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Para obtener una ventaja comercial, los comerciantes de Wall Street están utilizando programas informáticos inteligentes, para vigilar y decodificar las palabras, opiniones y delirios de todo lo que se publica en los sitios sociales como ser Twitter.

Las reacciones y emociones humanas siempre han movido los mercados, por lo que medir el estado de ánimo de las masas en línea, puede ser tan valioso como el seguimiento de precios o las tasas de interés. La nueva tendencia de Wall Street para descifrar si la población y la inversión pública se encuentran en un estado positivo o negativo, es analizar millones de tweets en tiempo real, y todo el contenido que existe en redes sociales.

La vigilancia en línea de las redes sociales se está convirtiendo en una herramienta indispensable para todos, líderes de empresas, bancos, comerciantes, etc. El objetivo: reunir información sobre el mercado que proviene de fuentes sin explotar.

Esta herramienta emergente funciona de forma sencilla. Si compartimos en Twitter, Facebook u otros canales sociales nuestro estado de ánimo, Wall Street lo sabrá al tener programas capaces de obtener esa información, decodificarla y transformarla en datos útiles para ellos, sacando provecho de la información de una forma única.

El valor de la conversación, la vinculación de tweets y las acciones en conjunto en todos los medios de comunicación social, se han hecho más fuertes desde el otoño pasado cuando un estudio académico de la Universidad de Indiana encontró una correlación entre el estado de ánimo colectivo de millones de personas identificadas por los tweets y la dirección del índice Dow Jones de las industrias.

“Estamos en la etapa inicial de una fiebre de oro”, expresa Johan Bollen, profesor de informática en esa Universidad y coautor del estudio que vincula la medida del estado de ánimo en Twitter con el desempeño del mercado de valores. “Si nos contaban hace 10 años que esta información estaría disponible, habríamos dicho que era ciencia ficción. Sabemos que las emociones juegan un papel importante en los mercados”, y agregó que “el análisis de millones de tweets es similar a un termómetro emocional a gran escala para la sociedad en su conjunto”.

Este tipo de vigilancia digital es, según la revista Popular Mechanics, uno de los “20 conceptos de tecnología que necesitamos saber para el 2011”. Allí se señala que “hay una gran cantidad de ruido en el rico mundo digital de los datos, lo que hace que sea más difícil descubrir la información pertinente. Pero subraya que una nueva generación de software está cambiando el enfoque de esos datos a otro llamado “eventos”, que sería igual a decir qué es lo que está sucediendo ahora mismo”.

La medición del sentimiento de los inversores es utilizado por los financieros como una herramienta para adivinar la dirección que se tomará en el futuro, pero ahora, con la subida de las conversaciones y del tráfico en sitios como Twitter, Facebook o YouTube, se ha creado un nuevo almacén de datos, ahora masivos, donde todos procuran a través de máquinas, decodificar la información y aprovechar las ventajas que eso les ofrece.

Adam Honoré, director de investigación de Aite Group, explica que estos datos suelen ser los no estructurados, los que no se suelen interpretar, los cualitativos, y poder conocerlos implica conocer el ánimo de las personas para realizar una inversión, una compra, o cualquiera otra acción. “Estamos hablando de una ventaja competitiva”, señala.

Ahora bien ¿qué precisión puede tener? Bollen Paper realizó un estudio con más de 9,6 millones de tweets, preguntándose si el estado de ánimo del público podía predecir el precio de las acciones y para ello utilizó dos herramientas de medición: una que medía si los tweets del día eran positivos o negativos, y otra que medía los estados de ánimo de las personas que lanzaron el tweet, clasificándolos en seis términos: calma, alerta, seguro, amable, vital y feliz.

La sorpresa fue la tasa que obtuvo como conclusión, pues tuvo un 87% de exactitud al momento de predecir los precios de las acciones (para tres o cuatro días después de presentarse el estado de ánimo de las personas).

¿Cómo puede influir? “Si 100 millones de personas se están poniendo nerviosas, podrían afectar el mercado”, sentención Bollen.

Los datos que mueve el programa de vigilancia detecta el cambio de tono de los mensajes e acuerdo a una determinada población. También detecta rumores y filtraciones de información negativa, además de cuantificar hasta 400 sentimientos diferentes, como el optimismo, la ira, los tonos, la incertidumbre o la confianza.

Uno de los tantos ejemplos que encontramos ocurrió en la primavera de 2009 realizada por el fondo de Peterson para saber si podría ser rentable una inversión en AMR, la matriz de American Airlines. Tras leer correctamente el sentimiento de la población en medio de los temores por la gripe porcina con el software MarketPsych, el fondo compró AMR a 4,81 dólares la acción, y una semana después las vendieron en 5,95 dólares, cuando el temor descendió. “Fue una estrategia viable para nosotros”, expresa Peterson.

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