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A la Lista Robinson le ha salido a cuenta el contexto legal de los últimos años. La entrada en vigor de las nuevas normativas de protección de datos ha tenido un efecto llamada que ha multiplicado el interés de los consumidores. En el último año y medio, las altas en el listado se han disparado. Ahora mismo, acumula ya más de un millón de registros. Y si en 2017 se cerró con unas casi 60.000 altas, en 2019 se espera hacerlo con más de 280.000 nuevas incorporaciones.

El listado es gestionado por la Asociación Española de la Economía Digital (Adigital) y funciona como un elemento gratuito para los consumidores. Es la llave para que, como explica el director general de la asociación, José Luis Zimmerman, a 20Minutos, los consumidores puedan "ejercer el derecho de oposición, recogido en la normativa de protección de datos". Una vez que se ha activado la presencia de un número en ese listado, las compañías ya no podrán utilizarlo en su estrategia de marketing telefónico. Las llamadas por tanto para vender productos o servicios se acaban para los consumidores listados.

Para las empresas, que están obligadas por la Ley Orgánica de Protección de Datos Personales a consultar el listado antes de hacer una campaña de marketing telefónico para descartar a los consumidores dados de alta, acceder a esos datos no resulta gratuito. Deben abonar una tarifa proporcional al tamaño de la compañía y al número de registros consultados (para las pequeñas empresas, hasta un cierto número de registros, la consulta es gratis).

Eso sí, algunas empresas se saltan la lista Robinson aplicando la letra pequeña de la normativa. Si en el pasado hemos consentido recibir comunicaciones de alguna compañía concreta, esta podrá seguir ofreciéndonos cosas y llamándonos. Aunque estemos en el listado, a ellos les hemos dado un consentimiento explícito.

Más que un número

Pero lo interesante de todo este crecimiento de los números de consumidores registrados en la Lista Robinson no está solo en que sean más que en el año pasado o en que las cifras parezcan estar en constante crecimiento, sino también lo que esto nos dice de los consumidores.

Por un lado, esta tendencia al crecimiento y el que cada año sean más los consumidores que inician este proceso deja claro que los ciudadanos son más conscientes de lo que lo eran en el pasado sobre privacidad y datos. Conocen mucho mejor cómo los datos son importantes para las empresas, pero también qué pueden hacer ellos mismos en este terreno.

Han comprendido que no tienen que quedarse a la espera de lo que las compañías quieran hacer, sino que pueden ser proactivos en este terreno. Es, además, algo que va con la tónica dominante de los últimos años, en la que los sucesivos fallos de privacidad en internet y los escándalos han aumentado la conciencia general de la población.

Y, por otro lado, este crecimiento de los consumidores inscritos también debería dejar claro algo a las empresas. Los consumidores están cada vez más saturados con respecto a la publicidad y, en especial, frente a aquella que resulta molesta e invasiva.

El marketing telefónico se ha convertido en una suerte de ejemplo recurrente de este tipo de mensajes publicitarios. Las llamadas llegan a horas intempestivas, lo hacen con una experiencia pobre (ahí está, por ejemplo, el formato de las llamadas gestionadas por un robot en las que el receptor se queda un rato largo insistiendo con el "diga, diga" hasta que lo pasan a un operador) y con información que resulta de poco valor para el consumidor.

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