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En Estados Unidos, la National Milk Producers Federation, la asociación que vela por los intereses de los productores de leche en el país, ha empezado a tomar posiciones. Hasta ahora, los productores de leche se habían mantenido al margen del boom de los productos alternativos a la leche y a que usasen la terminología vinculada, sin embargo ahora han empezado a posicionarse claramente.

La industria láctea estadounidense está viendo cómo sus ventas se desploman (lo que hace que los precios de la leche caigan y que los productores primarios - pequeñas granjas familiares - dejen de ser rentables) por culpa de, sobre todo, los cambios de hábitos de consumo de los ciudadanos.

La industria cree, además, que el uso de los términos lácteos por los fabricantes de alternativas veganas genera confusión. Estas nuevas marcas, compañías de nuevo cuño con cifras de crecimiento espectaculares, hablan de 'leche' y de 'mantequilla' para sus productos, aunque en realidad - o eso considera la industria láctea - no se trate de mantequilla o de leche, sino de otra cosa. En Estados Unidos, la industria ha empezado a hacer lobby para que las alternativas veganas no puedan autodenominarse usando el nombre del producto que intentan substituir.

La U.S. Food and Drug Administration ha ya anunciado hace unos meses que investigará el tema. En Wisconsin, uno de los estados principales productores de leche y derivados, ya han tomado la decisión. Como publica Bloomberg, los productos veganos - o las imitaciones de siempre, como la margarina - no podrán ser vendidas apelando a la mantequilla y etiquetándose como tal.

El boom de lo vegano

La historia podría parecer una simple noticia local de lo que ocurre en un estado de EEUU pero en realidad es un capítulo más de algo que va mucho más allá de ese país y de ese lugar. El mercado de la alimentación está sumido en una auténtica guerra por las palabras, en la que se están batallando posiciones por quién puede usar qué términos y cómo.

El boom de la comida vegana, motivado tanto por el crecimiento de la población que opta por ese estilo de vida como por la que asume que todo lo que tiene ese sello va a ser más saludable (aunque no tiene que serlo, como demuestran los análisis de calorías, grasas o sal de las hamburguesas veganas o no de las cadenas estadounidenses), ha hecho que hayan aumentado los consumidores interesados por todos esos productos. Además, a medida que estas opciones de alimentación se van haciendo más mainstream, también lo van siendo los productos que se ofrecen. El mercado está en un momento de auge y llega a más y más terrenos.

De hecho, las grandes cadenas de comida rápida están lanzándose a una batalla por llegar al mercado vegetariano (habría que analizar si sus propuestas también cumplen con los principios de la alimentación vegana, ligeramente más exigentes) con sus propias hamburguesas. Impossible Foods se ha convertido en productor de Burger King con un Impossible Whopper hecho con vegetales (pero que busca ser como su producto clave). El gigante lo ha probado en sus localizaciones de St. Louis, en EEUU, y ha visto como el tráfico a esos establecimientos crecía un 18,5% (según datos de una firma de análisis). En general, en el mismo mes, había perdido ligeramente tráfico en los demás espacios.

El interés del público por este tipo de productos es por tanto claro, pero lo que no está tan claro es el lenguaje. Los productores 'de siempre' se están enfrentando a los nuevos por el uso de las palabras. ¿Tienen derecho, se preguntan los primeros, los segundos a llamar a sus productos carne, leche o chorizo si en realidad no lo son en la que tradicionalmente se ha considerado su esencia?

La guerra de las palabras

En Francia, la Asamblea Nacional ya votaba hace un año en contra del uso de las palabras tradicionales para los nuevos productos. Los filetes de soja o el merguez vegano no podían venderse usando los nombres de la carne que sustituían porque, según votaron los diputados galos, con ello estaban engañando al consumidor. Solo los productos de origen animal, como el queso o los filetes, pueden emplear esos términos.

La norma francesa podría tener un eco general en toda la Unión Europa, porque el comité de Agricultura del Parlamento Europeo también ha votado a favor de impedir a los sustitutos vegetarianos el usar términos de la industria cárnica, como hamburguesa, filete o salchicha.

Las hamburguesas, por ejemplo, tendrán que ser llamadas otra cosa ("discos vegetarianos", es lo que propone la norma). La normativa, que aún tardará en entrar en vigor unos años, es similar al contexto (tras una sentencia judicial comunitaria) que ya impide ahora mismo que se usen los términos de la industria láctea para los productos hechos a base de plantas. Antes de 2017, se podía hablar de leche de soja. Tras ese año, palabras como leche o yogur estaban limitadas a ese tipo de productos. En Europa, de hecho, los ganaderos de Wisconsin ya no tendrían que pelear con las mantequillas veganas por el uso del término: en la UE solo la mantequilla de siempre puede usar ese nombre.

Los responsables políticos franceses primero y europeos después han señalado que la medida está vinculada a los derechos de los consumidores y que con ella quieren dejarles claro qué comen y qué beben y lo que es y no es. Los grupos ecologistas y la pujante industria de productos hechos con vegetales creen sin embargo que es una muestra de que la industria tradicional está ya preocupada por el crecimiento de su mercado.

Al fin y al cabo, las palabras no son solo palabras en este caso, sino embajadoras en el mercado.

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