrazados de drácula, zombi o calabaza, pero a consumir.

Profesor de Marketing y Comercio Internacional
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