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En los últimos años, la situación de la prensa diaria tradicional en España ha ido convirtiéndose en cada vez más complicada. De hecho, es probable que la palabra para definir lo que ocurre de la forma más eficiente posible sea debacle. Los medios de papel han ido perdiendo lectores, distribución y reputación.

La crisis de los medios de papel tiene muchas caras. De entrada, y aunque se acusa a internet de ser la culpable de todos sus males, habría que señalar que el contexto general de la crisis de estos medios se remonta ya a los 80, cuando los efectos de los demás medios de comunicación de masas se empezaron a hacer notar de forma tangible en la prensa tradicional. Internet simplemente fue como un golpe de gracia.

La red ha ampliado la oferta, ha hecho que los lectores tengan la información cada vez más rápido (lo que hace que los modelos de los periódicos, que siguen contando lo que ha pasado como hacían hace cuatro décadas, se haya quedado obsoleto) y también ha acostumbrado al público a modelos alternativos de acceso a los contenidos. Y, dado que los periódicos ni han cambiado lo que escriben ni han puesto en valor su trabajo, están pidiendo muchas veces a sus consumidores que paguen por la información que ya han leído muchas horas atrás en la red.

Si a eso se suma que los periódicos han tomado decisiones nefastas (como despidos masivos o apostar por un creciente amarillismo) que han hecho que sus contenidos sean más escasos, más breves y de menor calidad, cuando no simplemente la impresión en papel del teletipo de una agencia de noticias que aparece también en otros muchos medios, se puede comprender por qué han perdido relevancia e interés para los lectores. La factura generacional han complicado aún más las cosas.

Quizás, además, el golpe de gracia ha sido su dependencia cada vez mayor de los grandes anunciantes (y el escándalo del BBVA ha sido uno de los últimos hachazos en este terreno) y su conversión cada vez más en prensa de partido, como si fueran periódicos de la Restauración y no del siglo XXI.

En este contexto, los medios de siempre han intentado oponerse a la red, sacarle partido como fuese (véase el caso del canon AEDE) o simplemente intentar usar sus versiones digitales para cubrir lo que estaban perdiendo. De hecho, cada vez más se podría decir que la prensa tradicional es más dependiente de lo que ocurre con su versión online.

Los ingresos, muy dependientes de lo que ocurre online

Según los datos del último estudio de la Asociación de Medios de Información (AMI), que publica El Español, los medios tradicionales han cerrado un año mejor que el anterior. Los datos de 2018 en publicidad de la prensa tradicional han sido ligeramente superiores a los del año precedente, subiendo en un 1,4% y cerrando con unos ingresos de 673,8 millones de euros.

Estos datos siguen estando lejos de los ingresos que conseguían una década atrás (algunos estudios apuntaban que la prensa de papel ha perdido la mitad de sus ingresos en una década), pero suponen una mejoría. Eso sí, la clave para este cambio en el estado de las cosas ha estado no tanto en lo que ha ocurrido con el papel sino en lo que ha pasado con internet. El ingresos de la publicidad online de estos medios han subido (en un 18,3%). Eso ha compensado la caída del papel (que lo ha hecho en un 6%).

Aunque el grueso de los ingresos generales de estas cabeceras siguen llegando del papel (un 65% del total), es el crecimiento de la publicidad online lo que les ha permitido crecer en general este año y lo que asegura sus posiciones a futuro.

En algunos casos, los ingresos de la edición digital superan (ocurre con Marca o con As, por ejemplo) o se acercan ya mucho a igualar (pasa con El País o con El Mundo) lo que ocurre con la de papel.

Eso sí, estos datos se limitan a los ingresos publicitarios. Cuando se abre la mano para incluir más cosas en el análisis, las perspectivas no son tan buenas. Los ingresos generales cayeron en un 4%, algo que se comprende teniendo en cuenta que, un año más, la prensa diaria de papel ha vendido menos ejemplares.

El riesgo de canibalizar la red

Esta situación puede convertirse en muy peligrosa, especialmente para sus propias versiones online. Mientras los medios se centran en aprovechar lo que da internet para mantener sus versiones en papel (pero sin hacer un ejercicio de solucionar los problemas que estas tienen), las cosas simplemente se enquistan. El papel sigue teniendo sus problemas, sigue siendo mantenido de un modo artificial y la versión online se resiente por una pérdida de recursos que podrían ser suyos.

Al fin y al cabo, sus beneficios y sus ingresos no se están reinvirtiendo en ella o no se están asociando a ella, sino que se emplean para continuar con el statu quo.