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Durante las últimas semanas la publicidad televisiva ha saltado a la palestra tras la propuesta del gobierno de eliminar de forma total la publicidad de las cadenas de televisión públicas.

Sumado a ello, las nuevas normativas vigentes para las cadenas privadas establecen normas que especifican y limitan el tiempo máximo permitido de anuncios publicitarios por hora de programación emitida.

Lo cierto es que la supresión de la publicidad en televisiones públicas podría provocar algunos efectos colaterales tal como se refleja en el informe del GrupoM, en el cual se pone en duda las cifras del propio Ejecutivo sobre el impacto beneficioso que tendrá esta medida para las televisiones privadas. 

De forma conjunta, la supresión de publicidad de las televisiones públicas y la limitación de anuncios por hora de programación conllevará a que de forma evidente las cadenas privadas se encuentren ante una posible "sobredemanda" que será prácticamente imposible de procesar, lo que podría conllevar sin duda en muchos casos al incumplimiento de la normativa europea por parte de algunas cadenas privadas.

En relación a ello, cada día es habitual como espectadores ser testigos de cortes o pausas publicitarias superiores a los 4 o 5 minutos. Algo que sin duda también provoca otra serie efectos que están relacionados tanto con la calidad como la efectividad de los anuncios publicitarios. Lo cierto es que las largas pausas publicitarias perjudican de forma clara la efectividad de los propios spot y anuncios publicitarios reduciendo drasticamente el nivel de recuerdo.

Otro aspecto a tener en cuenta es la poca paciencia del espectador que ante estos largos periodos publicitarios recupera la "inercia del zapping" para terminar cambiando de cadena o incluso en muchos casos olvidar el programa que se estaba viendo. Algo que para los tiempos que corren y la importancia que tienen las audiencias debería tomarse mucho más en cuenta.

Al igual que ocurre con la tercera Ley de Newtom en estos casos también se producen reacciones a consecuencias de una acción y sobre todo en aquellas relacionadas de forma directa con los instintos emocionales de los espectadores, que terminan generando repulsa y rechazo hacia la publicidad televisiva cuando esta se sirve en grandes dosis y de forma abusiva.

Todo ello hace deducir que la publicidad televisiva a pesar de gozar de un buen estado de salud, en la gran mayoría de los casos carece realmente de efectividad y solo parece conseguir su objetivo cuando se recurre a lo absurdo y a lo inusual para llamar la atención.

Estas y otras son algunas de las razones evidentes por las cuales otros formatos y soportes publicitarios como la publicidad online están proliferando en la actualidad, pero la cuestión es clara y sencilla ¿Son efectivas las largas pausas publicitarias?.

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