PuroMarketing

  • OPINIÓN
Los tiempos que corren, y los que se esperan, no son nada halagüeños. Esto provoca un verdadero desánimo generalizado entre la población que se ira viendo incrementado. El marketing puede ser una buena herramienta para paliarlo... o para acentuarlo
TOP CONSULTANT Alta dirección, marketing, management e innovación. Nominado a mejor profesor de...

Decía un conocido comentarista deportivo que el futbol era un estado de ánimo, queriendo decir con esto, que según el estado de ánimo de los equipos de futbol así era su nivel competitivo. La verdad es que estoy absolutamente de acuerdo, pero no solo en el ámbito futbolístico o deportivo.

La sociedad pasa por estados cíclicos de ánimos, estos vaivenes suelen coincidir con aspectos como la bonanza económica, la ausencia de guerras, desastres naturales o epidemias, es decir según aparecen o no estos fenómenos, el estado de animo genérico de la sociedad es mejor o peor. Obviamente esto no es más que una forma de generalizar, puesto que el estado de animo que realmente importa en el marketing es el del cliente y ese es menos predecible. Lo cierto y verdad es que según el momento por el que pase el cliente y la sociedad en general, los niveles de ventas e impacto del marketing es mayor o menor, aunque también soy de la opinión de que el marketing, como siempre, se tiene que adaptar a esos estados de ánimos para ser más o menos eficiente.

En tiempos de pesimismo, por ejemplo como los que pasamos en la actualidad con esta maldita pandemia que no nos deja desplazarnos, que no nos deja abrazarnos, que no nos deja disfrutar de amigas y amigos, de familiares, que empeora los datos económicos y por tanto del dinero del que disponemos, que trabajamos desde casa, que limitan nuestras relaciones sociales y de ocio, o que nos afecta con familiares contagiados enfermos, todo ello y el ánimo que nos genera afecta a nuestra relación con las marcas, en como las percibimos, como las sentimos y no necesariamente la vemos con los mismo ojos que antes de esta crisis.

Comenté hace algunos post que las marcas deberían, en muchos casos, reposicionarse en cuanto a valores y comportamientos ante este nuevo escenario, que quizás la frivolidad ya no vendería tanto como antaño y que se necesitarían una mutación hacia marcas más solidarias y filantrópicas, y todo esto porque las marcas han de mostrar al mercado y al cliente que quieren formar parte de la solución a esta situación y que no quiere esquivarla o ignorarla y que quieren aportar un mayor optimismo ante lo que vivimos.

El marketing creo que puede tener diferentes formas de actuar ante esta situación de desánimo, de igual manera que tiene que saber moverse ante este. El pesimismo, la tristeza, la desgana, el negativismo puede tener diferentes reacciones en diferentes clientes, lo mismo puede provocar un aumento de compras impulsivas, que puede favorecer un decremento de compras de forma importante. Sabemos que tradicionalmente en épocas de ánimos subido, de positivismo, de buenas sensaciones, los niveles de compras se incrementan, se asumen más riesgo financiero, hay más confianza para embarcarse en nuevos gastos, por lo que el marketing tiene que saberlo analizar y adecuarse para comportarse en consecuencia, según el escenario social en el que se maneje.

En tiempos de desanimo el marketing se tiene que mostrar cercano al cliente, que este se vea acompañado por la marca, que perciba que se le hacen ofertas interesantes, con el objetivo de diferenciarse con las que se le hacía hace unos meses, el cliente tiene que visualizar que la marca esta del lado del cliente en su malestar e incluso mal humor, por lo que la utilización de mensajes impregnados de humor tienen un mayor efecto, mensajes de esperanzas y compromiso, mostrar que la marca es mucho más un catálogo de productos o servicios, que es un compromiso con el estado de animo del cliente, en todo esto habrá de adaptarse el marketing para que el desánimo no provoque un descenso de demanda drástico y mortal para muchas marcas y/o empresas, pero sobre todo para que el cliente mejore o se le ayude a gestionar su desgana o malos rollos. Con todo ello la finalidad no es solo crematística de vender más, sino de recuperar la alegría, esperanza y humor del cliente, pues si el marketing tiene que tener una finalidad social, no solo mercantil, idea que ya compartí hace algún tiempo.

Las marcas son capaces de generar actitudes, estados de ánimos y emociones varias, la cuestión en este momento es reorganizar el arsenal y mapa estratégico de esta, para atender a un cliente desanimado. No nos equivoquemos, el marketing es tan eficiente como el estado de ánimo que provoca, que transmite que comparte con el cliente, y a este solo se le impactará desde la verdad, compromiso e implicación de la marca, ni desde el postureo, la media verdad o la mentira se podrá lograr esta misión. El marketing eficiente también es un estado de animo

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