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Las teles estaban demasiado preocupadas por la piratería y no por la experiencia que sus espectadores querían
¿Ha tenido la industria de la televisión la culpa de que la atención de sus espectadores se haya ido a las segundas pantallas?

Si una serie o un programa me interesa especialmente y quiero concentrarme en su contenido, acabo o dejando el móvil en otra habitación o simplemente poniéndolo en silencio. Sé que si está cerca de mí y si puedo escuchar sus sonidos de alertas, acabaré leyendo los mensajes que recibo por Whatsapp, siguiendo los mails que entran una y otra vez o buscando en Google elementos relacionados con lo que estoy viendo. Acabaré enganchada a una segunda pantalla y mostraré una atención dividida.

En realidad, ese es el comportamiento habitual. Las segundas pantallas se han convertido en una parte más de nuestras prácticas de acceso a contenidos. Un estudio reciente apuntaba que para la mayoría de los adultos resulta ya imposible ver la tele sin tener una segunda pantalla. No somos capaces de despegarnos de nuestro móvil mientras vemos la tele, sean contenidos lineales sean contenidos a demanda.

Todo esto ha cambiado nuestros grados de atención, nuestra relación con las emisiones que tenemos delante y, por supuesto, cómo percibimos los mensajes de las marcas y cómo vemos los anuncios mientras estamos sentados delante de la pantalla de la tele. Nos hemos convertido en dependientes de la pantalla de apoyo, pero ¿quién ha tenido la culpa de ese comportamiento?

La tele no daba la experiencia buscada

En cierto modo, la culpa la ha tenido la televisión tradicional. No ha sido culpable por aquellos primeros momentos de las redes sociales y los móviles en los que nos servían hashtags para seguir el programa en Twitter e impulsaron el consumo social, sino por algo que conecta mucho más con otros problemas que tienen ahora mismo. La televisión ha visto como los usuarios sacaban la segunda pantalla porque no supo ver cómo estaban cambiando los hábitos de los espectadores y cómo estos estaban empezando a buscar otro tipo de experiencias.

Eso es lo que apunta una investigación realizada por especialistas de la Universidad Shih Hsin, en Taiwán, y que se ha publicado en el International Journal of Mobile Communications. Las televisiones estaban muy preocupadas por cuestiones como piratería y obsesionadas con controlar cómo se distribuían los contenidos y cómo se accedía a ellos.

Por ello, y a pesar de aquellas pioneras que lanzaban hashtags temáticos, lo habitual es que las televisiones limitasen sus contenidos y las interacciones a sus canales oficiales. Había lo que se programaba en la televisión y, como añadido, lo que podía encontrar en la web del programa.

Para información complementaria o para hacer otras cosas

Esto ocurría mientras internet y los comportamientos sociales estaban explotando, por lo que, como apuntan los investigadores, la televisión no estaba logrando gratificar suficientemente a los consumidores. Los espectadores querían más y, en esa búsqueda, acababan echando mano de terceros que ofrecían alternativas paralelas. Llevaron el móvil a la sala y lo sentaron con ellos frente a la tele porque esta no estaba dando la experiencia completa que buscaban. La segunda pantalla sí lo hacía.

Y desde entonces los hábitos han cambiado. El visionado con dos pantallas se ha convertido en el habitual y usar una segunda pantalla para acceder a contenidos relacionados se ha asentado como la práctica dominante.

Lo cierto es que la segunda pantalla ya no solo completa a la primera: la evolución ha llevado a que se use también para hacer cualquier otra cosa, sin que tenga que ver con el show que se está viendo.