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Es evidente que el marketing de contenido se ha convertido en una prioridad para muchas empresa y marcas. En internet, todo gira en torno a la información, y hasta los propios medios generan contenidos para retener el flujo de tráfico de sus audiencias. Sin embargo, ante la creciente tendencia por generar y compartir información, la calidad, su contexto y la frecuencia de publicación cobran más sentido y relevancia que nunca.

Las redes sociales han ayudado a que la información pueda propagarse de una forma mucho más viral, ayudando a que cualquier tipo de información pueda alcanzar una mayor penetración e impacto, y por consiguiente aumentar así su share social y las audiencias de los distintos medios y editores. La información sigue generándose a un ritmo frenético donde "el ruido" también es una constante.

Blogs personales, profesionales, medios digitales e incluso las propias marcas ahora son auténticos productores de contenidos e información. Nos encontramos ante una nueva era dorada de la información y el marketing de contenidos que vive su máximo nivel de esplendor en el medio internet. Pero llegados a este punto podemos preguntarnos ¿Todo vale?

A la hora de comunicar o elaborar contenidos tanto los propios medios como las marcas y empresas, deben tener en cuenta algunas premisas esenciales. La calidad del contenido y la relevancia de su contexto deben ser una prioridad para que realmente dicha información aporte un valor añadido. Sin embargo, la ansiedad por mantener las audiencias o llamar la atención del público objetivo, también está despertando malos hábitos y tendencias.

No es de extrañar que ahora nos preguntemos si realmente los usuarios leen todos los artículos y contenidos que se comparten. Y esto nos hace llegar a la conclusión de que muchos editores se han rendido al sensacionalismo del titular para captar la atención sin apenas nada que decir o que aportar. Poco decir queda, si nuestra estrategia de marketing de contenidos está basada en tales principios. Jamás funcionará, o bien tarde o temprano hará que la percepción sobre lo que podemos decir o llegar a comunicar termine siendo irrelevante o no tenga sentido. Nunca conseguiremos ser una fuente de referencia. ¡Chau chau reputación!

Pero eso no es todo. El volumen de información y la frecuencia con la que compartimos la misma, también pueden dar por traste nuestra estrategia de contenidos. Ya lo dice el refranero popular; "Lo bueno, si breve, dos veces bueno", y como en la mesa, con las comidas, siempre es recomendable tomar un pequeño descanso entre plato y plato para digerir lo que tomamos. No empalaguemos a las audiencias ni a nuestro público objetivo. Es mejor ofrecer grandes platos que puedan resultar sugerentes, irresistibles y puedan terminar siendo una gran experiencia. Es como podríamos definir la producción de contenidos realmente valiosos.

Para muchas empresas y medios resulta vital dejarse llevar por aquello de las audiencias, del tráfico y las visitas, pero con la falsa creencia de que a mayor volumen de información, mayor es el retorno de tráfico generado. Sin embargo, los shares sociales llegaron para desmitificar esta leyenda urbana, y en muchos casos poner en evidencia las malas estrategias y prácticas. Los shares sociales pueden llegar a delatar incluso a grandes cabeceras y medios, pero más allá de ello, servir como referencia para darnos cuenta de sí ese trabajo y esfuerzo mereció la pena. El share social se ha convertido en el mayor delator y a su vez juez del contenido de calidad.

Alcanzar altos shares sociales puede resultar una proeza para cualquier medio o editor. Pero este indicador también puede servinos para desvelarnos que lo que estamos haciendo es lo correcto, que mereció la pena, que nuestra información es relevante, despierta interés y es compartida.  Sin caemos en el error de jugar a la saturación de la información y su frecuencia sin respiro, comprobaremos rápidamente como estos shares tienden a caer en picado. La información pasa sin pena ni gloria por que las audiencias no son capaces de digerirla.  Es el error de los medios y cabeceras que juegan al relleno y que venden aquello de "mucha más información" pero que luego resulta que tan solo queda como archivo para las hemerotecas. ¡Y encima muchos nos quieren cobrar por ella!

Es hora de comprender que para el éxito en la estrategia de contenidos, hace falta mucho más que un tema interesante y una buena pluma. Hay que apostar por la calidad, la relevancia del contexto y saber gestionar la frecuencia con la que generamos y compartimos dicha información para que pueda alcanzar el impacto deseado sin pasar por alto ni quedar en el olvido. No nos pongamos en evidencia ante el "share de la vergüenza".