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En los últimos años, los responsables de marketing y de publicidad se han tenido que empezar a enfrentar a un entorno cada vez más complicado. En cierto modo, y como ya apuntan algunas voces influyentes, quizás tengan que empezar a prepararse para sobrevivir en un mundo sin anuncios.

Pero, incluso aunque sigan existiendo los anuncios y los mensajes de marca que hoy conocemos, las marcas y las empresas tienen que moverse en un entorno en el que sus contenidos y mensajes son cada vez menos relevantes y en el que los consumidores son cada vez más críticos y menos receptivos. Si a eso se suma que el entorno conectado hace no solo que tengan más oportunidades de conectar con los consumidores sino también que estos estén cada vez más rodeados de ruido, se puede comprender que las cosas no están en la mejor posición posible.

Llamar la atención de los consumidores es cada vez más complicado y conectar con ellos se ha convertido en algo cada día más y más difícil. Las marcas tienen que replantearse su estrategia, asumiendo que posiblemente la que siempre han seguido ya no funciona.

¿Puede ser la solución a estos problemas optar por una estrategia de menos para hacer más? Es decir, ¿pueden las marcas y las empresas conectar con los consumidores desprendiéndose del ruido?

Los principios del calm design

Hay quienes están empezando ya a hablar del calm marketing, un marketing más "silencioso", como posible solución a los problemas de las compañías. La idea de lo calm no es exactamente nueva. El calm design o la calm technology han ido cogiendo fuerza en los últimos años y se han convertido en una especie de pieza clave de lo que puede ser el futuro.

Sus aplicaciones son varias. Es lo que hace, por ejemplo, que haya emergido las calm interfaces, interfaces en las que la experiencia de usuario no implica una especie de atención constante y en la que se apuesta por elementos con un punto más natural. Todo es más orgánico y en la que las cosas resultan menos agresivas en su captación de nuestra atención.

El calm design se aplica en muchas más áreas de la tecnología, haciendo que sea menos intrusiva haciendo que funcione, que nos sirva y que nos de servicio, pero casi sin que seamos conscientes de que está ahí haciendo todo eso por nosotros. Se queda en la periferia, aunque su impacto esté en el centro mismo de nuestro día a día. Y, además, se pone al ser humano por encima de todo.

La aplicación en marketing

Las mismas ideas se pueden aplicar al marketing y se pueden transplantar a ese escenario, como apunta el columnista de Warc que perfila el potencial del calm marketing.

La apreciación de los anuncios no ha parado de caer en los últimos tiempos, en parte porque cada vez estamos más expuestos a ellos, son más molestos e intrusivos y logran cada vez ser menos relevantes. "Quizás restringiendo lo que hacemos, siendo un poco más tranquilos, siendo más humanos podríamos llegar a un nuevo tipo de marketing", explica el columnista.

Los anuncios y los mensajes de las marcas se convertirían en un elemento en la periferia, que conectaría con los consumidores y daría la información necesaria y que buscan pero sin lastrar sus experiencias.

Sería, al fin y al cabo, la muerte de muchos elementos que los consumidores odian y que, por más que algunas compañías sigan usando, ya no funcionan, como los popups o los anuncios que interrumpen lo que se está haciendo. Serían anuncios y mensajes de marca que aportarían cierto valor añadido y mejorarían la experiencia.

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